Sábado, 23 de marzo de 2019

Religión en Libertad

Niall es seminarista tras un enorme proceso de conversión y sanación

En un año su hermano se suicidó y él casi pierde la pierna: ahí se encontró con Dios y su vocación

Niall Mcdonagh es ahora seminarista en Nueva York, pero para llegar aquí vivió una conversión profunda unida al sufrimiento / Colm Flynn
Niall Mcdonagh es ahora seminarista en Nueva York, pero para llegar aquí vivió una conversión profunda unida al sufrimiento / Colm Flynn

Javier Lozano / ReL

Niall McDonagh descubrió el amor de Dios en medio de un gran sufrimiento y ante la cantidad de sucesos terribles que rodearon su vida y la de su familia logró hallar lo que menos esperaba: paz. Esta sensación acabó llevándole a una conversión profunda y más tarde a una llamada vocacional para dejar todo y ser sacerdote.

Este irlandés natural de Galway está en estos momentos en el seminario diocesano de Nueva York, en Estados Unidos. Pero para llegar aquí primero tuvo que pasar por una gravísima lesión como futbolista que le hizo tener que dejar este deporte y a punto estuvo de costarle la amputación de la pierna.

Una lista de tragedias familiares

Cuando estaba aprendiendo a andar en plena rehabilitación llegó uno de los momentos más duros de su vida: el suicidio de su hermano mayor. Pero además en ese tiempo su padre murió de cáncer y poco después su primo también se quitaba la vida.

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Niall jugaba un partido de fútbol cuando sufrió la fractura múltiple que casi le cuesta la amputación de la pierna

En sendas entrevistas en Irish Catholic y en The Irish Sun, este joven irlandés se remonta a 2004 para rememorar el primer momento en el que se encontró con Dios. Al igual que San Ignacio de Loyola, fue en una cama de hospital donde este amante del fútbol empezó a cambiar su vida de manera radical.

Tras la fractura múltiple que se hizo durante un partido los médicos le advirtieron de la posibilidad de amputarle la pierna. Tenía 20 años. “En ese momento yo estaba lleno de vanidad y era esclavo de la apariencia por lo que esta noticia fue como una puñalada en el corazón”, asegura.

"Estaba muy lejos de Dios"

Sobre aquella situación, Niall recuerda que “estaba muy lejos de Dios, hice muchas cosas de las que no estoy muy orgulloso, y hay algunas cosas que lamento haber hecho”.

Nunca imaginó que aquella dolorosa experiencia en el hospital podría afectar en su vida como al final lo hizo. Ante el pavor de perder la pierna, antes de la primera de las cinco grandes cirugías a la que tuvo que enfrentarse, este joven rezó a Dios.

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El suicidio de su hermano

Estaba inmerso en la desesperación cuando recé a Dios. Estaba desilusionado con la vida tal y como era. Era muy infeliz, nada de los que hacía tenía un sentido o un propósito. Estaba perdido”, relata.

Finalmente, Niall pudo salvar la pierna y tras muchos meses de recuperación volver a andar. Pero fue nueve meses después de su lesión cuando experimentó un sufrimiento incluso mayor. Su hermano mayor, que entonces sólo tenía 22 años, se suicidó.

Este seminarista recuerda aquel instante como si fuera ayer: “Me llené de ira. En el transcurso de un año tuve que aprender a caminar nuevamente y enterrar a mi hermano mayor”.

Un providencial viaje a Medjugorje

Desesperado y en shock decidió acompañar a su madre a una peregrinación a Medjugorje, y aunque dudó mucho en si debía ir, al final quiso acompañarla pues ella también sufría al haber tenido que enterrar a un hijo.

En esta pequeña aldea bosnia asegura haber quedado admirado. Según explica, “eran genuinos e incondicionales en su amor, simplemente no podía entenderlo. Me impresionó mucho la gente católica de allí y cómo estaban viviendo sus vidas”.

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En Medjugorje conoció a un irlandés que estaba en la Comunidad del Cenáculo, lugar en el que ayudan a jóvenes con adicciones. “Cuando él hablaba hubo algo realmente conmovedor en mí. En retrospectiva, ahora sé que era el Espíritu Santo. Yo no podía entender cómo este hombre tenía tanta alegría a pesar de vivir en las montañas sin nada”, cuenta.

"Pide que Dios venga a tu vida"

Niall se acercó a este joven drogadicto en proceso de desintoxicación, y éste sólo le dijo: “Pide a Dios que venga a tu vida”. Esta frase se convirtió en su oración durante ese tiempo.

De vuelta a Irlanda empezó a sentirse diferente. “Mi naturaleza enfadada comenzó a cambiar y mis relaciones con los demás mejoraron”, afirma este joven.

Fue entonces cuando encontró la Biblia de su hermano y empezó a hojearla. Niall asegura que “las páginas realmente empezaron a hablarme. Comencé a comparar mi propia vida con los pasajes de la Biblia. A partir de entonces busqué más mi fe”.

Tras acabar sus estudios se trasladó a Edimburgo donde empezó a trabajar con niños desfavorecidos, lo que fue una experiencia que le marcó profundamente. De vuelta en Irlanda –agrega- “me di cuenta de que Dios estaba usando mis experiencias del pasado, mi dolor e incluso mis errores para el bien y no sólo de mí mismo sino para otras personas. Me había armado con todas estas herramientas que ni siquiera sabía que tenía”.

Una experiencia misionera

El siguiente paso en su vida fue realizar dos experiencias misioneras durante sus vacaciones de verano. Junto a las Misioneras de la Caridad estuvo Río de Janeiro y luego en Manila. Estando junto a los pobres Niall confiesa que el Evangelio “cobró vida” para él y pudo ver su fe puesta en práctica.

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“Cuando volví de la experiencia misionera era como si viese todo con una lente completamente nueva, como si un velo hubiera sido quitado de mis ojos”, asegura.

La pobreza espiritual de Occidente

Rezando sobre qué hacer con su vida, este joven discernió que debía ir a Nueva York nuevamente con las Misioneras de la Caridad. Sobre esta ciudad afirma que “sólo allí me di cuenta que la mayor pobreza no es la material, sino la espiritual. Nueva York en la superficie tiene materialmente muchas cosas, pero carece de otras muchas. Amo la energía de Nueva York, pero cuando ves las personas viviendo sus vidas persiguiendo el sueño americano donde el tiempo es dinero y no tienen nada de ese tiempo para sus familias o su fe es todo una locura”.

De vuelta a Irlanda vio que Dios le llamaba a más así que decidió vender todo lo que tenía y regresar a Nueva York. Allí siguió con su compromiso misionero y provida, y entonces sintió que el Señor quería todavía más de él. “Me pedía que fuera a un nivel más profundo y explorara la posibilidad de ingresar en el seminario. Y finalmente en 2015 dio el paso de abrir esa puerta en su vida. No se ha arrepentido de ello.

“Es fácil tener fe cuando el sol brilla y todo va bien, pero sólo cuando llegan las tormentas de la vida es cuando realmente se prueba tu fe. Probar tu fe te lleva a un nivel más profundo donde de otra manera nunca hubieras estado. A veces, cuando tienes menos prosperidad tienes más fe”, concluye.

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