José Antonio García-Noblejas en una conferencia dictada el 5 de noviembre de 1986, y que tituló “El gran holocausto de Paracuellos del Jarama”, explica que “eran cinco las cárceles del Madrid rojo: la Modelo, en la plaza de la Moncloa, en el mismo emplazamiento del actual Ministerio del Aire, en la que se hacinaban unos 8.000 presos. La de Ventas, hoy también desaparecida, en la calle del marqués de Mondéjar, construida para prisión de mujeres, pero desde el 24 de julio habilitada para varones, con unos 1.500 presos. Las de los Colegios escolapios de San Antón, en la calle de Hortaleza y de General Porlier, habilitados para prisiones, en cada una de las cuales se amontonaban en aulas, galerías y pasillos más de 2.500 detenidos. Y finalmente la del Convento de la calle del Duque de Sesto, más reducida, de la que no hacemos historia en razón a ser la única que gozó del privilegio de no sufrir las famosas “sacas”. En total unos quince mil presos en Madrid a fines de octubre, aumentados cada día por sucesivas detenciones”.


En primer término, barricada de sacos terreros. Al fondo, la Cárcel Modelo, verano de 1936.
Son cientos los sacerdotes y religiosos que están encerrados en esas cárceles. Y, no sólo, también miles de seglares. Ricardo de la Cierva que acaba de publicar el libro “Los mártires de Paracuellos. La hora de la Historia” (Madrid 2011) explica cómo su propio padre Ricardo de la Cierva Codorniu, abogado de la embajada de Noruega y “católico profundo se negó a cambiar de galería en la cárcel para seguir ayudando a los enfermos como encargado de la enfermería”. Son cientos de historias de aquellos que, hace ahora 75 años, están recluidos en las cárceles y checas antes mencionadas y que durante el mes de noviembre serán ejecutados en sacas masivas.
Aunque algunos de los comentarios de este video sobre la detención, encarcelamiento y martirio de los Agustinos, adelantan lo que sucederá el mes que viene, también nos hablan de cómo los presos vivieron estos meses:


 
Matanzas masivas en la zona roja
El número de sepultados en Paracuellos, incluidos los llevados de Boadilla del Monte, Rivas-Vaciamadrid, Torrejón de Ardoz y de otros lugares próximos (excluyendo los 800 del cementerio de Aravaca) supera con mucho las cifras señaladas por recientes estudios. El número de 8.354 “mártires” que expresa el Archivero-Historiador de la Real Academia de la Historia, Arsenio de Izaga, en su obra “Los presos de Madrid”, puede ser el más aproximado.
Tan grande matanza de hombres indefensos, no constituyen hechos aislados, en lo que fue zona republicana de nuestra guerra. Cualquier circunstancia adversa para los frentepopulistas, como sus continuos descalabros bélicos, servía de pretexto para cebarse con los presos de las cárceles o de los barcos-prisión. Y así sucedió, con millares y millares de víctimas, desde los comienzos de la contienda hasta sus últimos coletazos, cuando en 7 de febrero de 1939, en el paraje gerundense conocido como Can Tretze, cerca de la frontera francesa, se fusiló al Obispo de Teruel, el Beato Anselmo Polanco junto a su secretario, el Beato Felipe Ripoll, y 41 compañeros de cautiverio.
La relación, no exhaustiva, de las matanzas colectivas en España comienza en El Arahal (Sevilla), donde anticipándose a la llegada de las fuerzas nacionales liberadoras, los milicianos inundaron de gasolina la prisión y la incendiaron. Todos menos uno perecieron abrasados vivos. Y continúa con los marinos de Cartagena arrojados al mar, los fusilamientos masivos de las prisiones de Úbeda, Ciudad Real, Toledo, Almería, Lérida, Málaga, San Sebastián y el fuerte de Guadalupe, Castellón, Ibiza, Fuenteovejuna, Albacete, Consuegra, Cebreros, Ocaña, Monasterio de Cóbreces, Guadalajara, Bilbao (prisiones de “Ángeles Custodios”, “Larrinaga”, “La Galera” y “Carmelo”) y Martos. Y en los barcos-prisión “Río Segre”, de Tarragona; “Isla de Menorca”, de Castellón; “Astoy Mendi”, de Almería; “Cabo Quilates” y “Altuna Mendi”, de Bilbao; “Atlante”, de Mahón, y “Alfonso Pérez”, de Santander, así como en los terroríficos pozos de Tahal y de La Lagarta en Almería, y los de Carrión de Calatrava (Ciudad Real) y Camuñas (Toledo).

En todos estos lugares ya hay obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares beatificados o en proceso de canonización.

