La Prisión Provincial de Hombres número 2 de Madrid
Son más de 10.000 los presos que en estos primeros días de noviembre se encuentran hacinados en las cárceles madrileñas. Muchos llevan desde meses detenidos. La tensión emocional vivida crece en aumento en estas semanas.
Tras el comienzo de la Guerra Civil diversos conventos fueron incautados por el Gobierno de la República para crear diferentes prisiones.

La prisión provincial de hombres número 1, conocida como la cárcel de Porlier, se encontraba en el que había sido colegio de los Padres Calasancios, entre las calles Torrijos, Lista, Padilla y Porlier.

La prisión provincial de hombres número 2 fue la instalada en el edificio de las Escuelas Pías de San Antón, ubicado entre las calles Hortaleza, Farmacia y Santa Brígida.

La prisión provincial de hombres número 3 se llevó a la cárcel de Ventas, situada entre las calles Marqués de Mondéjar y Rufino Blanco, el edificio había sido creado como cárcel de mujeres, pero fue transformado en la tercera de hombres el 25 de julio. A las reclusas se las trasladó al convento de las Capuchinas, en la plaza del Conde de Toreno.

   
Así pues, hace 75 años el colegio de las Escuelas Pías de San Antón fue convertido en cárcel. La gran puerta del edificio, que daba a la calle Hortaleza, hace meses fue cerrada y se accede a la prisión a través de una puerta situada en la calle Farmacia. Los 800 presos se amontonan por las aulas, los comedores y los pasillos del colegio de los escolapios. Al no existir celdas todos viven en dormitorios colectivos lo que da a los allí encerrados una sensación de mayor seguridad.
 
Y que sea lo que Dios quiera…”
El 28 de octubre de 2007 fue beatificado Fray José López Piteira, primer cubano que llegaba a los altares. El fraile, natural de Jatibonico (Cuba) es uno de los 107 frailes agustinos de San Lorenzo del Escorial detenidos el 6 de agosto de 1936 y trasladados a Madrid. Posteriormente fue fusilado en Paracuellos del Jarama, el 30 de noviembre, junto a 50 agustinos. Fue el Delegado de Orden Público en la Junta de Defensa de Madrid, Santiago Carrillo, uno de los autores del genocidio de miles de personas durante noviembre y diciembre de 1936. 
Tras la detención del 6 de agosto los frailes agustinos de El Escorial llegaron a la Dirección General de Seguridad a eso de las diez de la mañana. Se había recomendado a todos que, al hacerles la ficha, declarasen que eran religiosos agustinos. Consta que así lo hicieron. Tras ficharles se les mandó al calabozo. A última hora de la tarde los trasladan al colegio escolapio de San Antón, siendo alojados en un gran salón, conocido en el argot carcelario como Salón de los frailes.
Estando en la prisión se le presentó a Fray José la posibilidad de conseguir la libertad, por ser ciudadano de Cuba. De hecho se tiene conocimiento de los innumerables esfuerzos protagonizados por sus familiares y parientes ante funcionarios consulares cubanos y del Ministerio de Asuntos Exteriores de la República. Es el padre Natalio Herrero, que había sido superior suyo, y por tanto lo conocía desde el año del noviciado, quien nos trasmite el detalle:
“Es digno de notarse la respuesta del diácono José López Piteira, nacido en Cuba, quien, al decirle que podía hacer valer esa circunstancia (para conseguir la libertad), contestó: Están aquí todos ustedes que han sido mis educadores, mis maestros y mis superiores, ¿qué voy a hacer yo en la ciudad? Prefiero seguir la suerte de todos, y sea lo que Dios quiera...”
Tras estos tres meses de encierro, Fray José sigue firme en su entrega y en su decisión. Sus recuerdos se agolpan en estos momentos: ordenado de diácono, por Monseñor Francisco Gómez de Santiago, obispo dominico misionero, Vicario Apostólico de Hai Phòng (Vietnam), el 8 de septiembre de 1935 en su bendito Monasterio de El Escorial… ¡tan sólo le queda un año para terminar sus estudios y poder realizar su sueño de ser ordenado sacerdote!…


La realidad será bien distinta: otro mes más de encierro, la pamema de un juicio con un tribunal popular de imberbes milicianos, un breve interrogatorio y la sentencia: ¡es culpable por ser religioso! Falta un mes. Será el 30 de noviembre… mientras desgrana las cuentas de su rosario.
 

Beato José López Piteira
Quinto hijo de los españoles Emilio López Vilelo y Lucinda Piteira Romero, nació el viernes 2 de febrero de 1912 en Jatibonico (Cuba). Recibió el sacramento del bautismo en la parroquia de San José (en la foto) el 11 de noviembre de 1913.
La familia decidió volverse a España en el año 1916, cuando su hijo José era todavía muy pequeño. Presumiblemente la fecha de su vuelta a la Península fue entre enero-febrero de 1917. Tras su vuelta a la natal Galicia, la familia decide radicarse en Partovia (Orense) donde nacerían los restantes cinco hijos de la pareja.
José era de carácter bondadoso y tratable, entusiasta y observante. A los 12 años de edad ya estudiaba la Enseñanza General bajo régimen interno en el Monasterio Benedictino de Santa María de San Clodio, (Leiro-Orense). En este monasterio realizó varios cursos de latín y humanidades y estudios de enseñanza media.
Tras estos años de estudios con los benedictinos y contando con 16 años, José comenzó el noviciado en el convento de agustinos de Ntra. Sra. del Buen Consejo de Leganés (Madrid). Profesó sus votos simples el 20 de agosto de 1929 y recibió luego su profesión religiosa del prior del convento, el Padre Natalio Herrero. En el convento de Leganés estudió tres años de filosofía (1929-32) que completó, con un año más (1932-33) en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y tres de teología (1933-36). Profesó sus votos solemnes en este Monasterio de San Lorenzo el 16 de julio de 1934, recibidos del prior, padre Juan Monedero, quien será uno de sus compañeros de martirio en 1936.

Antes de los votos solemnes recibió la tonsura el 20 de diciembre de 1934, las órdenes menores de ostiario y lector el 21, y las de exorcista y acólito el 22, en la capilla del palacio episcopal de Madrid, conferidas por Mons. Leopoldo Eijo Garay. El mismo Obispo le ordenó de subdiácono el 6 de abril de 1935, en la capilla del Seminario Diocesano de San Buenaventura de Madrid. El 8 de septiembre del mismo año, en el altar de la Sagrada Forma de la sacristía del Real Monasterio de El Escorial, fue ordenado de diácono por Mons. Francisco Gómez de Santiago, obispo misionero dominico, Vicario Apostólico de Haiphong, en Vietnam.
Un agustino escribe de él que era “buen estudiante y aficionado a la música”. Uno de sus compañeros dice textualmente: “Puedo dar testimonio de que manifestó una vocación muy decidida desde el primer momento, a la que correspondió con una vida de piedad muy intensa”. Otro añade que fue “un religioso ejemplar”. El Beato José López tenía sólo 24 años cuando entregó su vida de manera definitiva a Cristo Rey.