¿A que no sabía Vd. que existía en Europa un lugar distinto del Vaticano en el que no era posible todavía obtener un divorcio? Pues bien, sí, ese lugar existía y es Malta, un país en el que un divorcio sólo era posible si obtenido en el extranjero, o en el caso de matrimonio entre un maltés/a y un/a extranjera. Pues bien, según todo parece indicar, dicha situación toca a su fin.
 
            El pasado sábado se ha celebrado un referéndum en el que se preguntaba a los malteses sobre la posibilidad de aprobar una ley de divorcio. El propio primer ministro maltés, Lawrence Gonzi, del Partido Nacionalista gobernante, había hecho campaña contra el sí, es decir contra el divorcio, pero ayer mismo ha reconocido la derrota de su posición: “No es el resultado que yo deseaba, pero la voluntad del pueblo debe ser respetada. El Parlamento tendrá que elaborar una ley para la introducción del divorcio”.
 
            El resultado ha sido, sin embargo, bastante apretado, y según parece, sólo un porcentaje entre el 52% y el 54% de los malteses se habrían manifestado pro-divorcio. El divorcio no será posible sin mediar una separación previa de cuatro años.
 
            Malta era una posesión española, que el Emperador Carlos V, que la tenía en su condición de rey de Aragón, donó en 1530 a la Orden de Malta, sucesora y heredera de una de las tres grandes órdenes de Tierra Santa, los Hospitalarios, cuando éstos fueron expulsados por los turcos en 1522 de la isla de Rodas, en la que se habían refugiado al perderse las posesiones cristianas en Tierra Santa.
 
            Malta siempre se consideró a si misma inexpugnable bastión del cristianismo y barrera frente al islam, de lo que da buena cuenta la heroica defensa de la isla ante el Turco en 1565, circunstancia en la que tras resistir al durísimo asedio de ciento sesenta galeras y treinta mil soldados, las tropas españolas del sur de Italia consiguieron liberar a la isla del sitio, pavimentando el gran éxito de seis años después en aguas de Lepanto, donde se pondría punto final al poderío naval turco en el Mediterráneo.
 
            No es por todo ello de extrañar que Malta haya hecho de su religiosidad católica signo de identidad, tratándose, de hecho, de un país en el que un 72% de sus nacionales declara ir todos los domingos a misa, y en el que, por lo que se refiere al matrimonio, la gran mayoría de los malteses se casa por la Iglesia.
 
            Aunque la gente tiende a creer que en Malta se habla inglés, y de hecho es una de sus lenguas oficiales, la lengua que habla la gente en la calle es el maltés, un endiablado dialecto del árabe con incrustaciones del inglés (por ejemplo los números), residuo de los dos siglos de presencia árabe en la isla, entre los años 870 y 1090. Acudir, por ello, a una iglesia maltesa tiene el aliciente de escuchar un culto perfectamente cristiano y católico a un Dios Padre al que los malteses se refieren como Alá.
 
 
                (*) Para que se hagan Vds. una idea, en España, según una encuesta del CIS de octubre de 2009, un 42,3% de los españoles reconoce ir a misa u otros oficios religiosos "varias veces al año, alguna vez al mes, casi todos los domingos o varias veces a la semana".
 
 
 
 
 
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