Beatificados el 1 de octubre de 1995
Tal vez, la vinculación en mi etapa de Seminario junto a los Operarios diocesanos del Beato Manuel Domingo y Sol, me ha llevado a referiros varias veces, a lo largo de los ya casi dos meses en los que día a día hemos buscado en la geografía martirial española un testigo, el ejemplo de los Mártires Operarios: el 23 de julio, los Beatos Pedro Ruiz de los Paños y José Salá Picó; el 9 de agosto, el Beato Guillermo Plaza Hernández; el 18 de agosto, el Beato Martín Martínez Pascual; y antes, el 6 de junio, el Beato José Peris Polo (asesinado el 15 de agosto, ya dijimos que le fecha de su fiesta es la del aniversario de su ordenación sacerdotal)… el grupo de beatificados lo completan: Recaredo Centelles Abad, Antonio Perulles Estivill, José Pascual Carda Saporta, Isidoro Bover Oliver. Éste es un primer grupo de nueve beatificados, sobre un total de treinta sacerdotes de la Hermandad, absurdamente asesinados.
El Operario diocesano Juan de Andrés Hernansanz escribió en 1990 el martirologio de los Operarios Diocesanos. Con el título “Testigos de su sacerdocio” el autor nos acerca a la historia, la vida y la muerte de los 9 miembros de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos beatificados que murieron entre julio y octubre de 1936. Son los primeros meses de la sangrienta contienda que calcina España a lo largo de tres dolorosos años. La obra es a un tiempo biografía y libro de actas martiriales.

Lo podéis leer en internet:


En este día, hace 75 años, sucedió el martirio del Beato José Pascual Carda Saporta, Rector del Seminario de Ciudad Real.




 
Beato José Pascual Carda Saporta
Natural de Villarreal de los Infantes (Castellón de la Plana), nace el 29 de octubre de 1893 en una familia muy religiosa. En ese ambiente germina pronto su vocación sacerdotal, e ingresa en el colegio de San José de Tortosa, donde ya estaba su hermano Blas, que también moriría mártir en 1936.
El Siervo de Dios Blas Carda Saporta, sacerdote diocesano de la diócesis de Segorbe fue martirizado a los 52 años, se cree que el 8 de septiembre de 1936 en Alquerías del Niño Perdido (Castellón). Era Cura Ecónomo de Villafranca del Cid. Su expediente va unido al de los mártires de la diócesis de Segóbriga y del Obispo mártir Serra Sucarrats.
Más información
 
José Pascual ingresó en la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Sagrado Corazón de Jesús. Era aún subdiácono cuando es enviado al seminario de Tarragona como prefecto, y se ordena sacerdote el 25 de mayo de 1918. De ahí marcha al seminario menor de Belchite, de la archidiócesis de Zaragoza, en el que está cuatro años. Vuelve entonces al seminario de Tarragona, esta vez de prefecto de teólogos, y dos años más tarde lo mandan a México, costándole mucho sacrificio dejar España. Pero se aclimató bien a su nuevo destino y llegó a querer mucho a su gente, a la que sirvió en el Templo de San Felipe de Jesús de la capital mexicana, como confesor y predicador, hasta que el gobierno expulsó a los Operarios en febrero de 1926 y entonces volvió a España. Es destinado a Valencia como director espiritual del colegio de vocaciones y en octubre de aquel mismo año 1926 es destinado a Toledo y, un poco más tarde, al seminario de Valladolid como director espiritual. A los dos años va a Zaragoza y en septiembre de 1929 es nombrado rector del seminario de Belchite; al año siguiente se malogra una nueva ida suya a México, desde donde le obligaron a volverse.
Destinado en Valencia, allí vive la trágica noche del 11 de mayo de 1931 cuando tantas iglesias y casas religiosas son dadas al fuego y al saqueo. Se marcha a Burgos y está allí hasta 1934 cuando es nombrado rector del seminario de Ciudad Real.
 