 
En la Ría de Bilbao frente a los muelles donde estuvieron atracados el Cabo Quilates (a la izquierda, en el Muelle dársena Altos Hornos) y el Altuna Mendi (a la derecha, Muelle dársena de Axpe) se encuentran estas dos cruces. El señor Carlos Langa Zuvillaga, compañero de cárcel en el Cabo Quilates del Siervo de Dios Hno. Luis Fermín Huerta Lara, de La Salle, describe la situación dramática que reina en el barco: “Conocí al Siervo de Dios por haber sido prisionero en el mismo barco-cárcel de Bilbao. Estuve con él unos veinte días... Estábamos amontonados como animales. Había cuatro celdas, el siervo de Dios estaba en la primera y yo en la tercera... En el “Cabo Quilates” las ejecuciones las hacían en el puente de popa. No era sólo el hecho de fusilar, sino que oíamos los disparos: a veces, eran ráfagas de ametralladora, otras veces un tiro en la nuca o también los remataban a golpes de culata. Y esas ejecuciones iban acompañadas de vejaciones, de insultos, de burlas, de bofetadas, etc.”.
La suerte del Hermano no debió ser diferente a la del sacerdote Don Matías Lumbreras. Compartían la misma celda: “Todas las noches, hacia las 2 de la madrugada, llevaban al sacerdote al puente, lo dejaban medio desnudo y con una crueldad espantosa le quemaban el cuello, el pecho, el vientre con cigarros encendidos. A veces, paraban por unos momentos las quemaduras y sometían a la víctima a una ducha bajo presión con bombonas centrífugas... En ese barco, se debían practicar todas las virtudes a un grado heroico... Las humillaciones llegaban hasta tal punto que nos obligaban a ingerir los alimentos mezclados a excrementos”. El Hno. Luis Fermín había nacido el 21 de junio de 1905 en Torrecilla del Monte (Burgos); fue asesinado por odio a la fe el 25 de septiembre de 1936.
 
Por lo que a Madrid concierne, el genocidio de Paracuellos, con su torrentera de sangre, vino a constituir la culminación de masacres anteriores, amén de los miles y miles de madrileños asesinados en cualquier lugar por las innumerables checas que gozaban de facultad para registrar, detener, torturar, juzgar sumarísimamente y ejecutar a sus víctimas.
 
La Nota inglesa
El domingo 25 de octubre de 1936 el periódico “Política” (publicado en Madrid y que fue el órgano oficial de Izquierda Republicana) publica en su página sexta:
“En defensa de una política humanitaria y democrática. El Ministro de Estado, Sr. Álvarez del Vayo, contesta con energía a la Nota inglesa sobre un supuesto peligro para los presos de Madrid.
En respuesta a la comunicación del Gobierno de Londres -hecha pública por la Prensa inglesa- sobre las personas que se encuentran en las cárceles de Madrid sometidas a la jurisdicción de las Autoridades judiciales o gubernativas, el Ministro de Estado, Sr. Álvarez del Vayo, ha hecho entrega al Encargado de Negocios de la Gran Bretaña de la comunicación siguiente:
Muy señor mío : En la comunicación de V. I. de 21 de octubre informándose, en nombre de S. E. el Secretario de Estado para Asuntos Exteriores, de la preocupación del Gobierno del Reino Unido por la seguridad de las personas recluidas en las cárceles de Madrid, percibo un error fundamental de apreciación que me interesa ante todo esclarecer. Se habla en ella de rehenes políticos expuestos, por su propia calidad, a supuestas represalias. No cabe señalar hoy en día en la capital de España a nadie que entre en dicha clasificación. Hay, efectivamente, en las cárceles de Madrid una cantidad de presos políticos que, bien por haber intervenido directamente en la rebelión contra el Estado, o por sus actividades de siempre, hostiles a la República, y sus relaciones con los adversarios del régimen, han sido recluidos. Su libe-ración en las circunstancias presentes equivaldría a dar nuevos alientos al movimiento subversivo, aparte del riesgo que para su propia seguridad supondría el estado de ánimo de una población justamente indignada... El Gobierno de la República no puede por menos de demostrar su extrañeza ante la suposición de que unos detenidos políticos, que sólo después de comparecer ante el Tribunal Popular correspondiente son objeto de las sanciones jurídicas a que haya lugar, vayan a convertirse en objeto de una matanza general. El que en ocasiones aisladas, como consecuencia de la insensatez de quienes, aun en estado de reclusión, no han vacilado en amotinarse, se hayan producido hechos que el Gobierno se ha apresurado a corregir y sancionar, adoptando las medidas más rigurosas para impedir su repetición, no parece justificar que se le atribuyan al noble pueblo de Madrid propósitos desmesurados de venganza colectiva y que se desconozcan los esfuerzos del Gobierno para asegurar, en medio de circunstancias particulares adversas, su acción de protección y policía... Aprovecho esta oportunidad para ofrecer a V. I. el testimonio de mi consideración más distinguida.
Firmado, Julio Álvarez del Vayo
 
Como afirma la Causa General: “a los pocos días de la aparición en la Prensa de la anterior nota, publicada por el Gobierno republicano, y hallándose el mismo todavía en Madrid, comienzan las extracciones y asesinatos colectivos de los presos, en virtud de las oportunas órdenes expedidas por la Dirección General de Seguridad”.