Ayer, 30 de julio, hace 75 años fueron martirizados en Cabañas de la Sagra (Toledo) los beatos Fray Constancio de San José (José Mata Luis) y Fray José María de la Virgen Dolorosa. Ambos se fueron hacia Madrid, pensando que allí les sería más fácil salvarse. Se disfrazan de carboneros, con un saquito terrero al hombro y emprenden la marcha. Caminan y caminan, pasan Olías del Rey sin ninguna dificultad y se van acercando a Cabañas de la Sagra. Se desviaron un poco en dirección a una fuente, donde bebieron agua; después cruzaron el pueblo y cogieron de nuevo la carretera. Al cruzar la segunda guardia fueron detenidos; les condujeron al Comité, situado en la plaza del pueblo; aquí fueron identificados como religiosos, por los escapularios que llevaban; fueron insultados, incluso uno de ellos, abofeteado. En esto estaban cuando llegó un camión de milicianos, que se dirigían de Madrid a Toledo. Enterados los milicianos de que aquellos dos detenidos eran religiosos, los mandaron subir al camión, y partieron con dirección a Toledo. Habían recorrido como un kilómetro, cuando en el kilómetro 54 de Madrid a Toledo, en la carretera, en la finca llamada hoy día “El Picón de los Frailes” fueron bajados del camión, y fusilados.
La comunidad de carmelitas descalzos de Toledo ofrendó a la gloria de Dios la vida de sus 16 mártires. Seis fueron sacrificados por las calles de Toledo el 22 de julio; ayer, los dos de Cabañas; hoy, cerca de su propio Convento, son fusilados otro siete. Sólo queda con vida el padre Tirso de Jesús María, que sería fusilado, tras un juicio absurdo, el 7 de septiembre de 1936.
Esto es lo que sucede en la mañana del 31 de julio de 1936.

 
En casa del doctor Emilio González
 
Es el último día del mes de julio y en la casa del Doctor Emilio González Orúe en la ciudad de Toledo, muy temprano, se presenta un albañil llamado Rosell, al que las milicias rojas han hechos sargento. Comunica que ha llegado una denuncia del Comité de Mocejón (Toledo) con la acusación de que en este domicilio hay frailes escondidos y que en las próximas horas vendrán para hacer un registro. La cosa está bastante clara, puesto que Emilia, la hija del médico, ha tomado una niñera con motivo de su último alumbramiento, que es de Mocejón. El padre de ella ha venido recientemente a buscarla, diciendo “que ahora ya no se van a estilar criadas”. La muchacha al llegar al pueblo habrá comentado en su casa que ha pasado mucho miedo en donde trabajaba, pues su señorita tiene frailes escondidos. Al padre le ha faltado tiempo para decírselo al Comité de su pueblo y estos milicianos han ido a Toledo a denunciarlo.
 
Francisca, a la que popularmente llaman Paca, que sirve desde hace más de treinta años en casa del Doctor, después de la breve visita de Rosell, sale sin más, apresuradamente, en dirección del Gobierno Civil, para buscar al secretario particular del Gobernador Civil, que está emparentado con la familia. Allí Paca le suplica y le llora rogándole que impida el registro para salvar la vida de aquellos hombres, cuyo único delito es ser religiosos. La respuesta es desoladora, ya que le responden que es imposible controlar a las masas armadas y que no pueden hacer nada por salvarlos.
 
Don Emilio piensa que lo mejor es que inmediatamente se trasladen al nº 1 de la Plaza de los Carmelitas. Allí tiene un piso, alquilado precisamente a una de las familias que ahora están acogidas en su propio domicilio: la mujer y los hijos del capitán Agulla. El Doctor le pide permiso a la mujer del militar y ella no pone ningún reparo. Desde la casa donde se refugian los frailes hay comunicación por los lavaderos y patios, sin salir a la calle. Don Emilio, antes de marcharse a su trabajo, con las llaves del piso traslada a toda la Comunidad. A los vecinos que salen al patio de la casa les hace saber que se hace responsable de aquel traslado y que como dueño del piso, en caso de problemas, él dará la cara.
 
Antes de salir para el piso, el Padre Nazario, subprior de la Comunidad, presagiando a lo que se exponen, según van saliendo del sótano, uno a uno les va dando la absolución preparándolos para morir. Y todos la reciben de rodillas. También las familias que contemplan la escena solicitan la absolución en previsión de lo que pueda suceder.
 
 
Los milicianos se presentan para detenerlos
 
A las once de la mañana, un piquete de milicianos capitaneados por el tal Rosell llega a casa del Doctor, pero no para el anunciado registros; para sorpresa de todos, lo que busca son las llaves del piso de alquiler donde están escondidos los frailes. Por los motivos que sean, alguien ha dado el chivatazo del traslado de los religiosos. Inmediatamente abren el piso y, a culatazos y empujones, son sacados a la calle. Uno a uno van saliendo con los brazos en alto. Son Padre Nazario del Sagrado Corazón, Padre Pedro José de los Sagrados Corazones, Padre Ramón de la Virgen del Carmen, Fray Melchor del Niño Jesús, Fray Félix de la Virgen del Carmen, Fray Plácido del Niño Jesús y Fray Daniel de la Sagrada Pasión.
 
Al llegar a la calle los milicianos se ponen a discutir entre ellos sobre el lugar de la ejecución. Al fin acuerdan que sea en los cobertizos al oírse una voz que grita: -¡A los cobertizos, a los cobertizos!
 
Paca, la sirvienta, va tras el grupo llorando y gritando con enorme valentía a los milicianos:
 
-¡Asesinos, asesinos!
 
