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Viernes, 26 de mayo de 2017

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Ofrecemos su prólogo a la edición inglesa de «La fuerza del silencio»

Importante elogio de Benedicto XVI al cardenal Sarah: con él, «la liturgia está en buenas manos»

Importante elogio de Benedicto XVI al cardenal Sarah: con él, «la liturgia está en buenas manos»
El cardenal Sarah, durante una visita a Benedicto XVI, ya como Papa emérito.

ReL

18 mayo 2017

El cardenal Robert Sarah, que pronto cumplirá 72 años, fue arzobispo de Conakry, en su Guinea natal, entre 1979 y 2003. En la Curia romana fue secretario de la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos con San Juan Pablo II, presidente del Consejo Pontificio Cor Unum con Benedicto XVI (quien lo elevó al cardenalato en 2011), y en noviembre de 2014 Francisco le nombró prefecto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

En 2016 publicó un libro que está alcanzando gran impacto: La fuerza del silencio. Frente a la dictadura del ruido (Palabra).


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Ignatius Press publicó una primera edición del libro en inglés, a la que se incorporará próximamente un prólogo de Benedicto XVI, ofrecido en exclusiva este miércoles por First Things y cuya traducción ofrecemos a los lectores de ReL (las negritas son nuestras):

Con el cardenal Sarah, la liturgia está en buenas manos
Desde que leí por primera vez las Cartas de San Ignacio de Antioquia en los años 50, un pasaje de su Carta a los Efesios me conmovió particularmente: "Más vale callar y ser [un cristiano] que hablar y no ser. Está bien enseñar si aquel que habla hace. No hay, pues, más que un solo maestro, aquél que ha hablado y todo ha sido hecho, y las cosas que ha hecho en el silencio son dignas de su Padre. Aquél que posee en verdad la palabra de Jesús puede entender también su silencio, a fin de ser perfecto, a fin de obrar por su palabra y hacerse conocido por su silencio" (15, 1f). ¿Qué significa esto de escuchar el silencio de Jesús y conocerle a través de su silencio? Sabemos por los Evangelios que Jesús, a menudo, pasaba las noches solo "en la montaña" orando, conversando con su Padre. Sabemos que su discurso, su palabra, venía del silencio y sólo podía madurar en él. Por lo que es razonable pensar que su palabra sólo puede ser correctamente comprendida si nosotros, también, entramos en su silencio, si aprendemos a escucharla desde su silencio.
 
Ciertamente, para poder interpretar las palabras de Jesús se necesita tener un conocimiento histórico que nos enseñe a comprender el tiempo y el lenguaje de esa época. Pero esto, por sí solo, no es suficiente si queremos comprender el mensaje del Señor en profundidad. Cualquiera que lea hoy los comentarios a los Evangelios, cada vez más densos, al final se queda decepcionado. Aprende muchas cosas que pueden ser útiles sobre esos días y muchas hipótesis que, en última instancia, no contribuyen en nada a la comprensión del texto. Al final uno siente que en ese exceso de palabras falta algo esencial: entrar en el silencio de Jesús, del que nació su palabra. Si  no podemos entrar en este silencio, siempre escucharemos superficialmente la palabra, sin comprenderla en su totalidad.
 
Mientras leía el nuevo libro del cardenal Robert Sarah, todos estos pensamientos atravesaban de nuevo mi alma. Sarah nos enseña el silencio, a ser silenciosos con Jesús, nos enseña la verdadera quietud interior y, de esta forma, nos ayuda a captar la palabra del Señor de nuevo. Habla poco sobre sí mismo, pero de vez en cuando podemos alcanzar a ver su vida interior. Cuando responde a la pregunta de Nicolas Diat: "¿Alguna vez le han resultado las palabras demasiado molestas, demasiado pesadas, demasiado ruidosas?", dice: "En mi oración y en mi vida interior siempre he sentido la necesidad de un silencio más profundo y completo. (...) Los días de soledad, de silencio y de ayuno absoluto han sido un gran apoyo. Una gracia increíble, una lenta purificación y un encuentro personal con (…) Dios. (…) Los días de soledad, silencio y ayuno, con el único alimento de la Palabra de Dios, permiten al hombre cimentar su vida sobre lo esencial". Estas líneas hacen visible el manantial del que vive el cardenal, y que da a su palabra su profundidad interior. Desde esta posición ventajosa él puede ver así los peligros que amenazan continuamente la vida espiritual, incluso de sacerdotes y obispos, y también de la propia Iglesia, en la que no es algo infrecuente que la Palabra sea reemplazada por una verborrea que diluye la grandeza de la Palabra. Me gustaría citar sólo una frase que puede convertirse en un examen de conciencia para cada obispo: "Puede suceder que un sacerdote bueno y piadoso, cuando es elevado a la dignidad episcopal, caiga rápidamente en la mediocridad y se preocupe de los éxitos mundanos. Agobiado por la carga de los deberes que le corresponden, preocupado por su poder, su autoridad y las necesidades materiales de su cargo, lentamente pierde interés".
 
El cardenal Sarah es un maestro espiritual, que habla desde las profundidades del silencio con el Señor, desde su unión íntima con Él, por lo que realmente tiene algo que decir para cada uno de nosotros.
 
Debemos agradecer al Papa Francisco haber nombrado a dicho maestro espiritual como  cabeza de la congregación que es responsable de la celebración de la liturgia en la Iglesia. Es verdad que para la liturgia, como para la interpretación de las Sagradas Escrituras, es necesario un conocimiento especializado. Pero también es verdad que la especialización puede, en última instancia, dejar de lado lo esencial en la liturgia, a no ser que esté arraigada en una unión profunda e íntima con la Iglesia orante, que continuamente aprende del Señor mismo qué es la adoración. Con el Cardenal Sarah, maestro del silencio y de la oración íntima, la liturgia está en buenas manos.

Traducción de Helena Faccia Serrano.
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Comentarios

Alejandro Matus
20/05/2017
Bergoglio, obvio..
Quiera Dios que en algún momento encuentre el camino y asuma coherentemente la guía de la Iglesia.
María
19/05/2017
para la union con los luteranos sobra la misa .
Marcopolo, porque según se dice estamos queriendo un ecumenismo rápido, y para ello la misa como la conocemos torba, por eso este Cardenal sobra, hacen falta liturgistas que se pongan de acuerdo con los pastores y sobre todo con las pastoras protestantes, lo mismo sucede con la Virgen es otro estorbo, y no te digo los mensajes de conversión, rosario y penitencia, es un lastre ese mensaje para el diálogo ecuménico. Hay que reinterpretarlo y darle otro papel a la Virgen.
Marcopolo
18/05/2017
Cargo inutilizado.
A este pobre no le dejan mover un dedo en liturgia, me pregunto por qué lo mantienen en el cargo si no le están dejando hacer nada y la liturgia sigue igual. Es tan sólo un signo de ´´respeto´´ hacia Benedicto XVI?
El pobre Sarah da la impresión de dedicarse más a dar conferencias y libros que a la liturgia.
José Manuel
18/05/2017
¿ENTONCES POR QUÉ LA IGLESIA NO LE HACE CASO?.
Está muy bien cuanto dice el Cardenal Sarah, refrendado por el Papa emérito Benedicto XVI. Entonces por qué no se le hace caso. Esperamos que el Papa confirme también los deseos del Cardenal Sarah sobre la liturgia. Y también es importantísimo el uso de la sotana, para que la gente visualice la existencia de sacerdotes.

Aconsejo el siguiente vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=NPCuXilgsYg

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