Miércoles, 22 de mayo de 2019

Religión en Libertad

Piloto de aviones y pionero de la radio

Joaquim Carreira, el cura de Fátima que salvó de los nazis a 42 personas en Roma

Desde judíos a personas vinculadas al partido socialista: no hacía distingos, y muchas eran de gran relevancia.

C.L. / ReL

Aldo Fabrizi y Anna Magnani en Roma, ciudad abierta.
Aldo Fabrizi y Anna Magnani en Roma, ciudad abierta.
Al menos cuarenta personas salvaron su vida gracias a la intervención y a los riesgos asumidos por el sacerdote portugués Joaquim Carreira (19081981). Fue durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la Ciudad Eterna fue ocupada por los nazis. Era el rector del Pontificio Colegio Portugués de Roma, y las puertas de su centro estuvieron siempre abiertas para quien pudo necesitarlo.

"Éramos 42 parias de la sociedad en el periodo comprendido entre septiembre de 1943 y junio de 1944", recuerda un antiguo coronel de infantería: estudiantes, soldados, políticos "que pasaron nueve meses protegidos" bajo esa institución gracias al "dligente y celoso monseñor Carreira".

Un hombre notable
Con motivo del centenario de su nacimiento se publicó una biografía y su originaria diócesis de Leiria (nació cerca de Fátima) le rindió un homenaje que sirvió para recabar este y otros testimonios de la "bondad y altruismo" que destaca otro refugiado. La biografía, realizada por su sobrino y también sacerdote Joaquim Carreira das Neves, habría contado con un prólogo del protagonista si éste no se hubiese negado en su momento a darse coba: "Las cosas se hacen, no se cuentan", respondió a la petición formulada todavía en vida.

Joaquim Carreira.
Pero Joaquim Carreira no fue sólo un sacerdote notable por aquel comportamiento heroico. Tras ordenarse en 1931, había sido el primer cura portugués en conseguir licencia de piloto, y disfrutaba volando antes y después de la guerra. Fue también el primer eclesiástico luso en crear una emisora de radio. Y con todo ese bagaje, se trasladó a Roma en 1940, donde vivió ya el resto de su vida, ejerciendo entre otras cosas como consejero religioso de la embajada de Lisboa ante la Santa Sede, y donde murió.

Septiembre de 1943: empieza lo peor
Aparte de la biografía de su sobrino hace cinco años, acaba de aparecer una memoria oficial de sus actuaciones durante el año académico 1943-44, donde cuenta que hasta septiembre de 1943, cuando la ciudad fue invadida por los alemanes, la situación era "casi normal", pero que a partir de entonces se puso progresivamente en marcha la "caza al judío".

Monseñor Carreira reaccionó enseguida, como muchas otras instituciones eclesiásticas: "Ofrecí asilo a pesonas perseguidas por leyes injustas e inhumanas", escribe, siendo su alimentación el primer problema, que resolvió siempre para que nada faltase a sus huéspedes.

"Nunca faltó de nada", afirmó en 1946 Francesco Santostefano, médico, uno de los refugiados. Otro de ellos, Elio Cittone, quien vive todavía, recuerda que los nazis llamaron a la puerta del Pontificio Colegio Portugués de Roma a finales de aquel año, pero Don Joaquim ya había preparado escondites en el edificio, que fueron ocupados. Elio tenía 16 años y se hallaba allí junto con su tío Isaac, anticuario judío. "Le estoy muy agradecido" -evoca el hoy anciano respecto a monseñor Carreira- "y siempre recordaré que me salvó la vida".

La nómina de las personas que se acogieron a su hospitalidad y refugio es muy notable, entre ellos Giuseppe Caronia (18841977), médico líder del Partido Popular y rector de la Universidad de Roma al finalizar la contienda; Cesare Frugoni (18811978), judío, también médico de prestigio porque lo había sido tanto del dirigente comunista Palmiro Togliatti como del mismo Benito Mussolini; Vincenzo Agado, partisano; el hijo del abogado socialista Antonio Priolo, alcalde de Reggio Calabria bajo la ocupación aliada; Angelo Venturelli, miembro del partido socialista y futuro muñidor de un encuentro entre el histórico líder socialista italiano Pietro Nenni y monseñor Giovanni Battista Montini, futuro Pablo VI; Mario Jacopetti, profesor de la Universidad de Nápoles; los hermanos Francesco y Marcelo Cavaletti, funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Estos últimos sintetizan lo que fue, en palabras del partisano citado, el "oasis" creado por Joaquim Carreira: "Los sacerdotes arriesgaban mucho, y lo sabían".
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