Ayer, Domingo de la Divina Misericordia, fue bendecido un nuevo óleo sobre lienzo que representa al siervo de Dios Román Guillén Argudo, mártir franciscano toboseño. El nuevo cuadro, obra de la pintora María Pilar Venegas, se ubica al lado del Calvario, donde la misma autora pintó, y donó el año pasado, el cuadro de la beata mártir Sor María del Santísimo Sacramento.

José Benito Gallego Marchante, operario diocesano, compuso este relato martirial para la Vigilia de la Inmaculada, celebrada en las HH. Clarisas de El Toboso, 7 de diciembre de 2019. Los datos del relato los tomó del padre Marcos Rincón Cruz en su libro Testigos de nuestra Fe. Mártires Franciscanos de Castilla (1936-1939) Provincia Franciscana de Castilla (Madrid 1997. Páginas 273-275, 309-312).

«Anda, que ya vas a rezar el último rosario»
 
Personajes:
«Señor Alcalde, acaba de llegar un telegrama de las monjas Concepcionistas de Torrijos. Afirman que esta noche han entrado al Convento un grupo de sesenta o setenta milicianos del pueblo. Algunos han colocado una bandera roja en la torre y otros se han llevado al Padre Guillén al Ayuntamiento, aunque sin insultarle ni maltratarle. Las monjas piden la libertad de este religioso franciscano, pues está delicado de salud. Desde el día 18 de julio hasta hoy ha necesitado llevar régimen e inyecciones. ¿Qué hacemos?»
 
Narrador:
 
El Alcalde de Torrijos accedió a dejarle en libertad. Aunque por ser ya tarde prefirió llevarlo a una fonda del pueblo. Aquella noche el Padre Guillén no pudo descansar. Y en cuanto le fue posible, volvió al convento. Iba malo y tuvo que acostarse. Al día siguiente se repuso y las monjas pidieron a varias personas que lo acogiesen en sus casas, pero ninguna quiso comprometerse. El día 26 de julio celebró la última misa a puerta cerrada para las concepcionistas, a las que dio a consumir todas las sagradas formas. Entre tanto, algunos milicianos se personaron en el convento para hablar con las monjas y, aunque el tono fue amistoso tanto con ellas como con el religioso franciscano, dejaron caer algunas preguntas impertinentes […] Vistos los acontecimientos, las monjas escondieron el cuerpo de doña Teresa Enríquez, “la loca del Sacramento”, y decidieron abandonar el convento para irse a casas particulares. Vestidas de hábito salieron a las 11 de la noche del 26 de julio de 1936. Se dirigieron a casa de un familiar de la abadesa, en la plaza del Cristo de Torrijos. Como las monjas habían notificado su salida al Comité de defensa, fueron acompañadas por un concejal y treinta milicianos armados. El trayecto lo hicieron sin incidentes, pero en silencio.
 
Personajes:
 
«He visto salir del convento al Padre Guillén, junto con las monjas. Iba vestido de seglar. Desde entonces, voy todos los días a verle a la casa de Rafael Buendía, donde lo dejaron los del Comité de defensa. Le cuento todas las noticias que radian sobre la guerra en radio Portugal. Siempre que voy a visitarle encuentro al Padre Román con el rosario en la mano y un libro grueso de pastas negras que a buen seguro es el breviario. A veces se aburre; otras, anda preocupado. Pero le veo sereno, sin resentimiento contra nadie. Hoy me ha dicho que ha puesto un telegrama a sus familiares de El Toboso: “Estoy bien. Venid por mí. Traedme documentación”. Pensó que al tener un cuñado en el Comité le darían un salvoconducto que nunca llegó. Su familia le iría a esperar en la estación de Delicias de Madrid, pero al no tener aquella documentación no se atrevió a salir de Torrijos […]».
 
Narrador
 
El 12 de agosto empezaron en Torrijos los fusilamientos de católicos. El Padre Román se encontraba solo en la casa de Rafael Buendía y es muy probable que aquellas noches las pasara en vigilia de oración, preparándose para el definitivo combate por Cristo. Presentía cercana su muerte pues los del Comité, que lo habían dejado en aquella casa, ya lo habían incluido en la lista de personas para encarcelar y fusilar […].
 
