Jueves, 18 de abril de 2019

Religión en Libertad

Evocación de la última República (por ahora)


"Alegría republicana": la Plaza Mayor de Madrid en abril de 1931

¿Fracasó la República?

Decir que la Segunda República fue un fracaso es casi una tautología pero, desde luego, dicho fracaso no se debió a ninguna negra conspiración de presuntas fuerzas reaccionarias opuestas al progreso que el nuevo régimen habría propiciado sino al planteamiento que éste siguió desde el principio.

En efecto, la República de 1931 no se concibió simplemente como una forma de Gobierno en la que el Presidente era designado por sufragio universal porque quienes la implantaron la dotaron de un contenido político que nació lastrado por la hipoteca que suponía el pacto previo con el Partido Socialista y los separatistas.

Como eran conocedores del verdadero estado de la opinión pública sorprendida por el audaz éxito de los golpistas, ninguno de los que trajeron la República estaba dispuesto a admitir unas elecciones democráticas. Desde luego, no se puede dar la consideración de democrático al plebiscito que sirvió para formar las Cortes Constituyentes pues el proceso estuvo controlado en todos sus pasos por el auto-proclamado Gobierno Provisional.

No existía oposición porque la coalición republicano-socialista era la única de las fuerzas en presencia que tenía una organización interna ya previamente establecida mientras que las derechas venían siendo aterrorizadas con episodios como los incendios y saqueos de conventos, iglesias, bibliotecas… llevados a cabo en numerosos lugares de España pocos días antes de las elecciones y carecieron de tiempo y de unas circunstancias que permitieran articular los nuevos partidos.

Además, las izquierdas —según el más viejo estilo caciquil— contaron con todo el apoyo del Ministerio de la Gobernación. El historiador Antonio Manuel Barragán Lancharro ha demostrado que en la segunda vuelta, en Monesterio (Badajoz), al igual que en muchas localidades hubo una sospechosa unanimidad y la candidatura oficial arrasó por completo. En la localidad citada votaron 1.374 electores (de 1.818) y 1.369 fueron los votos atribuidos a la candidatura gubernamental. De creer a la sinceridad de la consulta habrían votado a los socialistas Zugazagoitia y Muiño personas que habían ocupado cargos públicos en la vida municipal durante la monarquía o que serían encarcelados por el Frente Popular en julio de 1936 (
http://historiademonesterio.blogspot.com/2008/10/unos-datos-interesantes-sobre-las.html).


Incendio de la iglesia de los jesuitas junto a la Gran Vía madrileña: mayo1931

Una Constitución para la guerra civil y el Partido Socialista dispuesto a declararla

Años más tarde el propio el propio Alcalá Zamora reconocerá que aquellas Cortes «adolecían de un grave defecto, el mayor sin duda para una Asamblea representativa: que no lo eran, como cabal ni aproximada coincidencia de la estable, verdadera y permanente opinión española». En consecuencia: «La Constitución se dictó, efectivamente, o se planeó, sin mirar a esa realidad nacional [...] Se procuró legislar obedeciendo a teorías, sentimientos e intereses de partido, sin pensar en esa realidad de convivencia patria, sin cuidarse apenas de que se legislaba para España». Y con toda la trascendencia que da a sus palabras su condición de Presidente del Gobierno Provisional formula esta acusación sobre el nuevo estatuto jurídico: «se hizo una Constitución que invitaba a la guerra civil».

Pero fue el Partido Socialista quien finalmente destruyó aquella República de la que estaba llamado a gestionar su agonía sometido a los dictados de Moscú. El predominio del Partido fundado por Pablo Iglesias se debió a la falta de una base social en la que sustentar el régimen naciente; a la vista del resultado electoral Azaña descartó a los republicanos radicales de Lerroux y dio entrada en su Gobierno a un partido marxista cada vez mas escorado hacia la ruptura revolucionaria con las instituciones democráticas.