Seminario de Ciudad Real
Dejemos la palabra a Juan de Andrés Hernansanz en su obra “Testigos de su sacerdocio” (1990) explicarnos la amistad del nuevo Rector del Seminario de Ciudad Real y el Obispo.
El obispo-prior, (el Beato) Narciso de Esténaga y Echevarría, martirizado el día 22 de agosto de 1936, había sido compañero de estudios en Toledo del (Beato) Pedro Ruiz de los Paños. Cuando le propone a don José Pascual como rector de su Seminario, don Narciso se fía totalmente: “Siendo como dices el señor Carda, desde luego será muy bien recibido”.
Llegó a Ciudad Real el día 7 de septiembre de 1934. El señor Obispo-prior, a pesar de su «bondad», que podía sonar a excesiva, se entendió perfectamente con el siervo de Dios, que, “como rector, era algo rígido y exigente, que más bien le honra”, como dice un sacerdote de Ciudad Real en el proceso.
Así, el 18 de septiembre de 1934, don Narciso escribe en estos términos al Director General de la Hermandad: “Vino el nuevo rector, que se muestra muy animado de los mejores deseos para colaborar en la obra importantísima del Seminario”. Y el 26 de junio de 1936, poco antes de que a los tres les sobreviniera el martirio: “Don Pascual, trabajando mucho y a mi satisfacción”.

Grupo de seminaristas junto a sus superiores, año 1936. Además del Rector del Seminario morían víctimas de la persecución religiosa el Mayordomo del Seminario don Francisco C. Sojo; el Director Espiritual, P. Sánchez Oliva S. I., los Profesores Isasi, Quirós, Castellanos y Herrero, y los seminaristas Cristóbal Muñoz Buitrago, Abel Sáenz de Lamo, Ángel Ortiz Moya, Antonio Calzado López e Hipólito Pérez .

 
 
Ante los restos del San Pascual Bailón
Testifica sor Carmen Carda Saporta: “En Ciudad Real desarrolló todo su celo sacerdotal, trabajando muy a satisfacción del señor obispo, que le distinguía e incluso, por su amistad, vino a Villarreal”.
Y así fue, en efecto. El Beato Narciso de Esténaga no aguantaba la quietud del palacio episcopal. Necesitaba salir para llenar su celo apostólico. Cuenta el Beato José Pascual Carda, en carta del 26 de noviembre de 1934, al Beato Pedro Ruiz de los Paños:
El señor obispo sale con frecuencia a predicar: le gusta y lo necesita. A las primeras pocas visitas, me preguntó de dónde era y me dijo que tenía muchas ganas de ver a San Pascual. Quizá me pasé de bueno, y le dije que quizá no fuera cosa difícil encontrar ocasión”.
Dicho y hecho. Don José Pascual escribe a su pueblo diciendo que si alguna vez necesitaban sermón de campanillas se acordaran del señor obispo de Ciudad Real. “Y esto bastó para que ayer recibiera un telegrama invitándole”. Los escrúpulos de don José Pascual estaban en que como el señor obispo “ha aceptado ya ´en principio´ -que quiere decir que ha aceptado del todo- y me ha hecho contestar así, ahora hay que arreglar los detalles”. Tendrá que acompañar al señor obispo; no tiene ganas de viajes; pero ve “la conveniencia de la compenetración con el prelado que de ello ha de resultar y que tanto nos conviene”.



El señor Obispo, el día 30 de noviembre, “está ilusionado con el sermón de mi pueblo”. Y se fueron a Villarreal. El viaje y el sermón, “todo -según el Obispo- había estado admirabilísimamente bien”.
 
75 años del “martirio” de San Pascual Bailón
La referencia a la visita de los mártires al sepulcro de San Pascual Bailón en Villareal es porque tal vez sería de las últimas realizadas por un miembro del episcopado español ya que el 13 de agosto de 1936 fue destruido el sepulcro relicario de San Pascual Bailón y sus venerables restos arrojados miserablemente por milicianos republicanos a una hoguera.
El 17 de mayo de 1992, con motivo del IV centenario de la muerte del santo, se inauguró la nueva Capilla Real, esculpida por Vicente Lloréns Poy, y los restos del santo depositados en el nuevo sepulcro de plata que representa el cuerpo tendido de San Pascual. El sepulcro, es una estatua yacente del santo labrada en 300 kg de plata y con una base de granito con dos escalones y que permiten a los fieles acercarse al mismo. La escultura se encuentra delante de la antigua celda del santo y está inspirada en el cuerpo incorrupto que se veneraba antes del incendio del 1936.



