Domingo, 19 de mayo de 2019

Religión en Libertad

OFENSIVA SOBRE VIZCAYA: 75 ANIVERSARIO

La ofensiva de Vizcaya en 1937

Joaquín Serrano


Puente destruido de Isabel II: unía el arenal bilbaíno con el ensanche de Abando. Aparecen los pontoneros levantando una pasarela a la altura del teatro Arriaga. Al fondo se ve el monte de Santo Domingo donde combatió duramente el Tercio de Nª Señora de Begoña rechazando un contraataque gudari.

El día 31 de marzo, se desencadenó el infierno en las posiciones ocupadas por las tropas del Cuerpo de Ejército vasco perteneciente al Ejército del Norte mandado por el General Francisco Llano de la Encomienda. El Ejército Nacional, tras los sucesivos fracasos por tomar y ocupar la capital de España cuyos últimos coletazos fueron la batalla del Jarama y el posterior ataque de Guadalajara, se estableció en dichas zonas y desplazó su esfuerzo de guerra hacia el norte de España donde el Ejército del Norte mandado por el General Mola y que estaba formado por las primitivas columnas de requetés navarros y otras fuerzas regulares, se había establecido en un frente estático una vez conquistada casi por entero la provincia de Guipúzcoa tras la caída de su capital San Sebastián en septiembre de 1936. El frente apenas se alteró durante seis meses salvo el episodio del ataque a Villarreal de Alava heroicamente defendida por las tropas de Alonso Vega.
 
La línea del frente vasco partía desde la costa cantábrica a las afueras de Ondárroa (Vizcaya), seguía por las alturas de la margen izquierda del rio Deva con posiciones en el monte Kalamua y en Arrate frente a las nacionales, cruzaba el río en las cercanías de Eibar desde donde subía a los montes a la altura del puerto de Elgueta donde seguía hasta el monte Jarinto ya dominando el valle de Aramayona, pasando por el Maroto y el Albertia, alturas que rodeaban Villarreal de Alava, siguiendo después las lomas que conducen a las cercanías del monte Gorbea, bajando después hasta la zona que se asoma al Valle del Nervión cuya destacada localidad de Orduña ocupa. Hasta aquí el despliegue del denominado pomposamente Ejército de Euzkadi. El resto de los límites del despliegue del Ejército del Norte no viene al caso porque no intervino en las acciones que culminarían con la conquista de Bilbao y su zona de influencia.
 
El Cuerpo de Ejército de Euzkadi estaba estructurado en batallones que tenían un doble mando, el militar y el logístico y que se agrupaban entre sí para las operaciones. Llano de la Encomienda quiso modificar esa estructura pasando a organizar los batallones en Brigadas y Divisiones pero las autoridades nacionalistas vascas encabezadas por José Antonio Aguirre, se opusieron a la misma manteniendo la primitiva organización.

Oficiales del Tercio de Begoña mandado por el comandante Ricardo Huagon (sentado en el centro de la fotografía). A su derecha aparece sentado Antonio González Martínez de Olaguibel, que sería largos años director del periódico la Gaceta del Norte de Bilbao. Sentado en el suelo delante del anterior y cubierto con la boina roja con dos estrellas: Eloy Ruiz Aramburu que mandaba la compañía de Sestao. 
 
El General Mola había estimado los efectivos adversarios en unos 40 batallones pero el Coronel Ramón Salas Larrazábal en su monumental estudio sobre el Ejército Popular nos aporta las cifras reales de dichas fuerzas: “el conjunto de las fuerzas vascas llegaba a los setenta batallones, organizados o en organización de los que sesenta y tres estaban encuadrados en algún sector de combate. Al llamarse en abril las quintas de los años 27, 28 y 38, el cuerpo vasco llegó a disponer de setenta y cuatro batallones de Infantería, uno de morteros y uno de tanques. Tres regimientos de Artillería: de costa, mixto y ligero y ocho batallones de zapadores. El conjunto de los movilizados pasaba de setenta mil hombres, de los que unos cuarenta y cinco mil estaban en el frente”.
 
Las fuerzas vascas, estaban establecidas en dos líneas defensivas principales: la exterior que se apoyaba en la línea de contacto con las tropas nacionales en los límites provinciales y la interior que rodeaba a la capital y que fue conocida como “Cinturón de hierro”. Las Brigadas de Navarra mandadas por Mola comenzaron su ofensiva saltando la divisoria cantábrica y despejando el semicerco de las posiciones nacionales en el entorno de Villarreal de Alava. El mal tiempo paralizaba en ocasiones el avance de los requetés navarros pero éste era continuo a pesar de toparse con defensas muy duras como las establecidas en las Inchortas (Puerto de Elgueta) y que tras una hábil maniobra de García Valiño se pudo finalmente superar facilitando la conquista de Elorrio entre otras villas vizcaínas.
 
