Adicciones en el noviazgo

 

  Uno de los avances que se han dado últimamente en el terreno social es la consideración de igualdad del hombre y la mujer. Cosa que por otra parte es obvia, pero muchas veces lo obvio es lo más difícil de descubrir y de explicar.

   Hay que tener en cuenta que una cosa es que sean iguales como personas y como sujetos de derecho,  y otra es que un hombre sea igual a una mujer. No hace falta nada más que tener un hijo y una hija, para darse cuenta de la diferencia que hay.

    Para que una pareja funcione, el hombre tiene que ser tratado como tal y la mujer también.

 

    En este ultimo apartado nos damos cuenta que la mujer está llevando la peor parte, existe mucha violencia física y sicológica contra ella. También contra el hombre, pero ésta es más sicológica que física. No voy aquí a hablar de las causas de la violencia, porque éste no es el propósito de este  post y, probablemente, yo no sabría hacerlo con la suficiente  profundidad.

 

    En lo que sí me gustaría incidir es en el hecho de que, de unos años a esta parte, en un amplio segmento de la juventud, se está identificando diversión con drogas y alcohol. Nadie negará que estos hábitos estén teniendo una influencia grande en las relaciones de pareja y en la agresividad en las mismas.

 

    Se puede estar conociendo a una persona y quizás no darnos cuenta  de la importancia con que estos hábitos de vida influirán  en su conducta futura.

    Cuántas veces, en la orientación familiar, te viene alguien  diciendo que se ha casado con una persona que no sabía que era alcohólica.  Por que, en realidad,  bebía lo que los demás,  tomaba lo que todo el mundo. Vamos, que hacia lo normal.

 

    Lo que de novios aparece como una forma de divertirse, una vez casados, esas conductas empiezan a presentarse como negativas e insoportables en la relación.

    Antes formaban parte de la diversión, ahora forma parte de la vida. Nadie, por lo general, te va a decir: “Oye, tu novio, tu novia bebe más de la cuenta, o bebe mucho”.

    No es políticamente correcto. Aparte de que los baremos están dislocados. Se puede decir sin temor a equivocarse que la mayoría de los jóvenes que beben, lo hacen en una cantidad excesiva para su salud y negativa para el futuro de una relación.

    Con una persona que esté enganchada a drogas, del tipo que sean, es imposible llevar una convivencia que tenga una cierta normalidad.

 

    Una persona que reúna esas características podemos decir que, en muchos casos, está incapacitada para querer; se le hace muy difícil, si no imposible, amar al otro.

    Tengamos en cuenta que uno de los componentes del amor es la voluntad, junto con la inteligencia y el sentimiento. Una persona sin voluntad es una persona que no es libre para querer. Cuanto más adicta sea a sustancias que le cambian su forma de ser, pensar, comportarse como es, y cuanto más incapaz sea de liberarse de estas sustancias, más difícil se le hará querer, más difícil será, por tanto, la convivencia.

 

    Muchos de los fracasos matrimoniales de los próximos años se están fraguando en nuestros días.  No nos quepa la menor duda de que muchas de las causas tienen relación con lo que estamos comentando.

    Tengamos en cuenta que lo que se dice de los hombres se puede decir de las mujeres.