Largo Caballero, Ministro de Trabajo, advirtió con toda claridad del papel que aguardaba a los republicanos al amenazar con la guerra civil si las Cortes Constituyentes eran disueltas una vez terminada su función: «ese intento sólo sería la señal para que el Partido Socialista y la Unión General de Trabajadores lo considerase como una nueva provocación y se lanzasen incluso a un nuevo movimiento revolucionario. No puedo aceptar tal posibilidad que sería un reto al partido y nos obligaría a ir a una guerra civil» (Informaciones, Madrid, 23-noviembre1931). En 1933 decía: «
Vamos legalmente hacia la evolución de la sociedad. Pero si no queréis, haremos la revolución violentamente. (Gran ovación.) Esto, dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil. Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil. ¿Qué es si no la lucha que se desarrolla todos los días entre patronos y obreros? Estamos en plena guerra civil. No nos ceguemos, camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar». Las amenazas se convirtieron en realidad en Octubre de 1934 y a partir de la ocupación del poder por el Frente Popular en febrero de 1936.

El caso de Gregorio Marañón

La tragedia a la que condujo la Segunda República está simbolizada en figuras como la de Gregorio Marañón, otro de los muchos españoles que apoyaron a la España nacida del 18 de Julio y a quien la propaganda oficial trata de manipular con ocasión del cincuentenario de su fallecimiento olvidando afirmaciones suyas como la siguiente: «Tenemos tal fe en que la causa nacional es la causa de España, que la mantendría con todas sus consecuencias […] Que la España roja que hoy todavía lucha, es, en su sentido político, total y absolutamente comunista, no lo podrá dudar nadie que haya vivido allí sólo unas horas».

Fundador con Ortega y Gasset y Pérez de Ayala de la “Agrupación al Servicio de la República”, una de las organizaciones que favoreció la implantación del régimen republicano, pudo pronto compartir el “no es esto” de Ortega al comprobar la naturaleza del régimen diseñado en las constituyentes por Azaña, los socialistas y los separatistas. Como ha recordado Agapito Maestre «su texto sobre Liberalismo y comunismo, de 1937, es esencial para comprender las responsabilidades y culpas de los intelectuales españoles de la época que apoyaron la llegada de la Segunda República; la autocrítica de Marañón aún sigue siendo ejemplar: la cobardía de las fuerzas liberales en general, y de los intelectuales en particular, ante el hecho extraordinario de la quema de iglesias y conventos del 11 de mayo de 1936, en España, sigue siendo relevante para estudiar nuestra historia reciente».


Puerta de Alcalá: 19361939

La realidad del Madrid rojo de 1936, el asesinato de personas muy cercanas a él a quienes había aconsejado que no se marcharan fiado en la actitud del Gobierno o de amigos suyos como Melquíades Álvarez y el también médico Fernando Primo de Rivera; su paso por una checa, uno de los innumerables centros de tortura, antesala de los crímenes orquestados por revolucionarios y gubernamentales y la presión para que firmara un manifiesto de adhesión a quienes así le trataban fueron ocasión para su exilio que se prolongó hasta su definitiva vuelta a España en 1942.

Al igual que otros republicanos, Marañón supo descubrir que no era posible que el régimen republicano se consolidara como un marco estable de convivencia y progreso si no actuaba como un Estado garantizador del orden público y respetuoso con el ejercicio de las libertades pero eso era imposible al haberlo puesto en manos de las fuerzas revolucionarias que venían dinamitando la convivencia y la modernización de España desde años atrás.

Su figura es un ejemplo de cómo lo que hubo de bueno en la Segunda República, de afán de libertad y de progreso, de defensa de la unidad de España y de regeneracionismo es un patrimonio que pasó íntegro al Movimiento Nacional porque es imposible el intento de identificar a la República implantada en 1931 con la que existía en julio de 1936 y fue derrotada en abril de 1939.

De ayer a hoy ¿y mañana?
Y un último apunte de actualidad: no deja de ser curioso que los primeros pasos de la República coincidieran con las consecuencias de una crisis económica agudizadas en España por la incompetencia del Gobierno y la actividad subversiva de la izquierda. La solución de los socialistas fue paralizar la incipiente industrialización, destruir las máquinas en el campo y repartir dinero (obtenido de unos impuestos dudosamente gestionados) para asfaltar caminos y hacer zanjas

¿Les suena la receta?
¿Estaremos ya en la Tercera República? Al menos así lo deben creer los defensores del genocidio rojo cuando ostentan la bandera tricolor en apoyo de un juez acusado de prevaricación.
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