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El Papa firmó el decreto de beatificación

Un superviviente del martirio de los 22 oblatos en 1936: «¡Lástima no haber muerto entonces!»

El monumento a los mártires de Pozuelo de Alarcón ha sido profanado varias veces en los últimos años.

C.L./ReL

2 abril 2011

Un superviviente del martirio de los 22 oblatos en 1936: «¡Lástima no haber muerto entonces!»
Los 22 mártires que beatificará Benedicto XVI.
Benedicto XVI firmó este sábado un importante número de decretos de beatificación, entre ellos el de 22 sacerdotes y religiosos oblatos de María Inmaculada del convento de Pozuelo de Alarcón (Madrid), asesinados por milicianos armados por el Gobierno entre el 24 de julio y el 28 de noviembre de 1936, algunos de ellos en Paracuellos del Jarama. También el de Cándido Castán Sanjosé, empleado de ferrocarriles miembro de la Adoración Nocturna, asesinado asimismo en odio a la fe.

Estos mártires gozan de una calle y un monumento en dicha localidad madrileña, que ha sido profanado varias veces en los últimos años, en ocasiones con pintadas del siguiente tenor: «¿Mártires? No, fascistas».

Una odisea de cinco meses

El relato de su martirio es muy esclarecedor sobre la situación que se vivía en la España sometida al Frente Popular.

Los Misioneros Oblatos de María Inmaculada se habían establecido en el barrio de la Estación de Pozuelo en 1929. Ejercían su ministerio, en calidad de capellanes, en tres comunidades de religiosas. Colaboraban pastoralmente también en las parroquias del entorno, administrando sacramentos y con predicaciones y catequesis.

En aquel clima resultaba irritante para socialistas, comunistas y anarquistas que los religiosos fueran por la calle en sotana y además con su cruz oblata muy visible a la cintura. La comunidad religiosa de los Oblatos no se dejó intimidar. Lo que hizo fue extremar las medidas de prudencia, de serenidad, de calma, tomando el compromiso de no responder a ningún insulto provocador. Y, por supuesto, ningún religioso se mezcló con actividades políticas ni siquiera ocasionalmente. Pero eso sí, se mantuvo el programa de formación espiritual e intelectual sin renunciar a las diversas actividades pastorales que formaban parte del programa de formación sacerdotal y misionera de los escolásticos. 

La hora del martirio sonó cuando, tras el Alzamiento del 18 de julio, el Gobierno del Frente Popular decidió armar a las milicias.

El 22 de julio, a las tres de la tarde, un nutrido contingente de milicianos, armados de escopetas y pistolas, asaltó el convento. Lo primero que hicieron fue detener a los 38 religiosos y recluirlos en una habitación reducida y tenerlos muy vigilados, encañonándolos con las armas.

Acto seguido los milicianos procedieron al registro minucioso de la casa en busca de armas. Lo único que hallaron fueron cuadros religiosos, imágenes, crucifijos, rosarios y ornamentos sagrados. Desde los pisos superiores, todo eso fue arrojado por el hueco de la escalera a la planta baja para destruirlo con el fuego en medio de la calle. Los Oblatos fueron hechos prisioneros en su propia casa, concentrándolos en el comedor, cuyas ventanas tenían rejas. Fue su primer calabozo.

La mayoría, menores de 30 años

El día 24, sobre las tres de la mañana, se producen las primeras ejecuciones. Sin interrogatorio, sin acusación, sin juicio, sin defensa, llamaron a siete religiosos y los separaron del resto.
 
Los primeros sentenciados fueron: Justo González Lorente, de 21 años; Juan Antonio Pérez Mayo, de 29; Manuel Gutiérrez Martín, de 23; Cecilio Vega Domínguez, de 23; Juan Pedro Cotillo Fernández, de 22; Pascual Aláez Medina, de 19; y Francisco Polvorinos Gómez, de 26.

El resto de los religiosos permanecieron presos en el convento y dedicaban sus horas de espera a rezar y prepararse a bien morir. Alguien, probablemente el alcalde de Pozuelo, comunicó a Madrid el riesgo que corrían los demás y ese mismo día 24 de julio llegó un camión de Guardias de Asalto con orden de llevar a los religiosos a la Dirección General de Seguridad. Al día siguiente, tras cumplir unos trámites, inesperadamente quedaron en libertad. Buscaron refugio en casas particulares. 

Busca y captura

Pero en el mes de octubre fue decretada orden de búsqueda y captura contra ellos y acabaron siendo todos detenidos de nuevo y llevados a la cárcel.

Allí soportaron un lento martirio de hambre, frío, terror y amenazas. Hay testimonios de algunos supervivientes de cómo aceptaron con heroica paciencia esa difícil situación que les hacía entrever la posibilidad del martirio. Reinaba entre ellos la caridad y el clima de oración silenciosa.

En el mes de noviembre llegaría el final de aquel calvario para la mayoría de ellos.

El día 7 fueron fusilados José Vega Riaño, de 32 años, y Serviliano Riaño Herrero, de 30.

Veinte días después tocaría el turno a los otros trece. El procedimiento fue el mismo para todos. No hubo acusación, ni juicio, ni defensa, ni explicaciones. Sólo la proclamación de sus nombres a través de potentes altavoces: Francisco Esteban Lacal, de 48 años, superior provincial; Vicente Blanco Guadilla, de 54; Gregorio Escobar García, de 24; Juan José Caballero Rodríguez, de 24; Publio Rodríguez Moslares, de 24; Justo Gil Pardo, de 26; José Guerra Andrés, de 22; Daniel Gómez Lucas, de 20; Justo Fernández González, de 18; Clemente Rodríguez Tejerina, de 18; Eleuterio Prado Villarroel, de 21; Marcelino Sánchez Fernández, de 26; y Ángel Francisco Bocos Hernández, de 53. 

