Decía el Papa en el avión que le trajo a España: "España fue siempre, por una parte, uno de los países donde se originó la fe", y añadió: "Pero es obviamente cierto que en España también nació un laicismo, un anticlericalismo, un secularismo fuerte, agresivo, como lo vimos en los años treinta. Y esta disputa, este enfrentamiento entre fe y modernidad se realiza hoy de nuevo de modo muy vivaz en España".

No habló del gobierno; sencillamente constató una realidad.

¡Madre mía la que se armó en ciertos ambientes! Que si es meterse donde no lo llaman, que hubo injerencias indebidas, que fueron palabras imprudentes, qué falta de delicadeza hablar así de un pueblo que lo iba a acoger… No me sorprenden estas actitudes ya que en esos ambientes se repiten. ¿Alguna vez dirá el Papa algo que a ellos les complazca?

Algunos botones de muestra:

La secretaria del Área de Política Internacional y Cooperación del PSOE, Elena Valenciano, dijo que "el Papa se equivoca gravemente" al hablar de la existencia de "laicismo radical" en España y, por el contrario, aseguró que “el Gobierno de Zapatero ha tratado mejor a la Iglesia católica que otros gobiernos". Decir que en España "se está viviendo una crisis espiritual como la de los años treinta es, cuando menos, desconcertante. Nos evoca a tiempos que creíamos superados, aunque no olvidados”.

No he sido yo quien abrió el tema. También yo creía que estaba superada esa división en España, que nos llevó a la guerra que nunca debió darse aunque España estuviese ya muy dividida y de manera irreconciliable. Pero actualmente se abrió el enfrentamiento con actitudes no correctas e imprudentes.

Organizado por la Fundación Ferrer i Guàrdia y el Moviment Laic i Progressista, el Foro «Espacio de Libertad», en la «Declaración Final» se utilizó un lenguaje belicista. Se citaron términos como «el combate laico», o «la tensión militante», pero al mismo tiempo se denunció un supuesto «intento deliberado de incitar al odio para provocar choques violentos y presentar la convivencia pacífica como un imposible». Y se acusó a «los líderes religiosos de presentar a las religiones como peones en la lucha por el dominio del mundo».

Y todo esto por decir el Papa lo que dijo pero que no dijo. ¿Es que alguien no ve que hay como un ataque constante (y a veces con la colaboración de las autoridades) a la Iglesia y a sus instituciones? Pero no sólo de organizaciones y entidades del Estado, sino de medios de comunicación con la anuencia de las autoridades. Y no es que pretendamos volver al nacional catolicismo, sino sencillamente a la libertad religiosa de cualquier institución que no atente contra el bien común.

El presidente de Profesionales por la Ética: «Nos encontramos —asegura—ante la clásica andanada del laicismo más agresivo y totalitario. Para los organizadores de ese foro, la Iglesia Católica y sus seguidores constituyen un obstáculo para el progreso, los “nuevos derechos” y la construcción de “sociedades abiertas”. Se trata de relegar al espacio privado la visión católica de la vida y la persona y sustituirla por una ideología y una ética civil que todos tenemos que obedecer». Tampoco lo ha dicho el Papa aunque sea así.

Y la perla de Joan Ridao que le reprocha a Zapatero que mantenga a la Iglesia como una «garrapata de lujo». Sr. Ridao, con insultos y mala educación ni se solucionan los problemas ni se puede dialogar de una manera civilizada.

¿Puede alguien negar que en estos momentos hay una tensión entre la concepción de un Estado laico y un estado laicista? La Iglesia acepta, claro está, un estado laico, es decir sin una religión oficial como la ha habido en el pasado, pero no un estado laicista en el que se intenta suprimir todo lo que suene a religión y religiosidad, como también lo ha habido.

Ciertamente el Gobierno no ha dicho que esas sean sus intenciones; al contrario, lo niega. ¡Cómo van a decir que es eso lo que quieren! Pero la legislación que va apareciendo ¿no está yendo en esa dirección?

Cierto que tampoco desde el Gobierno se ha dicho nada contra el Papa, pero ¿ha hablado alguna que otra vez de los valores que el Papa está defendiendo y de las cosas positivas que ha dicho y que son dignas de mención? ¿No hay una actitud antipapa, al menos con su silencio y tolerancia de lo que se dice y de lo que se hace en contra de la Iglesia?

No se habla abiertamente de que van contra la Iglesia, pero están fomentando, sin respuestas serias a las preguntas que se les hacen, todo lo que contradice la moral de la Iglesia. Y por su importancia, pongo sólo un ejemplo, el aborto.

Dije en otra ocasión: “Es deber del Estado juzgar a todos los criminales. No puede dar carta blanca a nadie para matar. Si lo hace, se sitúa fuera de la ley. Y debería ser el propio Estado el acusado. Es cierto que en el caso del aborto, como en cualquier otro crimen, puede haber causas agravantes o atenuantes; deberían ser los jueces quienes juzgasen de la mayor o menor culpabilidad de quienes han cometido el crimen del aborto. Pero ¿a quién se le ocurre que se le conceda el derecho de asesinar a un hijo a cualquiera, y además sin ningún motivo, y además que se les conceda a quienes ni siquiera han llegado a la mayoría de edad?

Debería ser el Estado quien se sentase en el banquillo de los acusados porque el derecho a la vida debiera ser el primer valor a defender y tutelar por el Estado. Ya sé que algunos dirán que lo que estoy diciendo es una barbaridad, pero el derecho a la vida es antes que el Estado”.

¿De verdad nadie cree que no hay un anticlericalismo, un secularismo fuerte, agresivo, como lo vimos en los años treinta? Es cierto que no se queman iglesias ni se asesina a los sacerdotes y religiosos, pero ¿no es cierto también que se está atentando contra principios fundamentales que mantiene la Iglesia?

José Gea