El 2 de agosto de 1936, hace 75 años, fueron sacados de la cárcel de Barbastro, a las dos de la madrugada, veinte presos para ser fusilados, entre ellos los tres Superiores de los Claretianos. Sus familiares encontraron su cuerpo en el cementerio, atado su brazo al de un sacerdote.


El Beato Ceferino Giménez Malla es el primer gitano beatificado, conocido familiarmente como “el Pelé”, pertenecía a la Tercera Orden Franciscana. Tratante de caballerías, hombre cabal y honrado, era muy devoto de la Virgen y de la Eucaristía, generoso con los más necesitados y preocupado por la catequesis de los niños. Le llevaron al martirio en 1936 la defensa de un sacerdote y el empeño en seguir rezando el rosario.
 
Datos biográficos
Hijo de padres gitanos, nació en Benavent de Segriá, a escasos kilómetros al norte de la ciudad de Lérida, probablemente el 26 de agosto de 1861, fiesta de san Ceferino Papa, de quien tomó el nombre, y fue bautizado ese mismo día. Como su familia, Ceferino también fue un gitano que vivió siempre como tal, profesando la ley gitana tanto en su formación como en el desarrollo de su vida.
De niño recorrió los caminos montañosos de la región, dedicado a la venta ambulante de los cestos que fabricaba con sus manos. Todavía joven, se casó, al estilo gitano, con Teresa Giménez Castro, una gitana de Lérida de fuerte personalidad, y se estableció en Barbastro. En 1912 regularizó la unión con «su Teresa» celebrando el matrimonio según el rito católico. Comenzó desde entonces a frecuentar la iglesia hasta convertirse en un cristiano modelo. No tuvo hijos, pero adoptó de hecho a una sobrina de su esposa, llamada Pepita.
El Pelé dedicó los mejores años de su vida a la profesión de tratante experto en la compraventa de caballerías por las ferias de la región. Llegó a tener una buena posición social y económica, que estuvo siempre a la disposición de los más necesitados.
Acusado injustamente de robo y encarcelado, fue declarado inocente. El abogado que lo defendía dijo: “El Pelé no es un ladrón, es san Ceferino, patrón de los gitanos”.
Sumamente honrado, jamás en los tratos engañó a nadie. Por su reconocida prudencia y sabiduría, lo solicitaban payos y gitanos para solucionar los conflictos que a veces surgían entro ellos. Piadoso y caritativo, socorría a todos con sus limosnas. Fue un ejemplo de religiosidad: misa diaria, comunión frecuente, rezo cotidiano del santo rosario. Aunque no supo nunca ni leer ni escribir, era amigo de personas cultas y fue admitido como miembro en diversas asociaciones religiosas: Jueves eucarísticos, Adoración nocturna, Conferencias de San Vicente de Paúl y Tercera Orden Franciscana. Le gustaba dedicarse a la catequesis de los niños, a quienes contaba pasajes de la Biblia y les enseñaba las oraciones y el respeto a la naturaleza.
Al inicio de la guerra civil española, el 19 de julio de 1936 salió al centro de la ciudad para enterarse de lo que ocurría. Al ver que unos milicianos llevaban detenido a un sacerdote, los recriminó:
-“La Virgen me valga. ¿No os da vergüenza llevar así a un hombre? ¡Tantos contra uno, y además inocente!
Los milicianos se le echaron encima. Le registraron y encontraron un rosario en su bolsillo. Bastó eso para detenerlo y llevarlo maniatado a la cárcel. En distintas ocasiones quisieron obligarle a que se desprendiera del rosario, pero él no lo consintió. Lo dejaron por imposible, pero no lo liberaron.
En la madrugada del 2 de agosto de 1936, lo fusilaron junto a las tapias del cementerio de Barbastro. Murió con el rosario en la mano, mientras gritaba su fe: “¡Viva Cristo Rey!”. Juan Pablo II lo beatificó el 4 de mayo de 1997.
 
Para conocer más:
http://www.delejuventudcordoba.es/files/09.BEATO%20CEFERINO%20JIMENEZ%20MALLA.%20EL%20PEL%C3%89.pdf
http://www.pastoralgitanajaen.com/2011_05_01_archive.html