«¡Lástima no haber muerto entonces!»

Se sabe que el 28 de noviembre de 1936 fueron sacados de la cárcel, conducidos a Paracuellos de Jarama y allí ejecutados. Un religioso que iba en otro camión, atado codo con codo al padre Delfín Monje y que junto con él fue misteriosamente indultado cerca del lugar de la ejecución, se lamentaba en 1954 de no haber corrido la misma suerte que sus hermanos: «¡Lastima no haber muerto entonces! ¡Nunca estaré tan bien preparado!».
 
No ha sido posible obtener información directa de testigos oculares del momento de la ejecución de esos 13 Siervos de Dios. Tan sólo el enterrador declaró: «Estoy completamente convencido de que el 28 de noviembre de 1936 un sacerdote o religioso pidió a las milicias que le permitieran despedir a todos sus compañeros y darles la absolución, gracia que le fue concedida. Una vez que hubo terminado, pronunció en alta voz estas palabras: “Sabemos que nos matáis por católicos y religiosos. Lo somos. Tanto yo como mis compañeros os perdonamos de corazón. ¡Viva Cristo Rey!”».

Cumplieron así la finalidad de su congregación, en palabras de San Eugenio de Mazenod: «Los oblatos tienen que estar dispuestos a sacrificar la propia persona y la vida por amor a Jesucristo, servicio a la Iglesia y santificación de sus hermanos».

[Texto basado en una presentación que puede verse pinchando este enlace.]
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Comentarios

ANGELES
16/10/2011
RECORDANDO AMI TIO P VICENTE BLANCO .
recordando ami tio algunaspreguntas nos hacemos mi padre cuando le mentaban la muerte de su tio lloraba el le queria mucho y dice el porqué lo mataron no hacia mal anadie el que estaba en bilbao y se vino porque queria estar con los demas oblatosvenia de dar cursillos creo y se encrontro´la matanza que acababa de empezar,. el lloraba y lloraban los demas de los familiares,. el porque esta persecucion alos religiosos ,. ese odio ala fe pues por eso son martires y dieron su vida se la dio dios ,.pues murieron por el y asi murieron,. gritando viva cris,.to rey
Ave
03/04/2011
Emocionante.
Emocionante y conmovedor el relato y más en la época que vivimos, en la que vemos el comienzo de una nueva persecución religiosa.
Pienso que a los mártires, Dios les infunde un valor extraordinario para que sean capaces de tanta heroicidad. Pero permítanme una pizca de orgullo al enterarme de que uno de ellos era ferroviario y según dice JMV, Interventor (revisor). No sé si habrá más santos o mártires que honren al colectivo ferroviario, pero de momento tenemos a este compañero en los altares. Seguro que haría apostolado en el tren, las ocasiones son infinitas y más en un trabajo tan en contacto con el público.
Catholicus
03/04/2011
Un Tesoro para ser utilizado.
Que todos ellos intercedan por España, que su sangre es el capital más valioso de gracias que tenemos disponible.
Juan
03/04/2011
Murieron perdonando, en el amor a Cristo.
Pido a Dios que tenga eso en cuenta, que no olvide a España como entidad histórica en la Fe Católica, que no nos deje de su mano con tantos mártires. Que convierta a quienes hoy en día no admiten ese perdón, a quienes hoy en día insultan, a los mártires y a quienes reconocen a esos mártires. A quienes aprovechan ese perdón para continuar insultando a la Iglesia. A quienes pretenden relegar la Iglesia a una esquina de la sociedad. A la esquina de Valdemingómez, para ser más exactos.
También le pido que nos de valor e inteligencia para enfrentar el desafío de este momento. Y a los mártires que nos asistan, que muchas veces resulta más difícil vivir por Cristo que morir por Él, como daba a entender uno de los suprevivientes.
JMV
03/04/2011
Un padre de familia con 22 religiosos.
Muy bueno y fiel el reportaje, así como el enlace. Conozco bien las fuentes, pues soy el Postulador de la Causa. Hay un punto que quisera dejar muy en claro: Cándido Castán San José, seglar y padre de familia, que fue fusilado en la Casa de Campo el 24 de julio con el primer grupo, no era ni había sido Concejal en Pozuelo, donde vivía con su familia desde hacía seis años. Era un destacado católico, coherente con su fe, miembro de la Adoración Nocturna, muy conocido de todos en una población muy reducida entones, porque era interventor y por su práctica religiosa: hacía la visita al Santísimo todas las tardes a la salida del trabajo, había construido con otros vecinos una pequeña capilla en su barrio para facilitar la asistencia a la Misa dominical a sus vecinos, etc. En la dcomentación y juicios posteriores se dice de él que era apolitico, sin filiación de partido. Simplemente figura como un empleado de Ferocarriles. Fue llevado de su casa al convento a mediodía para fusilarle aquella misma noche.
Jose Luis Rubio Willen
03/04/2011
Sangre de martires semilla de florecer nuevamente.
Nuestra Iglesia esta en los cimientos de la sangre de los martires desde el siglo I
francisco hernandez suarez
03/04/2011
imitando a Cristo..
realmente,el verdadero catolico,es el martir.El que siempre está dispuesto a dar su vida por sus ideas,por Dios.A fin de cuentas,la vida nos la da Dios,y a El tenemos que dedicarsela con todas sus consecuencias.A Mayor Gloria de Dios .

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