Desde la más remota historia del cristianismo venimos escuchando esta acusación que se ha convertido en un tópico, en un latiguillo que ya suena a rancio. A Jesucristo se lo quitaron de en medio porque no pensaba como el poder constituido. A los primeros cristianos los echaban a las fieras como chivos expiatorios de una sociedad corrompida. Se divertían con ello. Llegaron a acusarlos hasta del incendio de Roma, y que sacrificaban niños a su Dios. Y la historia de los mártires duró varios siglos.

   En épocas posteriores, como la alta Edad Media, el poder civil corrompido afectó seriamente a la Iglesia, y esta cargó con el mochuelo de las intrigas y escarceos políticos. En la  Edad Media hay un florecimiento de santos, fundaciones, artistas, escritores que habrían de extender su influencia  hasta nuestros días. La Iglesia creó las Universidades, las grandes bibliotecas, la difusión masiva de la cultura con los monjes copistas. La música con el gregoriano… Pero solo ha quedado, y eso es lo que se enseña y se repite machaconamente, la leyenda negra de la Inquisición y algunas cosas propias de la flaqueza humana. Sí, hubo Inquisición, pero mucho más en el campo protestante de Centroeuropa.  Y no se juzga la histórica con mentalidad histórica, y se presentan los lamentables abusos como si se trataran de antes de ayer. La Iglesia ha pedido repetidas veces perdón de lo que pudo hacer mal en circunstancias duras y lamentables desde todos los ámbitos del poder. Pero a ella, que se pasa la vida perdonando, los de siempre no le tienen ni un ápice de misericordia.

   La Iglesia está formada por seres humanos, de condición pecadora, que pueden fallar en cualquier momento, porque el demonio pone bien la zancadilla. Pero es injusto, y pueril, convertirla en el “pin, pan, pun” de cualquier  desaprensivo y malicioso que tiene la oportunidad de contar con un micro y una cámara, en el cine o en el teatro cualquier burrada blasfema.

   La Iglesia se ha convertido en el enemigo número uno a abatir por parte de la facción progre de algunas tendencias políticas. El forraje que les echan a la chusma indocumentada es el odio a Dios y a lo eclesiástico. Es posible que después salgan con una vela tras el Cristo de cualquier procesión de Semana Santa. Pero tras el Cristo iban también los que chillaban: ¡Crucifícale!

   Lo que me ha llamado la atención es que algunos políticos que solicitaban el apoyo de la gente llamada “de orden”  ahora se nos revelen progues de conveniencia, y pretendan  alejarse de lo cristiano, por puro complejo. Para más de uno parece que los cristianos tenemos la “peste”, la “lepra” que hay que estigmatizar, y colgarle a todos una campanilla avisando que estamos ahí. Y en el mismo Madrid se está representando toda una blasfemia por Alaska y compañía, que nada tiene de arte y sí de mala uva. ¿Por qué no representan algún retazo de la vida de la Madre Teresa de Calcuta, o una historia de algún comedor de Cáritas en donde se contemplan los verdaderos dramas? Ahí está la Iglesia.  Pero eso no vende, o no es políticamente correcto.

   Me alegra que el PP manifieste que no es un partido confesional, así no se presta a confusión nada de lo que pueda hacer. La Iglesia no tiene ningún partido político. Defiende la verdad allí donde se encuentre. Pero el humanismo cristiano no es, ni muchos menos, recitar el Credo en las asambleas o congresos. El humanismo cristiano es defender los valores humanos permanentes, los que exige la dignidad de la persona humana de siempre. Y tampoco nos vale decir que lo que le importa a los ciudadanos es la economía y no los valores. Hay que recordar que cristianos de todas las épocas, incluida la presente, están dando la vida, están muriendo, no por la economía, sino por los valores que defiende. Y no olvidemos que en la raíz de la crisis económica hay una fuerte crisis de valores. Decía Cicerón: No sentir la avidez de riquezas es una gran riqueza: no tener la manía de gastar es una gran renta. Pero esto solo se comprende si hay una educación en los valores. Seguramente una buena educación para la ciudadanía pueda contribuir seriamente a poner las bases futuras de una economía más saneada.

   No distraigamos al personal azuzando a la Iglesia porque defiende lo contrario de lo que yo estoy dispuesto a hacer. El pansexualismo es la carnaza que desboca a las fieras. Y ahí está el quid de la cuestión.

Juan García Inza

Juan.garciainza@gmail.com