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Transexualidad: datos y mentiras

Estamos en Sus Manos

17 marzo 2017

Copio este artículo con su permiso, de mi gran amigo Javier Moreno. 

Hace unos días se elaboró una propuesta en la plataforma Change.org para vetar una campaña llevada a cabo por la fundación ultracatólica Hazte oir, de la cual me gustaría aclarar que me desentiendo. A través de esta campaña, Hazte oir busca informar en colegios e institutos sobre las consecuencias que tiene en los niños las pautas socialmente aceptadas y establecidas por el colectivo LGTBI sobre temas tan serios como la transexualidad.

En concreto, la ira contra esta campaña fue desatada por un eslogan en el autobús de la campaña: ''los niños tienen pene, las niñas tienen vulva, que no te engañen.''
Este eslogan ha despertado a los llamados ‘’justicieros sociales'' los cuales, sedientos de la reconfortante sensación de formar parte de una minoría acosada, oprimida, y perseguida (incluso si no fuese el caso), han respondido con más de 44000 firmas para acabar con esta campaña que hace ''imposible la vida a estos pequeños valientes'' en un mundo ''en el que son tan frecuentes los suicidios de menores LGTBI provocados por el acoso escolar.''

Es aquí donde creo que es importante aportar un poco de dosis de realidad con el irrefutable peso de las estadísticas ''ultrareligiosas'', de la mano de expertos de institutos médicos y universidades de referencia de todo el mundo, las cuales apoyan lo que dicta la biología básica: el sexo no es intercambiable. Por favor, si a estas alturas ya estas echando humo, deja de leer y cálmate, aún no has visto nada.

1. La tasa de suicidios entre transexuales es del 40 %. Esto es 20 veces más elavada que una persona no transexual, y se distancia enormente de cualquier otro colectivo o minoría como los homosexuales, las víctimas de violencia de género, de acoso racial etc. Como excepción, estos números son curiosamente igualados por aquellos que sufren de trastornos tales como la esquizofrenia y la bipolaridad.

2. La tasa de suicidios es virtualmente la misma en transexuales antes y después de operarse, poniendo de manifiesto que los tratamientos salvajes (los cuales trataré en unos momentos) a los que se les somete no funcionan, sino todo lo contrario, pues de hecho el número de suicidios es más grande entre aquellos que se someten a tratamientos como el hormonal.

3. Un estudio del instituto Williams en Estados Unidos demuestran que la tasa de suicidios entre transexuales que son identificados como tal es del 46 %, y es exactamente igual que en transexuales que pasan completamente desapercibidos. Este estudio concluye así que atribuir estos suicidios al acoso y la exclusión es absurdo y no tiene ninguna base, sin que esto implique negar que la exclusión social sea un agravante de la situación de estas personas (esto último es lógica aplastante, pero es importante aclararlo para evitar críticas). Es importante también mencionar que el único colectivo de la historia moderna con tasas similares de suicidios son los judíos en la Alemania nazi, ¿Crees de verdad que los judíos en la segunda guerra mundial sufrieron el mismo acoso que los transexuales en el mundo occidental?

4. Estudios de la universidad Vanderbilt y la clinica Portman en Londres demuestran que niños y niñas que dicen identificarse con el sexo opuesto en edades tempranas dejan de hacerlo a edades mayores y de manera espontánea hasta en el 80% de los casos. Estos estudios apuntan a factores externos y perversos como unos padres que quieren una niña en lugar de un niño o viceversa como los causantes de la transexualidad. De hecho, muchos estudiosos conjeturan que existe una correlación entre la promiscuidad de los padres y la transexualidad, un estudio con el que Nacho Vidal se sentirá identificado (me entra la risa por no llorar), el cual hace poco apareció en un video echándole en cara a una religiosa que en la Iglesia se discriminara a estas personas, a lo cual ella asentía sonriente sacando a paseo una galante ignorancia que dolía.

