Empeñado en sacar leche de una ubre que ya no da más, y por otro lado, de transmitir un mensaje que ellos entienden electoralmente conveniente (creo que se van a dar un tortazo), el Gobierno ZP-Rubalcaba ha restablecido el Impuesto de Patrimonio que había derogado hace ya tres años. Pues bien, me propongo demostrar que tal impuesto es injusto, contraproducente y, contrariamente a lo que parece, regresivo. Vamos pues.
 
            Primero: el impuesto es injusto. Imaginen Vds. el caso de dos personas muy ricas, pero idénticamente ricas, que ingresan mucho dinero los dos: ¿100.000 euros al año les parece bien? Los dos tributan por IRPF, los dos pagan mucho como corresponde a sus ingresos. Pero uno de ellos se lo gasta todo en juergas monumentales, muchas de ellas, por cierto, en el extranjero, donde se deja toda la fiscalidad que corresponde a esos gastos. El otro, en cambio, ahorra todos los años como una hormiguita 70.000 euros. Al cabo de diez años, el primero no tiene un duro de ahorros, no paga pues por Patrimonio; el segundo tiene un patrimonio de 700.000 euros en acciones, propiedad inmobiliaria, cuentas de ahorro, por cuyas nuevas rentas por cierto, paga de nuevo IRPF, cosa que el primero no hace. Pues bien, encima de pagar unos impuestos que el primero no paga, los de las rentas de sus rentas, y de haber llevado a cabo una actividad sumamente interesante y solidaria para con la economía, ahorrar e invertir, tiene que pagar por patrimonio, mientras que el primero no. ¿Es justo?
 
            Segundo: el impuesto es contraproducente. La ciencia recaudatoria es una ciencia que es cualquier cosa menos matemática. No basta con querer recaudar más para recaudar más. Por otro lado, nadie tiene más facilidad para escapar de donde le hacen daño que el dinero. Sin ni siquiera hablar de fraude fiscal ni de evasión de divisas, sin ni siquiera infringir la legalidad vigente sobre transferencia de fondos al extranjero, nada más fácil para el ahorrador castigado que transferir sus fondos e invertirlos en otros países, en lugar de hacerlo en su propio país. Con lo que al final, lo poco que se consigue recaudar a los que han dejado su patrimonio en España, queda compensado y superado por lo que se deja de recaudar por las rentas de los que colocan su patrimonio en el extranjero, a lo que unir todavía el perverso efecto que sobre la economía (y en consecuencia, sobre la recaudación), produce la transferencia de inversiones. Algo que aún es agravable si, directamente, el ahorrador-contribuyente está en situación de empadronarse en el extranjero y de tributar en otro país donde sus ahorros no sean tan castigados, a lo que coadyuvará, precisamente, el hecho de que este impuesto del patrimonio que ahora recupera España, existe en muy pocos países.
 
            Tercero: el impuesto es regresivo. El efecto combinado de la menor recaudación producida al perder fuelle la actividad económica como consecuencia de la transferencia de inversiones al extranjero, reduciendo la base sobre la que se aplican los impuestos; y la menor recaudación por rentas que produce, de una manera directa, reduciendo la recaudación, obligará a Hacienda a recurrir, una vez más, a los impuestos que son más fáciles de recaudar y más rápidos en sus efectos sobre las arcas fiscales (a corto plazo, que a largo, sería todo otro discurso), pero también los más regresivos y los que más caros le cuestan al pobre: los impuestos indirectos, el IVA, los impuestos especiales sobre productos tan sensibles como el combustible, etc.. Con lo que al final, el establecimiento de un impuesto supuestamente progresivo, el de Patrimonio, se ha terminado convirtiendo en el de nuevos impuestos regresivos, IVA, carburantes...
 
            Y todo eso, por no hablar de un cuarto efecto no menos perverso, que es el consistente en que el beneficiario final del impuesto en España no es, de las cuatro administraciones, sino la más irresponsable y derrochadora de todas, la autonómica: la que construye aeropuertos sin aviones, la que nombra embajadores sin embajadas, aquélla que en muchos lugares de España tiene como principal objetivo que los niños olviden el segundo idioma más hablado del mundo.
 
            ¿De verdad siguen Vds. creyendo que el Impuesto al Patrimonio es lo que necesita este país para salir de la crisis?
 
 
 
 
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