Algunos de Vds. habrán reparado en que hoy 21 de julio a las 2:56 hs. hora internacional UTC, celebramos el 42 aniversario de la primera vez en que un ser humano puso el pie en la luna. Algunos recordarán las primeras palabras pronunciadas en nuestro satélite por Neil Armstrong, cuando al poner el pie en ella, dijo aquello de “este es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la Humanidad” (That´s one small step for a man, one giant leap for mankind”).
 
            Pocos de Vds., sin embargo, conocerán otro de los grandes hechos que tuvo lugar con ocasión de tan extraordinario evento. Concretamente, la primera ocasión en que hallándose en la luna, un ser humano celebraba una eucaristía, que no es otra que la que celebró el astronauta Eugene “Buzz” Aldrin, el segundo hombre en poner el pie sobre la superficie lunar. Cosa que hizo en el exacto momento en que una vez desprendido del módulo de mando Columbia el módulo lunar Eagle que había de alunizar, los dos astronautas en su interior, Neil Armstrong y Buzz Aldrin, se disponían a abandonarlo para su paseo por el satélite terrestre.
 
            Todo empezó con una comunicación de Aldrin a Houston. “Aquí el piloto del módulo lunar. Me gustaría aprovechar la oportunidad para pedir a todo oyente, quienquiera que sea y dondequiera que esté, que haga una pausa y reflexione sobre los eventos de las pasadas horas y dé gracias en la forma que sepa”. Momento que aprovechó para hacerlo él en la que estimaba más conveniente, sirviéndose la comunión que llevaba consagrada por un pastor de la Iglesia presbiteriana a la que pertenecía, concretamente el de la iglesia de Webster (Houston), de nombre Dean Woodrof, el cual a su vez, había consultado sobre la viabilidad del sacramento a la Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana, que le respondió afirmativamente.
 
            El propio Aldrin escribió en octubre de 1970 el relato de lo que hiciera en aquella ocasión:
 
            “Abrí la pequeña cajita que contenía el pan y el vino. Vertí el vino en el cáliz que nuestra iglesia me había dado. En la gravedad de la luna, un sexto de la terrestre, el vino corrió lentamente y graciosamente llenó la copa. Entonces leí la Escritura: “Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto”. “Comí la fina hostia y tragué el vino. Di gracias por la inteligencia y el espíritu que había traído a dos jóvenes pilotos al Mar de la Tranquilidad. Para mí, fue muy interesante pensar: el primer líquido nunca vertido en la luna y el primer alimento nunca comido en ella, fueron los elementos de la eucaristía”.
 
            El pasaje mencionado, perteneciente al Evangelio de Juan, concretamente Jn. 15, 5, había sido elegido por el propio astronauta, que lo convirtió así, en el primer pasaje de la Biblia y del Nuevo Testamento pronunciado nunca en la luna.
 
            En cuanto al pequeño cáliz usado por Aldrin, éste volvió a la iglesia de Webster, donde cada domingo más próximo al 20 de julio celebran sus feligreses lo que dan en llamar la Comunión lunar.
 
 
 
 
 
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