La cuestión que estoy tratando, la veo muy importante; tan es así, que es posible que no la trate como se merece. Es que es muy serio lo que está sucediendo, por las consecuencias que puede tener en cuanto a división, incluso entre pastores.

Es cierto que no es siempre fácil distinguir debidamente entre política y religión, sobre todo, cuando nos encontramos en una sociedad que ha sido cristiana durante toda su historia, y como estos dos ámbitos no han estado siempre bien definidos en cuanto a colaboración y separación, corremos el peligro de entrar en un campo que no es el nuestro, o dejarnos llevar por actitudes que no son las propias.

Empiezo mi reflexión diciendo con toda claridad que los obispos podemos entrar en cualquier campo, pero como obispos, y siempre bajo el punto de vista religioso y moral; mientras no me salga de mi ámbito religioso y moral, nadie me puede decir que me calle, que no es de mi competencia; otra cosa es que actúe correctamente o incorrectamente.

Y aquí es donde quiero hacer a algún hermano obispo de Cataluña una reflexión fraterna. En otro artículo ya manifesté mi no conformidad con unas declaraciones de uno de ellos, por cierto, amigo, que decía que hay que hacer la voluntad del pueblo catalán.

En este artículo voy a proponer dos silogismos; el primero, como un ciudadano más; el segundo, como obispo.

Todos sabemos que en Cataluña hay como una tendencia, bien sea a tener un estatuto especial, más o menos parecido a la independencia, o intentándola. Ante esta realidad, planteo como un ciudadano más, el

Primer SILOGISMO:

La Mayor: Todas las autonomías deben tener los mismos derechos

La Menor: Cataluña tiene derecho a independizarse cuando lo quiere el pueblo

La Conclusión: Por tanto, las demás autonomías, también.

Concretando; si se concediese la independencia catalana, habría que conceder la independencia a las otras comunidades que la pidiesen. Tendrían el mismo derecho.

Ya como obispo, planteo el

Segundo SILOGISMO

La Mayor: En Cataluña muchos asistentes a las celebraciones litúrgicas no pueden entender las lecturas ni la homilía porque la lengua que usan es el catalán.

La Menor: Jesús dijo a sus discípulos: « Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación" (Mc. 16, 15).

La Conclusión: Por tanto, cuando se predica en una lengua, conscientes de que no todos la entienden, pudiendo hablar en una que todos entienden, no se está cumpliendo con lo mandado por Jesús: Proclamad la Buena Nueva a “toda” la creación.

Y es que, de verdad, no lo entiendo. Está bien que haya misas en catalán o en castellano y que cada uno asista a la que quiera. Pero entendiendo y hablando todos el castellano, ¿por qué privar a los castellano hablantes de entender las lecturas y las homilías? No me parece sensato ni, menos, pastoral. Creo que ni un obispo ni un sacerdote en la liturgia, deben anteponer nunca la cultura y la lengua a lo pastoral. No es lo nuestro. Lo nuestro es proclamar el Evangelio. Como ciudadanos podremos vincularnos más o menos a nuestra cultura, pero como ministros del Señor… ¡por favor!

José Gea