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Cuando misericordia y fidelidad se encuentran, justicia y paz se besan. San Pedro Crisólogo

Cuando misericordia y fidelidad se encuentran, justicia y paz se besan. San Pedro Crisólogo

La divina proporción

11 septiembre 2016


La Parábola del Hijo Pródigo ha sido una de las partes del Evangelio que más ha sido recortada y adaptada a lo que en estos momentos entendemos como correcto. Mediante esta parábola es como Cristo explica la razón de comer y beber con personas que no eran bien consideradas dentro del judaísmo. Se nos olvida que a Cristo le invitaban a estas comidas, por lo que asistían quienes deseaban conocer al Señor y escuchar sus palabras.

Si no fijamos en la parábola, el Padre no va detrás del Hijo Pródigo para arrastrarlo a su casa. Tampoco negocia con él para ver qué es lo que quiere para no irse. El Padre espera hasta que el Hijo aparece en el camino, ya que en ese momento es cuando la redención toma sentido. Cualquier componenda social o cultural que el Hijo haya realizado lejos del Padre, no tiene sentido alguno.

El hijo vuelve a casa de su padre y exclama: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros»... Pero el padre corrió, acudió apresuradamente desde lejos. «Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores» (Rm 5,8). El padre se apresuró... en la persona del Hijo, cuando a través de él, bajó del cielo y vino a la tierra. «El Padre que me envió está conmigo» dice en el Evangelio (cf 16,32). Se le echó al cuello: se echó hasta llegar a nosotros cuando, por Cristo, toda su divinidad bajó del cielo y se instaló en nuestra carne. Y lo abrazó. ¿Cuándo? Cuando «la misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan» (Sl 84,11).

Hizo que le pusieran una vestidura de fiesta: la que Adán perdió, la gloria eterna de la inmortalidad. Y le puso un anillo en el dedo: el anillo del honor, su título de libertad, la prenda particular del espíritu, el signo de la fe, las arras de las bodas celestiales. Escucha al apóstol Pablo: «Quise desposaros con un solo marido, presentándoos a Cristo como una virgen fiel» (2C 11,2). Y mandó que le calzaran los pies: para que nuestros pies estén calzados cuando anunciamos la buena noticia del Evangelio, y sean benditos «los pies de los que anuncian la paz» (Is 52,7; Rm 10,15).

E hizo matar al ternero cebado... Matan al ternero por orden del padre porque a Cristo, Dios, Hijo de Dios no podían darle muerte sin la Voluntad del Padre; escucha todavía al apóstol Pablo: «No perdonó a su propio Hijo sino que lo entregó a la muerte por nosotros» (Rm 8,32).
(San Pedro Crisólogo. Sermón 5 sobre el hijo pródigo)

La misericordia del Padre se desborda cuando el Hijo aparece, no antes. A veces confundimos la caridad, la bondad de Dios, que hace que el sol aparezca cada día para buenos y malos, con la misericordia que ofrece a quien decide dejar su vida pasada y encamina sus pasos a Él. La misericordia necesita de nuestra humildad y capacidad de volver al Señor. No podemos acercarnos a la Casa del Padre exigiendo que se haga nuestra voluntad. Todo lo contrario, cuando nos acercamos aceptamos que la Voluntad que se debe cumplir es la del Padre.

Como Benedicto XVI nos recordó muchas veces, la redención de Cristo se realizó por muchos. ¿Quiénes son esos muchos? Los que humildemente retornan cada día al camino de la Voluntad de Dios. Quienes viven su vida sin pensar en Dios o quieren que sea su segundo salvador el que les libere, se encuentran con la Caridad de Dios que es espera pacientemente pero no con su Misericordia. Ya cerca del final del año de la misericordia, es interesante que reflexionemos sobre esto e intentemos volver al Camino que nos lleva a la Verdad para poder vivir la Vida que Dios desea para nosotros. Resumiendo, Camino, Verdad y Vida, es decir, Cristo. El camino al Padre no son las condiciones humanas que nos demos a nosotros mismos. El Camino es Cristo como Él mismo dijo con toda claridad:
 
Tomás le dijo: Señor, si no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino? Jesús le dijo: Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida; nadie viene al Padre sino por mí. (Jn 14, 5-6)
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Néstor Mora Núñez
Soy católico, casado con tres hijos en el mundo. Nací en 1965 en San José (Costa Rica) de padre costarricense y madre española, por lo que me enorgullezco de ser español de América. Estudié en colegio Santa Catalina de Sena en Costa Rica y San Felipe Neri en Cádiz (España). Mi formación universitaria parte de la ingeniería electrónica, pero ha ido evolucionando hacia el campo de los computadores, conocimiento y nuevas tecnologías de la información.

En el plano de servicio a la Iglesia me ocupo del diseño y mantenimiento de diversas webs de asociaciones católicas y la web de mi parroquia.

Néstor Mora Núñez, es autor, editor y responsable del Blog La divina proporción, alojado en el espacio web de www.religionenlibertad.com
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