Sabemos de sobra que la “santidad oficial” se declara después de la muerte, y tras  una larga y minuciosa investigación, que viene abalada por los milagros. Pero la santidad efectiva se ve, se palpa en la vida de las personas que están muy cerca de Dios. No hizo falta ninguna declaración magisterial para que el pueblo gritara al morir Juan Pablo II: “Santo súbito”. Se veía. No se puede disimular por muy humilde que sea la persona.
        Quiero traer al Blog alguna de las personas santas que viven entre nosotros. Y una de ellas es Mons. Javier Echevarría, el Prelado del Opus Dei. Me decía hace unos días un amigo de cierta categoría en el mundo de la empresa y la enseñanza, no del Opus Dei, que cada vez que va a Roma visita a D. Javier Echevarría, al Padre, como se le llama familiarmente. Ve en él a un santo de una pieza. Le cuenta sus problemas, sus alegrías, sus preocupaciones, y sale siempre reconfortado. “Tengo la tranquilidad –me decía- que un santo me está encomendando a Dios”.


 
        Conozco al Prelado del Opus Dei por las veces que lo vi ocupando una tercera fila tras San Josemaría Escrivá. Posteriormente lo vería en una segunda fila tras D. Álvaro del Portillo. Finalmente al frente de la Obra. Yo no sabía cómo era su voz hasta que fue elegido Prelado. Cuando ya empecé a oírle en algunas ocasiones, me acordé del aquel sello discográfico de “La voz de su amo”. Con distinto tono y estilo propio, oírle a él es escuchar la llamada apremiante que nos hacía San Josemaría a la santidad, al amor de Dios y a la Iglesia, y a todo lo que encierra la espiritualidad original del Opus Dei. Los santos siempre se parecen. Y hay que disfrutarlos en vida. Después estarán más cerca, pero no los vemos.
        Me encontré este entrañable relato que publicó en su Blog un miembro de la Obra. Lo titula “Un regalo de la Virgen”:
 
En la vida del, que tiene desde su origen un marcado carácter de familia, al se le llama sencillamente Padre. Pues esta mañana, me dirigí a la Basílica del Pilar para asistir a la santa misa , sería alrededor de las 12:50.Al llegar a la Santa Capilla, vi a unos sacerdotes frente a la imagen de nuestra Señora, conforme me fui acercando a los primeros bancos, reconocí a , Vicario del Opus Dei en Aragón y Rioja, pero ellos se dirigieron hacia la puerta que da acceso al presbiterio por el lado mas cercano a la Imagen de nuestra Señora, me dirigí a saludarlo y entonces cual no será mi sorpresa , que reconozco en los sacerdotes a, Vicario Regional y a y , Custodes del Padre. El corazón se me puso en un puño... Yo al verlos a ellos me dije ¡aquí está el Padre! Y efectivamente cuando se lo estaba preguntando a D.Jorge Balcells apareció el Padre saliendo del Camarín de la Virgen. Lo vi con todo el peso de la Obra sobre él , su rostro con una sonrisa en los labios denotaba cansancio, la responsabilidad de la Obra en sus espaldas, me abalancé sobre él y tras besar el anillo pastoral le di un abrazo exclamando ¡no me lo puedo creer!. Ni yo estaría en Zaragoza en condiciones normales, ni esa era una visita programada del Prelado. Estaba allí sin boato, como un sacerdote más, como un hijo de María que siente que la vida terrenal es corta y labor excelsa, pidiendo ayuda, orando por sus hijos. No creo en la casualidad y el  me dio un abrazo , compartió conmigo el testigo de la carrera y ahora yo debo poner cuanto sea posible de mi parte y correr , no como el que tiene prisa, sino como aquel que sabe con certeza donde está la meta y no debe ni detenerse ni desviarse del camino. Gracias Madre por este regalo, gracias Padre "Ecce ego quia vocasti me".


 
         Pues así es. Un regalo de la Virgen. No nos empeñemos en eclipsar a los santos con nuestras mezquinas calificaciones. Si Dios los pone a nuestro lado, al menos demos las gracias, y tratemos, a nuestro modo, seguir la misma voz de Dios que nos llama a la santidad.
        Pude escuchar a D. Javier  Echevarría una conferencia que nos dio a los sacerdotes en Valencia. Éramos muchos y, sin fanatismo de ningún tipo, pude ver en las caras de todos un gesto de admiración, cariño y gratitud. Nos estaba diciendo la verdad. Los sacerdotes somos los hijos de Dios más queridos, en donde el Señor ha depositado el poder –carisma- del perdón de los pecados, la Consagración, el pastoreo de las almas, los Sacramentos, y ¡tantas cosas..! Y le dimos las gracias por recordarnos las verdades de siempre. 

 
        Cada mes envía una carta a todos los miembros de la Obra y a cuantos gustosamente quieran leerla. De la carta de este mes de marzo extraigo este párrafo:
En una visión cristiana de la vida, cada momento es favorable y cada día es día de salvación, pero la liturgia de la Iglesia —comenta el Santo Padre— refiere estas palabras de un modo totalmente especial al tiempo de Cuaresma.. Las semanas que nos disponemos a recorrer son especialmente aptas para acercarnos una vez más al Señor, atraídos por su gracia. Pidamos al Espíritu Santo que nos haga descubrir la seriedad de esta llamada, de modo que no pasen estos días por nuestra alma —así escribió San Josemaría— como pasa el agua sobre las piedras, sin dejar rastro. Digámosle al Señor: me dejaré empapar, transformar; me convertiré, me dirigiré de nuevo al Señor, queriéndole como Él desea ser querido.
        Cuando uno está cerca de un santo se nota que Dios está por medio. Y le doy las gracias a El por haberlo conocido.

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 Juan García Inza
juan.garciainza@gmail.com