Más información sobre santos “martirizados” durante la guerra civil:
 
Ejercicios en Tortosa
José Pascual salió de Ciudad Real el día 26 de junio de 1936, viajando directamente a Tortosa, donde comenzaban los ejercicios espirituales el día 27, para terminar el 5 de julio. El día 6 marchó a Villarreal. Sus proyectos eran disfrutar diez días de vacaciones con su familia y regresar el 17 de julio al Seminario de Ciudad Real, porque los muchos quehaceres no le permitían tomar el mes seguido de vacaciones.
La víspera, pues, del movimiento nacional llegó a Ciudad Real. Por un solo día no le sorprendió la guerra en su pueblo. Don José Pascual “se mantuvo en su puesto y en su cargo”, hasta que lo echaron materialmente de allí: “El día 23 de julio de 1936 turbas numerosas se dirigieron al Seminario para asaltarlo” e instalar allí la Casa del Pueblo.
Le obligaron a instalarse en la “Fonda Francesa”, una pensión barata cuyo dueño era un dirigente socialista, junto a don José Pascual Carda, estaban don Francisco Castor Sojo, superior del Seminario y un padre de los Hijos del Corazón de María. Los tres serían declarados “reos de muerte” porque habían tenido la ocurrencia -es decir, el gran privilegio- de seguir a Jesucristo.
El Siervo de Dios Francisco Sojo y el padre claretiano fueron fusilados el día 12 de septiembre de 1936. Y el dirigente socialista se las arregló muy bien para que también fuera fusilado don José Pascual Carda.
Don Pascual solicitó del fondista que le facilitase un pasaporte para poder trasladarse al lado de su familia (y junto a su otro hermano sacerdote), en Villarreal (Castellón). El fondista se lo proporcionó, pero al punto fue a dar aviso al Comité Rojo del tren en que debía salir. Esto explica que en la estación de Villarreal ya estuvieran esperándolo para detenerlo. El fondista le dio pasaporte con “chivatazo”. Ningún sacerdote podía escapar. Era la “ley”.
Llegó a Villarreal el 26 de agosto y fue detenido en la estación de Villarreal. No cabe duda que los milicianos de Villarreal tenían ya noticia de que llegaba. Los que detuvieron a don José Pascual fuero Vicente Llop Almela, alias «Barrusco», y Luis Medrano. ¡El primero era pariente suyo!
 
Martirio
Totalmente incomunicado pasó aquellos días de prisión en el convento de dominicas (en la foto, fachada de dicho edificio). Los milicianos negaban a los familiares que el siervo de Dios estuviera allí. Pero el barbero, que entraba a prestar sus servicios en la cárcel improvisada, lo vio muchas veces y lo dijo claramente: allí estaba don José Pascual.

Aquellos días de incomunicación familiar fueron de intensa e íntima comunicación con Dios, porque, desde el momento en que fue detenido, sabía que sería fusilado. Tenía en su haber un delito imborrable: el carácter sacerdotal.
Mataron al Beato en las inmediaciones de Oropesa. En el sumario 2.797 del Juzgado Militar de Castellón, en el proceso instruido a Vicente Llop Almela, alias «Barrusco», uno de los dirigentes rojos, llamado Blas Casalta Carda, declara que don José Pascual Carda fue asesinado en las inmediaciones del pueblo de Oropesa.
El chófer que llevó en el coche a los asesinos y al mártir presenció el fusilamiento de Beato José Pascual, y quedó profundamente conmovido por el gesto del siervo de Dios, que “regaló al miliciano que iba a matarle su reloj, y aun le manifestó agradecimiento por el beneficio que le hacía con el martirio”. Este chófer no podía contener su emoción e inmediatamente lo contó, exponiendo su vida al hacerlo público.