Los milicianos se ensañan con el más anciano del grupo, el Padre Pedro José, de 75 años, pensando que es el Superior. Camino del lugar de suplicio, los demás van de dos en dos, dándose las manos. El último es el Padre Pedro, que va con las manos en alto, mientras le dan culatazos porque casi no puede andar. De pronto, se da la vuelta y encarándose con sus captores y mirándoles fijamente les dice:
 
-¿Qué mal os he hecho? ¿Por qué me vais a fusilar?
 
A pesar de lo cerca que están de los cobertizos, la impaciencia morbosa por terminar cuanto antes les hace detenerse y los frailes colocados a lo largo de la fachada que corre entre el costado de la iglesia y la puerta del huerto del convento, como si de un auténtico paredón se tratase. Antes de disparar descalzan al Padre Pedro José, porque los milicianos creen que lleva armas o dinero, y lo registran. Buscan dinero por todo el cuerpo y miran hasta en los calcetines.



Fray Plácido, a punto de ser fusilado, exclama a voz en cuello:
 
-¡Qué suerte morir por Dios!
 
Y mientras se pone de rodillas, dice a los demás:
 
-Hermanos, demos gracias a Dios, porque ha querido elegirnos para el martirio.
 
Ante el pelotón que está a punto de fusilarlos, Fray Plácido pide perdón para todos los que les fusilan y con fuerza grita:
 
-¡Viva Cristo Rey!
 
Entonces disparan, ensañándose con los frailes. Sus cuerpos yacían en el suelo, y la cantidad de orificios hecha por la fusilería hace que mane sangre abundante. Fray Plácido da aún señales de vida y uno de los asesinos hace el gesto para darle un golpe con la culata del fusil; pero otro compañero, mientras lo detiene, le dice:
 
            -¡Déjalo ya!
 
            La calle que baja hasta el Cristo de la Luz es un hervidero de milicianos y milicianas según cunde la noticia:
 
            -En casa de este tío beato, siete cerdos tenían escondidos.
 
            La familia del doctor González, acurrucada en un rincón de la casa, está oyendo los gritos. Llenos de miedo, esperan cualquier cosa de aquellos salvajes. El grupo vocifera, se trata de una masa agresiva; van todos armados. Hasta que un hombre con autoridad consigue, con su voz potente, acallar aquella vorágine y dispersarlos, comprometiéndose a dejar una pareja de vigilancia.
 
 
Hechos históricos narrados en la obra
Toledo 1936, Ciudad mártir” (Madrid 2008)
 
 
 
Estos son siete mártires del Carmelo de Toledo, de este día
 
·         P. Nazario del Sagrado Corazón (Nazario del Valle González)
Nació en Castilfalé (León), el 28 de junio de 1901. Profesión religiosa: Segovia, 2 de septiembre de 1917 y ordenación sacerdotal: Segovia, 22 de diciembre de 1923. En 1935, en el Capítulo Provincial Nazario fue elegido subprior y maestro de estudiantes de Toledo.
 
·         Beato Pedro José de los Sagrados Corazones (Jiménez Vallejo). Nació en Valdeprado (Soria), el 22 de febrero de 1861. Profesión religiosa: Segovia, 7 de julio de 1895. Se ordenó de sacerdote el 28 de agosto de 1895. Su último destino fue Toledo, desde mayo de 1924 hasta su muerte. Fue confesor ordinario de los estudiantes y profesor de los mismos de Teología Moral y Derecho Canónico y Liturgia de 1930 a 1936.
 
·         Beato Ramón de la Virgen del Carmen (José Grijalvo Medel) Nació en Calahorra (La Rioja), el 29 de marzo de 1896. Profesión Religiosa: Segovia, 20 de diciembre de 1914. Ordenación sacerdotal: Ávila, 18 de junio de 1922. En 1930 pasa a Toledo y aquí permanecerá hasta su muerte. En el Colegio de Toledo fue profesor de Teología Espiritual. Muy entregado al apostolado y a su entera vida carmelitana.
 
·         Beato Fray Melchor del Niño Jesús (Melchor Martín Monge). Nació en San Pedro de Cansoles (Palencia), el 18 de julio de 1914. Profesión religiosa: Segovia, 27 de agosto de 1930. Estaba en Toledo en su tercer y último año de Teología (1935-1936).
 
·         Beato Fray Félix de la Virgen del Carmen (Luis Gómez de Pablo). Nació en Valladolid, el 9 de enero de 1912. Profesión religiosa: Segovia, 4 de octubre de 1930. En 1934 se traslada el estudiantado a Toledo y aquí prosigue los cursos hasta el último que termina un mes antes de su martirio.
 
·         Beato Fray Plácido del Niño Jesús (José Luis Collado Oliver). Nació en Madrid, el 25 de enero de 1912. Profesión religiosa: 18 de marzo de 1931. En enero de 1935 va a Toledo; se integra en el segundo curso de Teología, ya en marcha y lo aprueba. Culmina también el siguiente curso (1935-1936).
 
Por el mes de mayo de 1936 le llegaba una carta de su madre, Rosalía Nine: “Hijo, corren rumores de que va a estallar una guerra civil en España. Temiendo pueda ocurrirte una desgracia, solicita y pide permiso a tus superiores para que puedas venir a nuestro lado”. La respuesta de fray Daniel fue: “La suerte que puedan correr mi superior y hermanos, quiero sea la mía también. Mientras, Vd., como madre, rece y pida mucho al Señor y a la Santísima Virgen del Carmen para que nos proteja a todos”. Ahí sigue valiente y animoso en Toledo.


 















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