En una alocución televisada absolutamente inusual en el país del Sol Naciente, el Emperador Aki Hito se ha dirigido a sus compatriotas en un breve discurso en el que, por lo menos dos veces, ha expresado que, ante los gravísimos acontecimientos por los que atraviesa el país, está rezando.
 
            En la primera ocasión dijo que “reza por la seguridad de tanta gente como sea posible”.

            En la segunda ocasión expresó:

            “La gente se ve forzada a evacuar en tales condiciones de frío, con cortes de agua y combustible, que no puedo evitar rezar porque el rescate sea llevado a la práctica de manera rápida y porque la vida de las personas mejore”.
 
            Un portavoz de la Casa Imperial ha declarado que es la primera vez que el Emperador se dirige a su pueblo por televisión con ocasión de una catástrofe natural. Cuando en 1995 tuvo lugar el terremoto de Kobe con 6.400 víctimas, el Emperador Aki Hito se limitó a emitir una declaración escrita.
 
            En la más celebre alocución imperial jamás producida, la que tuvo lugar el 15 de agosto de 1945, la primera en la que un Emperador del Sol naciente se dirigía a la nación y en la que su voz era oída por sus súbditos, el padre de Aki-Hito, Hiro-Hito, anunció por radio la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial. Poco después, en el llamado Ningen-Sengen, o Declaración de humanidad, emitido el 1 de enero de 1946, Hiro-Hito realizaba esta afirmación histórica:
 
            “Los lazos entre Nos y nuestro pueblo se han cimentado siempre sobre la mutua confianza y afecto. No dependen de meras leyendas y mitos. No se predican sobre falsas concepciones de que el Emperador es divino, ni sobre que los japoneses sean superiores a otras razas y llamados a gobernar el mundo”.
 
            Llama la atención que hasta el hijo de un Dios que renunció a serlo, rece cuando las cosas vienen mal dadas. Está claro que esto de rezar es inherente al ser humano, por muy cercano que esté de ser, él mismo, Dios, cosa que cabe decir de Aki Hito, de su papá... pero también de cualquiera de los pequeños diosecillos que habitan en cada uno de nosotros. E independientemente de la religión que cada uno profese (en el caso de Aki Hito el sintoismo). Y aunque la misma sea el ateísmo. ¿O acaso no han visto Vds. nunca rezar a un ateo?
 
 
 
 
 
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