Ha comenzado el curso. Los niños han vuelto al colegio. Con lo cual, aunque técnicamente el verano concluya el 21 de septiembre y siga haciendo un tremendo bochorno en Barcelona, el domingo pasado, con él último día de vacaciones, terminó para todos nosotros.

No cabe duda que nuestros recuerdos del verano 2011 estarán ligados para siempre a la impactante experiencia que supuso para todos la Jornada Mundial de la Juventud, un acontecimiento que superó todas las expectativas que hubiéramos puesto en él hasta los más optimistas, mostrándonos con claridad meridiana que el Amor de Dios es Infinito.

Sin embargo, las bendiciones veraniegas se remontan a los propios inicios de las vacaciones estivales. Dicen que para que algo salga bien es importante comenzar con el pie derecho y, tanto para mi familia como para mí, y gracias a una aventura a la que se decidió lanzarse la Escola Vedruna de Puigcerdà, con su director, Àngel Maurell, a la cabeza –mira apreciado Àngel que hay maneras más relajadas de pasar la Verbena de San Juan-, el verano no pudo tener mejor comienzo.

Hacia el mes de abril recibí un correo electrónico que no dejaba de ser curioso: el equipo de fútbol sala femenino que entreno y en el que juegan mis dos hijas mayores, María y Nuria, era invitado a participar en el primer torneo internacional de La Cerdanya. Desde el principio pensé que se planteaba una oportunidad maravillosa para la convivencia: jugar contra niñas de otras regiones y, quizá, hasta de otros países; conocer más a fondo el incomparable marco de La Cerdanya que, como dijera el sacerdote Pablo Domínguez, te hace profundizar en las maravillas de la Creación; compartir unos días en familia con grandes amigos…

Con un poco de miedo -la verdad- pero con mucha ilusión, comencé a ponerme en contacto con el director técnico del torneo, Andreu Falomí, un tipo sensacional que en el tema del fútbol sala la toca de verdad. Todo fueron facilidades y surgió una duda: si llevamos a las niñas, ¿por qué no a los chicos? ¿Pero a cuáles? ¿Los del colegio tendrán nivel para jugar un torneo de este calibre? Total, que hicimos una mezcla de los dos equipos en los que juega mi hijo Santi: los alumnos del Santa Isabel quedaron reforzados por dos “fichajes” de lujo que disputaron la temporada pasada en el Jesús María con Santi. Rai y Paco, vinieron a reforzar un sólido grupo formado por el propio Santi, Lucas, Ignasi, Miguel y Sergi. Se necesitaba un nombre nuevo para inscribir al equipo, pues no era ni el Santa Isabel ni el Jesús María. Al final, fue sencillo, lo bautizamos como Asociación Deportiva Juan Pablo II.

Dice Juan Manuel Cotelo, director de La Última Cima, que Dios actúa cuando ponemos el corazón en aquello que hacemos y, desde luego, el fin de semana de San Juan, lo hizo, pues nunca había visto – y he corrido mundo con esto del deporte- a los organizadores de una competición volcarse de tal manera como lo hizo la gente de la Escola Vedruna. Profesores, ex alumnos, padres de familia… todos trabajando al unísono para ofrecer lo mejor de ellos mismos a los visitantes que, además de nosotros, incluían un equipo francés, la selección de la Diputación de Toledo, en la categoría de menores de doce años, el equipo de Sant Cebrià del Maresme… Para muestra, un botón:

En general, en estos torneos, no suelen darte cena. Cada uno trae sus bocadillos y ya está. Pues el día de las inscripciones, jueves, no sólo dieron a los chicos de cenar, ¡sino que les tenían preparada una espectacular merienda! No faltó agua en ningún partido. Los árbitros, federados y excelentes. La presentación de cada encuentro, realizada por un speaker que no tenía nada que envidiar a los mejores. Los trofeos, preciosos.

La convivencia familiar también fue inmejorable. Mientras, los chicos durmieron con un servidor en el albergue de Bellver, las niñas se repartieron por diversas casas y el ambiente de nuestro grupo en los partidos fue inmejorable: los Puyuelo, activos; los de Riba, acogedores; los Serrahima, serviciales y divertidos; los Tiffon, entrañables. Contamos también con la presencia de tres Consagradas, Paloma, Mariana y Maru, motores del Club Alpes, y con la asistencia de los Álvarez y los Miralbell y unos amigos suyos que disfrutaron el torneo como el que más.

En estos casos, el resultado deportivo es lo de menos. Las niñas se batieron como verdaderas jabatas, realizaron jugadas de tiralíneas y ganaron una final disputadísima, 21, al equipo local. Miriam fue la máxima goleadora del campeonato y Marta empató como portera menos goleada. Para el Club Alpes, este evento significó el final de ensueño a una temporada que será muy difícil de repetir.

El Juan Pablo II debutó con gran éxito. La verdad, se hizo un equipazo, con un fenomenal comportamiento sobre la pista que resultó en el primer título de esta incipiente asociación deportiva que espero esté llamada a cotas muy altas. En duelo fratricida, Rai y Paco disputaron el “pichichi” hasta el último momento y un gol desde el suelo, en plena final, permitió al primero llevarse el trofeo a casa.

¡Qué os voy a decir! El verano ha sido maravilloso, pero, desde aquí, mi más sincero agradecimiento a Àngel y toda su gente por permitirnos comenzarlo como jamás hubiéramos soñado un día antes de que Andreu me enviara aquel correo electrónico.