No encuentro más motivo para ello que el haber dedicado bastantes o muchas horas en estos casi dos años desde la Beatificación de Manuel Lozano Garrido, el periodista LOLO, a catalogar, revisar índices, compulsar recortes originales archivados por el propio Lolo en su vida, y leer y releer todo lo que él escribió y publicó en la  prensa. Y tratarlo todo ello informáticamente.
 
Han sido hasta 308 artículos distintos, en también distintos periódicos. Un estudio “analítico” de su pensamiento (me atrevería a decir, de su magisterio), creo que merece otro trabajo distinto a esta sencilla reproducción y divulgación, más o menos ordenada o desordenada  -según se considere-. Me explico: 308 artículos que fueron publicados en vida de Lolo; de ellos, dos solamente se conservan publicados por Lolo “aún en salud” (1940); los otros 306 ya salen desde “el sillón de ruedas”. En julio de 1971 publica en ‘Pueblos del 3º mundo’ el último de sus artículos, con un marcado y profundísimo acento misionero, como hace en otros muchos a lo largo de su vida.
 
Amén de estos 308 artículos están los 118 números de la revista “Sinaí”, mucho más monográficos. A ello me refiero más abajo.
 
Los ahora catalogados y tratados tienen una difusión local, provincial o nacional; periódicos diarios o semanarios, o revistas mensuales; de temas profanos o de temas abundantemente religiosos. A ello me refería al decir ‘una reproducción o difusión más o menos ordenada o desordenada’. Podría seguirse un orden cronológico, o según medios en los que publica, o por temas;  entonces tendremos ‘un orden o un desorden’. Mi deseo sería sobre todo presentar a LOLO PERIODISTA: La vocación está bien clara desde los 15 años; pero sólo a los 24, dos después del comienzo de la enfermedad, sentí la enorme comezón de la pluma…; así escribe en Las estrellas se ven de noche.
 
Mi propósito, en esta tarea que empiezo, es ofrecer esos artículos de la “pluma de Lolo”; hacer algún comentario breve que sitúe el artículo en su contexto o hechos de su propia vida. Pero siempre con la intención de ver que  Lolo, en su trabajo periodístico, se propuso un servicio a lo que él dio cuerpo en su DECÁLOGO DEL PERIODISTA. (Hoy se reproduce aquí).
 
Hace unos días, el 3 noviembre 2011, coincidiendo con el 40º aniversario de la muerte de Lolo, hice ya un ‘a modo de presentación’ en Religión en Libertad (Opinión). No voy a repetir lo que allí dije.
 
Pero he de subrayar otra cosa. Lolo era periodista cristiano. Con muchos años de anticipo, proféticamente, él sentía lo que Juan Pablo II dijo muchos años después; y que ha venido en llamarse “los nuevos areópagos”. De ellos habla Juan Pablo II en 1990 en la encíclica ‘Redemptoris misio’ (nº37); allí afirma: quizá se ha descuidado un poco este areópago. Hasta 1988 no había creado Juan Pablo II el Pontificio Consejo para los MMCCSS, con ese rango de Pontificio Consejo, aunque ya en tiempo de Pio XII, y sobre todo de Juan XXIII y Pablo VI -en 1964-, se pusieron algunos cimientos del mismo. El Beato Lolo, Manuel Lozano, en 1968, recibió la aprobación canónica de su obra apostólica “SINAÍ”. Él intuyó la fuerza de la oración de los monasterios y del dolor de los enfermos ofrecido con los ‘brazos alzados’, como Moisés (Ex 17, 11) por los periodistas y la prensa: Un periódico  es así, lo mejor para tirar del ovillo de la oración, porque los sucesos, incluso, son ya como cuentas de un rosario que se enreda y tira de las manos para el diálogo con el Padre. (M. Lozano Garrido, en Mesa redonda con Dios).
 
Lolo fundó la Obra “SINAÍ” para  acercarse  -y de qué modo- a enfermos a quienes hizo sus amigos a través de una pequeña revista llamada también “Sinaí”: el tema más recurrente en sus escritos en esa publicación es el valor redentor del dolor, ofrecido en concreto por la prensa como cauce de evangelización.
 
