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Vivir la Pascua más allá de las apariencias. Joseph Ratzinger.

Vivir la Pascua más allá de las apariencias. Joseph Ratzinger.

La divina proporción

16 abril 2017


El domingo de resurrección festejamos la Pascua (paso) que lleva de la muerte a la vida. Desde hace algunas años se va dando más y más sentido festivo a la celebración, lo que tiene sentido cuando la esperanza es la que nos hace proclamar que Cristo a resucitado. Ahora, es fácil quedarse en las apariencias festivas y olvidar lo esencial.

La señal del Hijo del Hombre, de Aquél al que traspasaron, es la cruz que ahora se ha convertido en la signo de la victoria del Resucitado. De este modo, se funden el simbolismo de la cruz y el del oriente; ambos son la expresión de una misma fe en la cual la conmemoración de la Pascua de Jesús se hace presencia y le ofrece la dinámica de la esperanza, que sale al encuentro de Aquél que había de venir. Finalmente, el giro al oriente significa también que el cosmos y la historia de la salvación van unidos. El cosmos también ora, también él espera la salvación. Precisamente esta dimensión cósmica es esencial en la liturgia cristiana. Tal dimensión no se realiza exclusivamente en el mundo hecho por el propio hombre. Siempre es liturgia cósmica, el tema de la creación es parte integrante de la oración cristiana. Ésta pierde su grandeza si olvida esta referencia. Por ello es indispensable retomar, allí donde sea posible, la tradición apostólica de orientar hacia el este tanto la construcción de las iglesias, como la misma praxis litúrgica. (Joseph Ratzinger, El Espíritu de la Liturgia. Tiempo y espacio en la Liturgia)

Es interesante lo que el futuro Papa Benedicto XVI nos indicaba en este texto. La fe y la esperanza se hacen signo en la Cruz y se comunican como tal. La Cruz es un signo de dimensión cósmica y por lo tanto supera al ser humano y sus emotividades festivas. La cruz es signo de esperanza porque Cristo no está en ella. Ha dejado atrás la pasión para ir más allá de las limitaciones de su naturaleza humana. Ha vencido a la muerte, abriendo el paso por el que todos esperamos andar el día en que resucitemos.

Actualmente no somos capaces de ver en la Liturgia la Luz que da sentido a nuestra fe. Decía San Pablo, que si no creíamos en la resurrección de Cristo, nada tiene sentido. Si no celebramos la Pascua en nuestro corazón, Templo Interior, Templo del Espíritu, todo lo que celebremos son apariencias socio-culturales. Apariencias agradables, pero no son lo fundamental. Lo importante es hacer vida la esperanza que conlleva creer que Cristo ha vencido la muerte. Esto se debería reflejar en la Liturgia, pero a veces queda oculta por inculturaciones y emotivismos diversos.

Todo ello está presente en la Liturgia y en su particular modo de referirse al tiempo. El espacio sagrado del culto cristiano, por sí mismo, ya está abierto al tiempo: la orientación significa, a fin de cuentas, que la oración se dirige hacia el sol naciente, que ahora se ha convertido en portador de un significado histórico. Remite al misterio pascual de Jesucristo, a la muerte y el nuevo comienzo. Remite al futuro del mundo y a la consumación de toda la historia en la venida definitiva del Redentor. De este modo, en la oración cristiana, el espacio y el tiempo se entrelazan: el espacio se ha convertido, él mismo, en tiempo y el tiempo se hace, por así decirlo, espacial, entra en el espacio. Y al igual que se entretejen espacio y tiempo, también están entretejidos la historia y el cosmos. (Joseph Ratzinger, El Espíritu de la Liturgia. Tiempo y espacio en la Liturgia)

Tal vez el templo al que asistimos no esté orientado al este. Tal vez, su interior sea frío y funcional. Seguramente la comunidad sea de las que disfrutan adaptando la Liturgia. Es verdad que no podemos aspirar a cambiar lo que no puede ser cambiado, pero no por ello debemos desanimarnos. Nuestro corazón sí puede estar orientado a Cristo y nuestra oración dirigida con reverencia hacia el Sol de Justicia. Sol que que en Pascua se eleva y llena de Luz las tinieblas del mundo. Celebremos la Pascua de este año en nuestro interior, porque es donde cobrará sentido verdadero la resurrección del Señor.
 
Cristo ha resucitado. ¡Christos anesti! ¡Alithos anesti!
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Néstor Mora Núñez
Soy católico, casado con tres hijos en el mundo. Nací en 1965 en San José (Costa Rica) de padre costarricense y madre española, por lo que me enorgullezco de ser español de América. Estudié en colegio Santa Catalina de Sena en Costa Rica y San Felipe Neri en Cádiz (España). Mi formación universitaria parte de la ingeniería electrónica, pero ha ido evolucionando hacia el campo de los computadores, conocimiento y nuevas tecnologías de la información.

En el plano de servicio a la Iglesia me ocupo del diseño y mantenimiento de diversas webs de asociaciones católicas y la web de mi parroquia.

Néstor Mora Núñez, es autor, editor y responsable del Blog La divina proporción, alojado en el espacio web de www.religionenlibertad.com
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