Continuando con el post anterior, está claro que el tema de las supuestas apariciones marianas de Medjugorje no deja a nadie indiferente y suscita la reacción apasionada de cuantos han tenido una experiencia de Dios en el recóndito pueblo de Bosnia-Herzegovina. 

Entiendo que la comisión creada por el Vaticano tendrá que investigar varios aspectos del fenómeno de Medjugorje. En el anterior artículo comenzaba por uno de ellos, la relación con la Iglesia y sus legítimos pastores. Quedan dos temas fundamentales a la hora de hacer un discernimiento: los frutos de Medjugorje y el contenido de los mensajes.

Todo el mundo parece anteponer los frutos de Medjugorje a toda consideración sobre los mensajes en sí mismos, por lo que voy a abordar el tema de los frutos en primer lugar, dejando los mensajes para una publicación posterior.

En primer lugar, y para centrar la cuestión, empezaré por justificar el título de este post citando unas palabras del Nuncio Apostólico para Bosnia Herzegovina, monseñor Allessandro D´Errico, pronunciadas ante la conferencia episcopal del país balcánico el pasado 18 de marzo de 2010:

El Santo Padre está más que familiarizado con el fenómeno de Medjugorje, lo cual me ha mencionado incluso personalmente. Es consciente del tremendo caudal de influencia buena y positiva de sacerdotes locales, religiosos, franciscanos y laicos, y en consecuencia, le resulta muy dificultoso constatar  que haya tanta información contradictoria sobre este mismo asunto”.

La Iglesia efectivamente está tratando de discernir lo que ocurre en el lugar de las apariciones, y a la par, millares de peregrinos acuden en tropel al mismo, refiriendo experiencias de conversión y de gracias extraordinarias.

Personalmente conozco mucha gente para quienes Medjugorje ha supuesto un antes y un después en su vida de fe, y también he oído comentarios muy positivos de labios de sacerdotes que han acudido al lugar.

Uno de ellos es Chus Villarroel O.P., cuya opinión me aconsejaba oír algún lector en el post anterior, y de la cual ya estaba al tanto por introducir un elemento interesante al debate.

Chus hablaba no sólo de la experiencia de la misericordia de María que se puede tener en Medjugorje, sino también del extraordinario argumento que es la grandísima cantidad de vocaciones que se deben a una visita a Medjugorje. Acababa concluyendo que con tantas vocaciones y cambios de vida radicales de por medio, la Iglesia no puede nunca desautorizar lo que se vive en Medjugorje.

En el mismo sentido se pronunciaba oficiosamente el cardenal Schönborn, quien se ganó hace nada el reproche del obispo local, Monseñor Peric, por su mediatizada visita y declaraciones  acerca de las apariciones, en las que hablaba de las vocaciones de su diócesis debidas a Medjugorje.

El caso es que ante tanto fruto, tantas conversiones y vocaciones suscitadas, así como tanta gente rezando el rosario, confesándose y en adoración eucarística, la cuestión de Medjugorje parece facilísima de discernir, por aquello de “por sus frutos los conoceréis”.

Aquí es donde empieza la primera dificultad que yo veo a todo el tema, pues el fruto que hay que discernir se confunde muchísimas veces con los medios para la gracia.

No hemos de confundir lo que objetivamente son medios, los sacramentos, con el fruto de vida cristiana y madura que han de producir.

Por mucho que escandalice lo que voy a decir, se puede ir a Misa, rezar devotísimamente y hacer grandes penitencias, sin estar en absoluto convertido a Jesucristo.

Con esto no digo que esto sea lo que le pase a la gente que va a Medjugorje, sólo apunto algo de Perogrullo, que normalmente se pasa por alto en este tema: no basta con rezar para vivir una vida genuinamente cristiana (aunque no se pueda vivir una vida genuinamente cristiana sin rezar).

Creo que en Medjugorje se viven los sacramentos, y que los sacramentos producen fruto en las personas, y en Medjugorje he visto a la Iglesia administrándolos, presente en sus miembros y en sus sacerdotes.

Aunque me genere una dificultad grande pensar que todo esto se haya hecho en contra del obispo local, no niego la acción de Dios allá donde se reza, donde se le busca de corazón y donde está presente sacramentalmente. Negarlo sería tirar por tierra la experiencia de mucha gente que conozco que ha sido buena, reportándoles un fruto.

Ahora bien, ¿podemos atribuir esta experiencia a las supuestas apariciones o cabe atribuirla a la fe de la gente?, ¿está la Virgen María apareciéndose y actuando sobrenaturalmente en este lugar desde 1981?

Estos son precisamente los temas que hay que discernir, y cualquiera que dé el discernimiento por terminado, dándolo por bueno o por malo, va unos cuantos pasos por delante de la Iglesia, y debiera ser consciente de ello.