Él veía su vocación de periodista; pero a la vez descubría a los periodistas como ‘nuevos Pablos de Tarso’ (le gustaba a Lolo usar ese  pseudónimo para firmar) en los nuevos areópagos. Su periodismo es cristiano porque habla de Dios; pero también porque habla de las minas o de la escolarización, o del guarda forestal, según los criterios del Evangelio.
 
Martín Descalzo caló en profundidad esta intención de Lolo:
 
El periodista iba un poco cansado. Eran las tres de la mañana y llevaba muchas horas de pie junto a la platina. Y, de pronto, se dio cuenta de que no era él solo el único que velaba. Que también muchos enfermos sabían lo que era eso de no dormir cuando todos están durmiendo. Entonces ¿quizá alguien, mientras el periodista trabajaba, estaba ofreciendo un dolor por su trabajo?... Por eso el periodista ha respirado al encontrar que hay quienes no critican, sino que oran; quienes no murmuran, sino que sufren; quienes no dogmatizan, sino que ponen su grano en la tarea. Y sabe que mañana él va a trabajar mejor porque se va a sentir más sostenido, más sereno, más útil. (En La gaceta del Norte).
 
No faltan párrafos vibrantes en los escritos de Lolo en que se refiera concretamente a la radio o al periodista como vehículo de evangelización (Cf. Semanario ‘Signo’, 1-81951; 23-41954; 29,9 1959…).
 
La presentación de distintos artículos del periodista Lolo, con 40 años o algo más de tiempo pasado sobre ellos (leídos sin olvidar esta circunstancia, por supuesto) hace pensar en algo que escribió Alejandro Fernández Pombo al presentar una selección de  “41 artículos de Manuel Lozano Garrido”, realizada por Juan Rubio, en 1999, ahora director de ‘Vida Nueva’, revista en la que también colaboró Lolo con unos 30 artículos:  Lolo… periodista de talla, ejemplar en las coordenadas en que ejerce el periodismo, no podría ni quería escapar de esos condicionamientos temporales y escribe siempre en función de las circunstancias que le rodean, aunque tratando de ocultar su ‘yo’, en otra máxima lección de objetividad.
 
Rafael Higueras Álamo
Postulador de la Causa de Canonización de Lolo


Decálogo del periodista por Manuel Lozano Garrido

1. Da gracias al ángel que clavó en tu frente el lucero de la verdad y lo bruñe a todas horas.
 
2. Cada día alumbrarás tu mensaje con dolor, porque la verdad es un ascua que se arranca del cielo y quema las entrañas para iluminar, pero tú cuida de llevarla dulcemente hasta el corazón de tus hermanos.
 
3. Cuando escribas lo has de hacer: de rodillas para amar; sentado para juzgar; erguido y poderoso, para combatir y sembrar.
 
4. Abre pasmosamente tus ojos a lo que veas y deja que se te llene de sabia y frescura el cuenco de las manos, para que los otros puedan tocar ese milagro de la vida palpitante cuando te lean.
 
5. El buen peregrino de la palabra pagará con moneda de franqueza, la puerta que se le abre en la hospedería del corazón.
 
6. Trabaja el pan de la limpia información con la sal del estilo y la levadura de lo eterno y sírvela troceada por el interés, pero no le usurpes al hombre el gozo de saborear, juzgar y asimilar.
 
7. Árbol de Dios, pídele que te haga roble, duro e impenetrable al hacha de la adulación y el soborno, pero con tu frente en las ramas a la hora de la cosecha.
 
8. Si a tu silencio se llama fracaso porque la luz falta a la cita, acepta y calla. Pobre del ídolo que tiene los pies del barro de la mentira. Pero ojo a su vez, con la vanagloria del mártir cuando las palabras no suenan por cobardía.
 
9. Siégate la mano que va a mancillar, porque las salpicaduras en los cerebros, son como sus heridas, que nunca se curan.
 
10. Recuerda que no has nacido para prensa de colores. Ni confitería, ni platos fuertes: sirve mejor el buen bocado de la vida limpia y esperanzadora, como es.