En marzo del año 2001, el mundo asistió atónito a uno de los atentados más lamentables recordados contra el patrimonio histórico y cultural de la Humanidad, la penúltima manifestación, en realidad, de un fenómeno que sacude recurrentemente la historia cual es el de la iconoclastia (hoy día lo llamaríamos iconofobia), detrás del que siempre se esconden la intolerancia, la nesciencia y la barbarie, y en ellos, los intolerantes, los nescientes y los bárbaros.
 
            Ni más ni menos que el que se hacía llamar en Afganistán el Gobierno de los estudiantes (talibán no significa otra cosa que “estudiante”; en puridad “estudiantes”, pues talibán es un plural, el de talib, como musulmán lo es el de muslim), hacía bombardear con dinamita y con tanques, las gigantescas figuras que representaban a dos budas en el Valle de Bamiyán, bajo el alegato de que se trataba de ídolos, y por lo tanto, expresión de un culto idólatra condenado por el islam. 
 
            Los budas del Valle de Bamiyán, situado 230 kms. al noroeste de Kabul, la capital afgana, habían sido esculpidos en el s. V o VI por monjes budistas, y medían uno de ellos 37 metros, y el otro 55. Hacia la época en que fueron construidos, un par de siglos antes de que comenzara la islamización de Afganistán hacia el año 650 (para que se hagan Vds. idea de lo temprano de la misma, Mahoma estaba muriendo en el 632), el Valle del Bamiyán había sido un próspero emporio budista poblado por una decena de monasterios de dicha adscripción religiosa y más de un millar de monjes.
 
            Del Diario de sesiones del Senado español de fecha 22 de septiembre de 2010, extraigo las siguientes palabras referidas a uno de los principales monumentos existentes en la geografía española, la Basílica benedictina del Valle de los Caídos, entre los más visitados por los turistas cuando visitarlo era posible antes de que un Gobierno sectario y cristianoclasta lo cerrara al público. Son las palabras en cuestión las siguientes:
 
            “Finalizo, señor presidente. Yo soy más radical en eso, fíjense. Yo recuerdo aquella película de El puente sobre el río Kwai, que acaba volando el puente que existe sobre ese río, o esas imágenes de la Cancillería del Reich siendo volada, o el símbolo de la esvástica nazi siendo volado, pero igual si se vuela [la Basílica del Valle de los Caídos], el hermano Francisco [¿a quién se referirá con "el hermano Francisco"?] se despierta y tampoco conviene (Risas)”.
 
            Pues bien, las mismas no pertenecen a ningún talibán, sino a un político español conocido por la empanada mental que tiene en la cabeza y que, para atraer la atención sobre su pobre persona, ha decidido hacer lo que sea menester, desde plagiar los discursos que pronuncia, hasta convertirse en el gran cómico del escenario patrio: Iñaki Anasagasti.
 
            Me pregunto con qué mano se habría rasgado las vestiduras el mismo señor, si en vez de tratarse de la Basílica y panteón del Valle de los Caídos en el que reposan decenas de miles de combatientes de la Guerra Civil española, -por mucho que le moleste, de ambos bandos-, y cuyo altar, por cierto, viene presidido por el magnífico cristo que tallara un celebre escultor vasco y nacionalista, Julio Beobide, la bromita hubiera versado sobre, pongo por caso, la casa del fundador del partido en el que el autor de la misma milita. Visto así ¿a que no es tan gracioso, Sr. Anasagasti?
 
 
 
 
 
De la eliminación de Franco en la web de Moncloa
Del gran artículo de Leguina en El País sobre la memoria histórica
De la gravísima responsabilidad del PSOE en la Guerra Civil