El Ejército nacional emprendió su ofensiva con cinco Brigadas: Iª de García Valiño, IIª de Cayuela, IIIª de Latorre, IVª de Alonso Vega y la brigada mixta hispano-italiana Flechas Negras de Sandro Piazzoni.
 
La evidente falta de efectivos de los nacionales y las distintas movilizaciones generales que reforzaban constantemente a sus contrarios, obligó a la creación de dos nuevas brigadas nacionales: la Vª de Juan Bautista Sánchez y la VIª de Maximino Bartomeu.
 
Todas estas fuerzas contaban con el apoyo de Zapadores, Transmisiones, Sanidad, Artillería Pesada, Ligera y de Montaña, blindados y Aviación. La artillería, mandada de manera muy inteligente por el Teniente Coronel Carlos Martínez de Campos, Duque de la Torre y Conde de Llovera, se organizó en dos potentes masas artilleras y, al comenzar la ofensiva, alcanzaba la cifra de 130 cañones y obuses. Es de destacar el apoyo aéreo suministrado por la Aviación Nacional, la Legión Cóndor y la Aviación Legionaria actuando desde los aeródromos de Lasarte, Vitoria, Logroño, Burgos y Soria con un número cercano a los 150 aviones.

General Juan Bautista Sánchez, jefe de la Vª Brigada de Navarra (después división) con su escolta.
 
El avance iniciado el día 31 de marzo no se paró hasta los primeros días de julio en que se alcanzó prácticamente la línea divisoria con Santander. Los batallones vascos reforzados con otros procedentes de Asturias y Santander, apenas supusieron enemigo a las tropas nacionales que en general evitaban en choque frontal siendo la maniobra su táctica preferida.
 
La supremacía nacional en artillería y de aviación facilitaba enormemente los avances de las tropas navarras del Coronel Solchaga.
 
Los objetivos que se iban designando por el Estado Mayor de Mola, se iban alcanzando día a día aunque a veces fueran las lluvias las que retrasaban las operaciones.
 
Los batallones de Euzkadi mandados por Jose Antonio Aguirre, apenas oponían resistencia y salvo unos duros contrataques en el Saibigain, Bermeo y Sollube, Bizcargui, San Pedro, Peña Lemona, Archanda y Malmasín que desangraban inútilmente a sus tropas, poco pudieron hacer frente a los tercios navarros y el resto de tropas que les acompañaban.
 
El bombardeo de Guernica, villa situada a retaguardia del frente y lugar por donde forzosamente debían pasar las tropas que se retiraban ante el avance nacional, fue uno de los episodios destacados por la propaganda internacional deformando evidentemente los hechos que a la fecha de hoy están más que esclarecidos. Los muertos no superaron la cifra de 120, casi la tercera parte de los producidos en el bombardeo de Durango del que apenas se habla.
 
Desde el bombardeo de Guernica y hasta el asalto al cinturón de hierro el 12 de junio, no se produjeron más bombardeos de ciudades vascas.
 
El día 3 de junio falleció en accidente de avión el General Mola siendo sustituido en el mando por el General Dávila sin que ello supusiera retraso alguno en las operaciones militares.
 
El día 12 de junio se produjo el asalto al cinturón de hierro por partes de la Iª, Vª y VIª Brigadas nacionales. Tras una dura preparación artillera, se produjo el asalto a las posiciones entre el Gaztelumendi y el Urrusti que los batallones vascos fueron incapaces de frenar. Ese día, varias granadas de grueso calibre alcanzaron el centro de Bilbao.


Un fortín del Cinturón de Hierro.

La suerte estaba echada y una semana después, tras la inútil voladura de los puentes ordenada por el consejero vasco Leizaola, los nacionales hacían su entraba en Bilbao.
 
El avance prosiguió en días posteriores en persecución de un enemigo, desmoralizado y con ganas de acabar la lucha, hasta alcanzar los límites provinciales con Santander en los primeros días de julio.
 
El ataque del EPR en Brunete en la zona centro paralizó las operaciones en el norte retrasándolas hasta el mes de agosto pero eso entra ya en otro capítulo de la guerra civil.
 
La industria vasca pudo ser salvada de la destrucción, en algunos casos gracias a la actuación de batallones vascos, y, puesta en manos del Ejército Nacional, supuso una gran aportación a la maquinaria bélica.


Primer requeté que entró en Bilbao: lleva el casco encima de la boina roja. Se llamaba Benito Martínez Albero, nacido en Cintruénigo (Navarra) Era jornalero, estaba casado y tenía dos hijos y dos hermanos que también estaban movilizados como él.
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