El fervor embargó a los mineros chilenos rescatados el año pasado de debajo de la tierra al seguir los mitológicos pasos de Jesús en la Vía Dolorosa y orar en el Santo Sepulcro de Jerusalem para agradecer el milagro de su rescate.

Veinticinco de los 33 mineros que permanecieron más de dos meses sepultados en la mina de San José vivieron la jornada más importante de su peregrinación a Tierra Santa al caminar con sus esposas y madres por las empedradas calles de la ciudadela jerosolimitana.

Recorrieron las nueve primeras estaciones de la Vía Dolorosa, que comienza donde, según la teología cristiana, Jesús fue condenado a muerte, hasta llegar a la plaza de la Iglesia del Santo Sepulcro, en la que fueron recibidos con aplausos por los turistas y religiosos que allí se encontraban.

Una vez en la Basílica, el lugar más sagrado del cristianismo, visitaron las estaciones que marcan los lugares donde el Nuevo Testamento dice que Cristo fue crucificado, yació, fue enterrado y resucitó al tercer día.

Los mineros y sus familias se inclinaron ante la piedra de la unción, entonaron un Padre Nuestro y un Ave María en el Monte del Calvario, en el interior de la Basílica, y tocaron con sus manos el hueco de la piedra en la que se cree que estuvo clavada la cruz.

La emoción se apoderó de los mineros y sus familiares durante todo el recorrido, en el que trataban de escaparse de las cámaras de los periodistas para tener un momento de recogimiento.

"Es una sensación enorme, maravillosa. Para todo creyente, sea como sea su fe, es un sueño cumplido", señaló Samuel Ávalos.

Uno de sus compañeros de sufrimiento bajo tierra, Richard Villarroel, destacó su alegría por poder "presentar al Señor" a su bebé, al que llevaba en brazos y bautizará en el río Jordán.

"Quiero dar gracias a Dios por toda esta gente que nos ayudó a nosotros a que saliéramos vivos de la mina", agregó.

Juan Carlos Aguilar, por su parte, subrayaba el "privilegio" que les ha concedido Dios, primero al sacarles de "debajo de la tierra" y ahora al traerles a Tierra Santa.

"Tenemos muchos viajes, pero éste es el más bonito, el que sabíamos que nos iba a quedar para toda la vida, el del camino de Dios y todo lo que Él pasó para poder estar con nosotros", declaró Víctor Zamora, bautizado como "El Poeta" porque escribía poemas a su mujer desde su encierro subterráneo.

Quizás quién vivió el momento con mayor intensidad fue el "guía espiritual" del grupo durante el tiempo que permanecieron enterrados, José Henríquez.

"Nosotros ahí clamamos a un Dios vivo y Él nos respondió y nos ha regalado todo estos viajes a diferentes países del mundo. Él nos rescató y tomó dominio de todo el aparataje de salvación. Es un Dios que responde a la oración, que tiene oídos, que escucha al pecador. Nosotros creímos en Él y Él nos respondió", dijo.

El párroco franciscano Agustín Molini, que les guió en la visita a la Basílica y les dirigió en la oración, estableció un paralelismo entre la salvación terrenal de los mineros y la divina en el mundo de los cielos.

"Este lugar de la resurrección es para sacarnos a todos de la esclavitud y del abismo del pecado para resucitar para una vida nueva y eterna. Éste es el paralelo del rescate de los mineros de Chile, por la gracia del Señor, y del rescate que Él quiere para nosotros y para todo la humanidad para siempre", argumentó.

A lo largo de todo el recorrido estuvieron acompañados por su anfitrión en este viaje de ocho días a Tierra Santa, el ministro de Turismo, Stas Misezhnikov.

Tras abandonar la Basílica recorrieron los barrios musulmán y judío de la ciudad vieja hasta llegar al Kotel o Muros Occidental (conocido popularmente en el mundo no judío como Muro de los Lamentos), donde fueron recibidos por Shmuel Rabinovitch, rabino del lugar más sagrado para el judaísmo.

Tocados con una kipá (el solideo judío), los mineros escribieron mensajes de agradecimiento o deseos que colocaron en las rendijas de las piedras del Muro.

Allá donde iban eran acogidos con alegría por los transeúntes, muchos de los cuales querían fotografiarse con ellos al enterarse de quienes se trataba.

Los de Atacama y sus familias visitarán estos días otros lugares sagrados del cristianismo como el Monte de los Olivos, la Iglesia de la Natividad en Belén, la ciudad de Nazaret, el río Jordán o el escenario del milagro de los panes y peces.

NOTAS

 

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