 
Fr. P. Román:
 
«El 14 de agosto, entre las 10 y las 11 de la mañana, cuatro o seis milicianos armados se presentaron en la casa donde estaba recluido. Abrieron la puerta a golpes y patadas. Yo estaba allí, con mi única arma de defensa: “el rosario” entre mis manos. Me sacaron a empujones para llevarme detenido a la iglesia parroquial de Torrijos, convertida en cárcel. Uno de ellos me dijo: “Anda, que ya vas a rezar el último rosario”. Yo preferí no abrir la boca y caminar en silencio. Al llegar a la iglesia me tomaron declaración y les dije que era religioso franciscano del convento de La Puebla de Montalbán. No estuve más de tres horas completas en aquel lugar junto con trece detenidos más. No me maltrataron, pero sí fui insultado varias veces y amenazado de muerte, como los demás […] Estaba convencido de que me iban a matar; lo aceptaba con serenidad. Rezaba a solas para prepararme a morir. La oración y el convencimiento de que por fin podría dar la vida por Cristo me hacían más fuerte. Era la mejor lección de clase que mejor iba a resumir mis más de diez años como profesor de seminaristas y educador de la juventud […] Confesé a varios presos que se acercaron a mí. Les animé y exhorté a sufrir con paciencia la prisión y la muerte por Dios. A confiar en su ayuda para este trance. A recibir el premio del martirio […] Y así, estando y haciendo las veces del Buen Pastor con sus ovejas, se presentaron en la iglesia prisión unos milicianos. Era la una y media del mediodía. Ordenaron salir a siete detenidos. Cinco los eligieron a dedo. Luego se oyó: “¡El maestro y el fraile, que salgan!”. Nadie del grupo que fuimos designados por aquellos verdugos abrimos la boca ni opusimos resistencia […] Nos iban a llevar en coche de turismo»
 
(Se oyen unos tiros de bala. Después, continua el relato.)
 
Narrador:
 
Este fue el sonido que se oyó a las dos de la tarde del 14 de agosto de 1936 en el kilómetro 20 de la carretera que une Toledo con Ávila, en el término de Rielves. Hasta allí se dirigieron los coches de turismo. Allí cayeron sin vida los cuerpos del Padre Román Guillén Argudo y sus seis compañeros seglares. Después de aquella carnicería y abandonando los cadáveres, los milicianos regresaron a Torrijos para llevarse a otros presos, pero, cuando llegaron, los guardias de asalto ya se los estaban llevando a Madrid, a lo que aquellos verdugos dijeron: “¡Cómo os habéis librado!”.
 
Personajes:
 
«Martirio había sido la de aquellos siete y el resto de mártires de Torrijos, fusilados el 12, 13, 14, 18 y 23 de agosto de 1936. Martirio y confesión de fe la de nuestro paisano toboseño Padre Román Guillén Argudo. Había sido detenido por ser fraile y fusilado por ser fraile. Totalmente desconocido en Torrijos y para aquellos milicianos de Madrid, que no debían saber ni su nombre. Bastaba con su condición de ser fraile. Él no la negó. La confesó y ejerció estando ya detenido. Y, al oír: “¡el fraile, que salga!”, lo volvió a testimoniar con sus hechos, dirigiéndose valeroso hacia el martirio».
 
Bajo estas líneas, el segundo lienzo de la beata toboseña Sor María del Stmo. Sacramento (Manuela Prensa Cano) fue bendecido el pasado 15 de agosto de 2020. Es obra de la pintora María Pilar Venegas y González de Langarica (Zaragoza 1950), licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense, profesora de dibujo y residente en Madrid.
 
Está colocado al culto en la zona del bajo coro de la nave del Evangelio de la que es apelada como «La Catedral de La Mancha», integrándose, a la vez, en el conjunto artístico del Calvario que se encuentra en este lugar, justo al lado de la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza, y en frente de la Capilla Bautismal, donde nuestra beata recibió el Sacramento del Bautismo un 25 de junio de 1887.