Hay muchos frutos que valorar y sopesar, y para hacerlo hay que ver también las actitudes y las maneras de estar en la Iglesia que generan.

A este respecto tengo amigos convencidos del tema, que personalmente me generan toda la credibilidad del mundo, pero faltaría a la verdad si no dijera que hay también mucha gente que me produce la impresión contraria.

Si hablamos de frutos, habrá que examinar qué tipo de experiencia de Jesucristo y de la Iglesia tiene la gente que vuelve de Medjugorje.

En lo que yo he percibido, se genera una vivencia cristiana un tanto “desplazada”, por cuanto el centro de gravedad de la vida cristiana parece alejarse de un sano cristocentrismo para gravitar sobre lo que la Virgen dice o deja de decir, incluso por encima de la Iglesia (como cuando se critica al obispo y se habla en contra de él).

También se desplaza la vivencia de la vida cristiana al lugar de las apariciones, y los frutos de lo vivido allí revierten en la formación de grupos paraparroquiales que tienen una cierta tendencia a absolutizar las apariciones y presentarlas al resto de la gente como algo fundamental, a tiempo y a destiempo.

El Catecismo es bien claro a este respecto diciéndonos que las revelaciones privadas nunca serán obligatorias de creer para nadie (CIC 67).

Yo entiendo que se rece y que se quiera vivir lo de Medjugorje en casa, pero no veo un fruto claro de reconstrucción de la Iglesia, o de las parroquias y los grupos de fe, sino más bien algo que tiene una tendencia a desplazar el centro hacia fuera de la acción ordinaria de la Iglesia y de lo ordinario con lo que nos toca lidiar en casa.

Si hablamos de frutos, también hemos de ver algo que un sacerdote ahora en proceso de beatificación dijo una vez a un buen amigo: “las señales siguen a los cristianos, no los cristianos a las señales”.

Dando por bueno todo lo vivido en Medjugorje, ¿cuáles son las señales que vemos de vuelta a casa?; ¿de qué manera se manifiesta el Señor entre la gente devota de Medjugorje?, ¿en qué manera revierte para bien de la Iglesia y de los demás todo lo vivido ahí?

Perdónenme el ramalazo carismático, pero es que si algo he aprendido de lo sobrenatural y de la acción de Dios, es que donde dos o tres están reunidos en su nombre, ahí ocurren auténticos milagros. El Espíritu Santo se manifiesta, se derraman dones y carismas, y la acción ordinaria de la Iglesia se llena de colorido, fuerza y unción...y Dios se revela donde se le deja hablar, donde el Espíritu es Señor, dónde se ora en comunidad.

Y para eso no hace falta irse a la Conchinchina, ni acudir a un santo carismático, ni a un taumaturgo, ni a un vidente…y eso que Dios usa sus profetas.

 Pero el Dios que yo conozco habla a través de pollinos, de reyes, de pecadores reciclados, de mendigos y de lo que sea. Y Dios habla mucho, habla en todas partes, habla de diferentes maneras y a través de diferentes personas…y esto siempre lo he visto dentro de la Iglesia.

 Lo he visto igualito en misas carismáticas, en misas normales, en misas aburridas, en misas tradicionales, incluso, oh escándalo, en misas progres.

 A Dios yo lo he visto en la Iglesia, y es ahí donde sigo viéndolo, en todas partes del mundo, con todo tipo de cristianos, con gente  pecadora y con gente santa.

Teniendo esto en la puerta de casa, en mi parroquia, en mis grupos, y en cada sucursal cristiana a lo largo y ancho del mundo (léase iglesias, grupos de oración, cristianos), me chirría la centralidad que Medjugorje está tomando para algunos, y esto también es un fruto que hay que discernir, porque puede acabar antagonizando a la voz de la Iglesia.

Por estas razones, y por muchas más que me guardo por no entrar en lo personal, creo que al menos estarán de acuerdo, junto con el Papa, en que Medjugorje tiene unos frutos de lo más controvertidos.

Como se puede ver es muy complicado esto de discernir frutos, y voy preparándome el paraguas para el chaparrón que me va caer…

Lo importante es querer ir un poco más allá del simple hecho de tener a la gente todo el día con los ojos vueltos al cielo, como si Jesús no se hubiera ido:

Y mientras miraban fijamente al cielo, viendo cómo Jesús se alejaba, dos hombres vestidos de blanco se aparecieron junto a ellos y les dijeron: - Galileos, ¿por qué seguís mirando al cielo? Este mismo Jesús que estuvo entre ustedes y que ha sido llevado al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que lo han visto irse allá”(Hechos 1,10-11)

PD:Para más sobre el tema, otros dos post: Lo que no veo de  Medjugorje y Por qué Medjugorje es tan problemático