Hablo porque si de verdad después de leer esto me quieres poner la etiqueta de transfobo, lo seré con orgullo. Y lucharé porque creo que es una salvajada y una incoherencia brutal que nadie levante la voz contra los tratamientos actuales a los que se somete a estos niños. Quien no quiera aceptar una clase de biología básica que no lo haga, pero que cargue en su conciencia que están apoyando a una sociedad que cree justo someter a niños de 12 años a tratamientos hormonales que evitarán su desarrollo biológico natural, creando secuelas que atentarán contra su vida, si no a través del suicidio, a través del cáncer. Que sepa también que la continuación de este tratamiento incluye una operación para eliminar el órgano sexual actual e introducir uno nuevo que el cuerpo tratará rechazar por todos los medios, y que creará secuelas mentales que son conocidas bien por expertos tales como el doctor Paul R. McHugh (por poner un ejemplo de tantos), antiguo jefe de psiquiatría de la universidad de Johns Hopkins, la cual eliminó estos tratamientos de su clínica tras observar estos efectos tan negativos en sus propios pacientes.

Como analogía del absurdo y lo malvado de estos tratamientos contra los cuales los justicieros sociales no levantan su voz ni recogen firmas, me referiré al fundamento de toda ley contra la pederastia (opino que estas leyes son leves). El fundamento de estas leyes reside en la idea de que los niños no son capaces de consentimiento. Curiosamente, existen leyes que amparan el tratar a estos mismos niños incapaces de consentimiento con hormonas y operaciones que no solo no cumplen su objetivo (los suicidios no disminuyen) si no que además agravan la situación de salud física y mental de sus pacientes.

Ya en Estados Unidos se están aprobando leyes que incluso niegan a los padres buscar medios alternativos como el tratamiento psiquiátrico y dejan al libre e inocente albedrio del niño que quiere ser niña el someterse a tales tratamientos.
Si aún esto no te convence, me gustaría no solo ver argumentos si no también escuchar de vuestro propio razonamiento dónde está la línea entre lo que es válido o no a la hora de identificarse con algo que no eres biológicamente hablando. ¿Qué pensáis del caso de la chica en Noruega que se cree un gato? ¿O de ese hombre transexual en Estados Unidos que clama ser una niña de 6 años? ¿O de Richard Hernandez, el hombre que dice ser un dragón? ¿Deberíamos hacerles ver con bondad y las herramientas y terapias adecuadas que esto no es quizás lo mejor para ellos (algo que los justicieros sociales llaman oprimir)? ¿O deberíamos participar todos de esta ilusión paranoide? ¿Por qué en el caso de las personas que sufren de anorexia el mundo no participa de su ilusión y pone los medios para que se identifiquen tal y como son? ¿Estaría bien que, escalando estos casos extravagantes pero necesarios a la hora de desbancar a los defensores del absurdo, yo me considerara un chico de 16 años y por tanto me receptaran en el instituto? ¿ Dónde dibujáis esa línea, y con qué argumentos?

Para acabar, quiero aclarar que jamás en mi camino como católico he oído a ningún sacerdote o religiosa o cristiano laico si quiera mencionarse sobre este tema. Mis argumentos no se sostienen en la Biblia, ni en las doctrinas de la Iglesia. Se sostienen en algo tan duro y tan real como la biología, la estadística, y la opinión de expertos. Si no eres capaz de asumir esto y te parece más fácil firmar un papel y publicarlo en tu muro en Facebook para sentirte mejor contigo mismo adelante, has gritado por impulso y sin razonamientos y lo único que has conseguido es sentirte bien contigo mismo, nada más. Pero somos muchos los que de verdad estamos preocupados por la forma en que la comunidad LGTBI está utilizando a estas personas con un claro problema de identificación personal para cumplir sus objetivos, a costa incluso y como muestran los datos de sus propias vidas. Y no nos vamos a callar.

(Javier Moreno)
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Jesús María Silva Castignani
Jesús nació en Barcelona el 3 de junio de 1983, aunque ha vivido en Madrid desde 1984. Es el número trece de catorce hermanos. A pesar de que sus padres eran creyentes, vivió su adolescencia como si Dios no existiera, hasta que el Señor salió a su encuentro y se convirtió. Recibió la vocación sacerdotal, y entró en el Seminario Menor de Madrid. De ahí pasó al seminario mayor de Madrid, donde permaneció hasta su ordenación sacerdotal, el 3 de mayo de 2008. Ejerció sus primeros años de ministerio en la parroquia San Miguel Arcángel de Madrid, donde permaneció hasta 2013, año en el que la Iglesia le encomendó la tarea de realizar el doctorado en teología dogmática en la Universidad San Dámaso, y le destinó a la parroquia San Leopoldo, en Madrid.

Jesús María Silva Castignani, estamosensusmanos@gmail.com, es autor, editor y responsable del Blog Estamos en Sus Manos, alojado en el espacio web de www.religionenlibertad.com
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