Domingo, 19 de mayo de 2019

Religión en Libertad

El Quijote nos enseña a amar, y más aún en nuestra época, explica el filólogo Antonio Barnés

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El filólogo Antonio Barnés estudia la visión equilibrada, humanista y cristiana del amor en El Quijote
El filólogo Antonio Barnés estudia la visión equilibrada, humanista y cristiana del amor en El Quijote
A 400 años del nacimiento de Cervantes y en plena efervescencia de las redes sociales y de amor líquido (según Bauman), aparece un nuevo libro: Los amores del Quijote (ediciones Teconté), de Antonio Barnés, filólogo que se doctoró con una tesis sobre la obra maestra cervantina.

- ¿Cómo nace este libro? ¿Por qué habla del amor?
- Tras 16 años de estudios sobre Cervantes, quería hacer una particular aportación al IV Centenario de su nacimiento. Este es un libro de cierta madurez, donde la recopilación de datos no impide la interpretación. El amor es el gran tema humano, y Cervantes era experto en humanidad. Me hacía ilusión desgranar algunas de las visiones que sobre el amor aparecen en el Quijote, una novela llena de historias amorosas.

- Habrá quien diga que hoy el Quijote ha quedado desfasado... 
- Muchas veces cambia todo para que todo quede igual, como se lee en El gatopardo. Por ejemplo, las relaciones virtuales que crean las redes sociales han existido siempre de un modo u otro. Dulcinea, por ejemplo, es la gran creación virtual de don Quijote. Dulcinea es un amor que don Quijote se inventa, mientras que Sancho es el escudero que se convierte en amigo: alguien que, más que buscado, ha sido encontrado. La distinción entre búsqueda y encuentro, en cualquier faceta de la vida, pero especialmente en el amor, es interesante.



- ¿Qué historias de amor hay en el Quijote?
- Hay muchas, y no todas con final feliz: Marcela y Grisóstomo, don Luis y doña Clara, Cardenio y Luscinda, Fernando y Dorotea, Anselmo, Camila y Lotario, Basilio y Quiteria, el cautivo y Zoraida… Pero, como se ha puesto de manifiesto en el contraste entre Dulcinea y Sancho, no solo existe el amor de componente erótico: está el amor a Dios, el amor entre padres, hijos y hermanos, la amistad, el amor a los animales, a la naturaleza, a los libros… Amor no es un término unívoco, sino polisémico. Los que han leído Los cuatro amores de C. S. Lewis lo saben bien…

- ¿Cómo es la relación entre hombres y mujeres, según el Quijote?
- Don Quijote defiende de manera contundente la libertad de Marcela para casarse con quien quiera o para no casarse. Que sea muy hermosa y tenga enamorado a medio pueblo no la obliga a corresponder a esos amores. En las historias entre Fernando y Dorotea, y Cardenio y Luscinda, Fernando es una especie de don Juan, y Cardenio es poco sensato, frente a Dorotea y Luscinda que se muestran juiciosas. En El curioso impertinente, novela breve dentro del Quijote, Anselmo somete a su esposa a una presión injustificada…, y le sale el tiro por la culata. Las mujeres, en general, son bien tratadas por Cervantes.



Esculturas de Don Quijote y Dulcinea en El Toboso

- Don Quijote y don Juan, como figuras literarias, son casi de la misma época...
- Sí, son dos grandes creaciones de la literatura española de manos de la pluma de Cervantes y Tirso de Molina respectivamente. Además, son la cara y la cruz. Para don Quijote, nobleza implica responsabilidad; para don Juan, oportunidad. Don Quijote rinde pleitesía a las mujeres por el hecho de serlo; don Juan las ve como cuerpos gozables de usar y tirar. Por eso, el mayor agravio que recibe don Quijote en la novela es el de ser una especie de don Juan, dentro de una farsa que sufre en un palacio ducal.

- ¿Qué diría el Quijote del amor en nuestros días?
- Lo emocional y el atractivo físico están sublimados en nuestra cultura, que ha creado el mito del sex-symbol, extraño a épocas anteriores. Lo que pone de manifiesto el Quijote es que el reduccionismo empobrece. La mujer y el hombre cervantinos son personas completas: alma y cuerpo, inteligencia, voluntad y pasiones, belleza corporal y espiritual… y el rey del obrar humano, también en el amor, es la cordura (palabra que hace referencia a la sensatez que viene de cor: corazón, aunando por tanto lo pensante con lo amante). Se trata de que la cabeza lleve el mando pero sin tiranizar la voluntad ni las emociones. En definitiva, la concepción quijotesca del amor es equilibrada, armónica, y no está encadenada al momento: la vida se mira en perspectiva. Y no hay una concepción pesimista del hombre: el marco es optimista, el del humanismo cristiano. Por eso el Quijote es también un arte de amar.

(Más información en el blog http://losamoresdelquijote.blogspot.com.es)
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