Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y hallareis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera. (Mt 11, 28-30)

¿Aprendemos de Cristo o andamos maltratando a quien no se ajusta a nuestros gustos, estéticas y voluntades personales? Si en nosotros hay dolor, resentimiento, tal vez sea causa de nuestra falta de docilidad a la Voluntad de Dios. Queremos construir nuestro reino humano y vemos que no conseguimos levantar piedra sobre piedra. Nos olvidamos que:

"Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles" (Salmo 127, 1)

¿En qué ponemos nuestras esperanzas? En Cristo, en la tecnología, en la política, en el enfrentamiento o en el fin de los tiempos? Cristo entonces nos pregunta si nosotros también queremos irnos, ya que rechazamos sus Palabras:

¿Acaso queréis vosotros iros también? Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios. (Jn 6, 67-69)

Si nos damos un paseo por las redes sociales católicas, nos daremos cuenta cuánto odio y maltrato nos damos unos a otros. Cuántos calificativos y etiquetas nos lanzamos para rechazarnos unos a otros. ¿Es este el ejemplo que admiraba a los paganos en los primeros tiempos? Entonces, tal como indica Tertuliano, se admiraban diciendo "ved como se aman". ¿Qué dice ahora el mundo al ver cómo nos destrozamos unos a otros? También es terrible el desafecto que se convierte en silencio e ignorancia. Preguntas a un hermano si te puede ayudar y simplemente ignora tu requerimiento sin decir una sola palabra. No existes para él, aunque compartamos el mismo bautismo. La hermandad queda supeditada a la estética y pertenencia al partido eclesial. Me temo que hemos perdido totalmente el norte. Después nos preguntamos las razones por las que  las estructuras eclesiales se derrumban. Cuando la caridad con el hermano deja de tener sentido, hemos perdido a Dios mismo, que es Amor.

Son tiempos duros para mantener la fe. Fe que sólo se mantiene viva siendo manso y humilde. Dócil a la Voluntad de Dios. Sólo Cristo tiene Palabras de vida eterna.