Uno de los axiomas de la política patria es aquél según el cual, el tensionamiento de la vida política nacional beneficia a la izquierda y su apaciguamiento a la derecha. La fe ciega que en el mismo tienen todos los agentes de la política sirve para comprender el comportamiento de unos y de otros en la escena: Zapatero poniendo sobre la mesa todos los debates imaginables, cuanto más groseros y zafios mejor, al único objeto de dividir a la sociedad, y Rajoy poniendo paños templados hasta en los temas más delicados, sobre los que muchas veces ni se pronuncia o cuando lo hace, lo hace con la levedad por todos conocida.
 
            La crisis económica ha supuesto una tregua en tal “ambiente de trabajo”, al no ser ya los agentes políticos los que ponían sobre la mesa los temas de debate sino la propia realidad que, en este sentido, se presentaba muy exigente. ZP llegó incluso a asustarse ante la gravedad de los acontecimientos –fundamental para entender lo ocurrido aquella conversación telefónica con Obama anterior al debate del estado de la nación-, y las medidas verdaderamente dolorosas que le obligaba a poner sobre la mesa. Por una vez, el debate político no lo gobernaba a él, y era él el que iba por detrás de los acontecimientos: paro, reforma laboral, déficit, congelación de pensiones, reducción en la remuneración de los funcionarios...
 
            Nadie espere que la situación de desconcierto provisional que domina al Presidente sea, sin embargo, definitiva. ZP tornará a las andadas, volviendo a hacer política de la única manera en que concibe hacerlo: poniendo a la sociedad al límite, colocando sobre la mesa todo aquello que la parte por la mitad y la divide inexorablemente. Su voluntad de seguir en el Gobierno negándose a entregar ya el relevo –cosa que es menos extraño de lo que podamos pensar en las democracias avanzadas-, la ha demostrado ostensiblemente al negociar los próximos presupuestos, cediendo ante el PNV para permanecer en el Gobierno -¡¡¡un año más, ni siquiera una entera legislatura!!!- cosas tan inconcebibles que ni siquiera se ha atrevido a comunicar –todavía- a la opinión pública... ¡Vaya Vd. a saber si entre las mismas no se hallan los términos de la rendición ante el grupo terrorista que ha aterrorizado a España durante más de medio siglo y ha avalado la entera Transición!
 
            A partir de las dos premisas enunciadas, tensionamiento de la sociedad como modo de ganar elecciones, voluntad férrea de continuar en el poder, del ZP del ejercicio 2011 hemos de esperar todavía lo peor. De momento, al albur de una crisis que siendo gravísima, da síntomas de cansancio periodístico, ha recetado ya a la sociedad española algunas píldoritas: un poquito de alcalde de Valladolid, otro poquito de Dragó y sus japonesitas, ahora el orden de los apellidos... medida nada inocente, esta última, con la que espera hacer mucho ruido y de paso, seguir dividiendo a los hombres y mujeres que han decidido formar una familia, esa institución que constituye el principal enemigo del zapaterismo... Detrás vendrán los grandes tratamientos quimioterapéuticos del pesoísmo zapaterita, ley de cultos, ley de objeción de conciencia, y muchos otros que, sin duda, guarda en la chistera el aprendiz de brujo de las cejas arqueadas. Nadie espere otra cosa de aquí a las elecciones de 2012. A no ser que la crisis dé otro zarpazo, cosa que tampoco tenemos porqué desechar. A punto estuvo de hacerlo, y gordo, según hemos sabido, el pasado 7 de mayo.
 
 
 
 
 
De una crisis que al menos dejará algo bueno: que se vaya ZP
Del recadito que la Gran Fracasada de Europa le envía a Zapatero
De las cortinas de humo del Gobierno