El Papa explica cómo podría ser aceptable el sola fides

Benedicto XVI: "La palabra `sola fide´ de Lutero es verdadera si no se opone a la caridad, al amor"

Benedicto XVI, prosiguiendo la catequesis sobre San Pablo, abordó en la audiencia general de hoy la "cuestión de la justificación, de cómo el ser humano se hace verdaderamente justo a los ojos de Dios", que ocupa un lugar central en las cartas del apóstol. Cuando Pablo encontró al Resucitado en el camino de Damasco, dijo el Papa, era "un hombre realizado, irreprensible en cuanto a la justicia derivada de la Ley", pero "la iluminación de Damasco cambió radicalmente su existencia y empezó a considerar los méritos adquiridos durante una carrera religiosa integérrima como "basura" frente al conocimiento sublime de Jesús". Benedicto XVI abordó el concepto "sola fide" expresado por Lutero

(VIS/Zenit) Ofrecemos a continuación el texto íntegro de la catequesis pronunciada este miércoles por el Papa Benedicto XVI durante la audiencia general en la Plaza de San Pedro.



Queridos hermanos y hermanas:

En el camino que estamos recorriendo bajo la guía de san Pablo, queremos ahora detenernos en un tema que está en el centro de las controversias del siglo de la Reforma: la cuestión de la justificación. ¿Cómo llega a ser un hombre justo a los ojos de Dios? Cuando Pablo encontró al resucitado en el camino de Damasco era un hombre realizado: irreprensible en cuanto a la justicia derivada de la Ley (cfr Fil 3,6), superaba a muchos de sus coetáneos en la observancia de las prescripciones mosaicas y era celoso en conservar las tradiciones de sus padres (cfr Gal 1,14). La iluminación de Damasco le cambió radicalmente la existencia: comenzó a considerar todos sus méritos, logros de una carrera religiosa integrísima, como “basura” frente a la sublimidad del conocimiento de Jesucristo (cfr Fil 3,8). La Carta a los Filipenses nos ofrece un testimonio conmovedor del paso de Pablo de una justicia fundada en la Ley y conseguida con la observancia de las obras prescritas, a una justicia basada en la fe en Cristo: había comprendido que cuanto hasta ahora le había parecido una ganancia, en realidad frente a Dios era una pérdida, y había decidido por ello apostar toda su existencia en Jesucristo (cfr Fil 3,7). El tesoro escondido en el campo y la perla preciosa en cuya posesión invierte todo lo demás ya no eran las obras de la Ley, sino Jesucristo, su Señor.

La relación entre Pablo y el Resucitado llegó a ser tan profunda que le impulsó a afirmar que Cristo no era solamente su vida, sino su vivir, hasta el punto de que para poder alcanzarlo incluso la muerte era una ganancia (cfr Fil 1,21). No es que despreciase la vida, sino que había comprendido que para él el vivir ya no tenía otro objetivo, y por tanto ya no tenía otro deseo que alcanzar a Cristo, como en una competición atlética, para estar siempre con Él: el Resucitado se había convertido en el principio y el fin de su existencia, el motivo y la meta de su carrera. Sólo la preocupación por el crecimiento en la fe de aquellos a los que había evangelizado y la solicitud por todas las Iglesias que había fundado (cfr 2 Cor 11,28) le inducían a desacelerar la carrera hacia su único Señor, para esperar a los discípulos, para que pudieran correr a la meta con él. Si en la anterior observancia de la Ley no tenía nada que reprocharse desde el punto de vista de la integridad moral, una vez alcanzado por Cristo prefería no juzgarse a sí mismo (cfr 1 Cor 4,3-4), sino que se limitaba a correr para conquistar a Aquél por el que había sido conquistado (cfr Fil 3,12).

A causa de esta experiencia personal de la relación con Jesús, Pablo coloca en el centro de su Evangelio una irreducible oposición entre dos recorridos alternativos hacia la justicia: uno construido sobre las obras de la Ley, el otro fundado sobre la gracia de la fe en Cristo. La alternativa entre la justicia por las obras de la Ley y la justicia por la fe en Cristo se convierte así en uno de los temas dominantes que atraviesan sus cartas: “Nosotros somos judíos de nacimiento y no gentiles pecadores; a pesar de todo, conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la Ley sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la Ley, pues por las obras de la ley nadie será justificado” (Gal 2,15-16). Y a los cristianos de Roma les reafirma que “todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús” (Rm 3,23-24). Y añade: “Pensamos que el hombre es justificado por la fe, independientemente de las obras de la Ley” (Ibid 28). Lutero tradujo este pasaje como “justificado sólo por la fe”. Volveré sobre esto al final de la catequesis. Antes debemos aclarar qué es esta “Ley” de la que hemos sido liberados y qué son esas “obras de la Ley” que no justifican. La opinión --que se repetirá en la historia--, según la cual se trataba de la ley moral, y que la libertad cristiana consistía, por tanto, en la liberación de la ética, existía ya en la comunidad de Corinto. Así, en Corinto circulaba la palabra “panta mou estin” (todo me es lícito). Es obvio que esta interpretación es errónea: la libertad cristiana no es libertinaje, la liberación de la que habla san Pablo no es liberarse de hacer el bien.

¿Pero qué significa por tanto la Ley de la que hemos sido liberados y que no salva? Para san Pablo, como para todos sus contemporáneos, la palabra Ley significaba la Torá en su totalidad, es decir, los cinco libros de Moisés. La Torá implicaba, en la interpretación farisaica, la que había estudiado y hecho suya Pablo, un conjunto de comportamientos que iban desde el núcleo ético hasta las observancias rituales y cultuales que determinaban sustancialmente la identidad del hombre justo. Particularmente la circuncisión, la observancia acerca del alimento puro y generalmente la pureza ritual, las reglas sobre la observancia del sábado, etc. Comportamientos que aparecen a menudo en los debates entre Jesús y sus contemporáneos. Todas estas observancias que expresan una identidad social, cultural y religiosa, habían llegado a ser singularmente importantes en el tiempo de la cultura helenística, empezando desde el siglo III a.C. Esta cultura, que se había convertido en la cultura universal de entonces, era una cultura aparentemente racional, una cultura politeísta aparentemente tolerante, que ejercía una fuerte presión de uniformidad cultural y amenazaba así la identidad de Israel, que estaba políticamente obligado a entrar en esta identidad común de la cultura helenística con la consiguiente pérdida de su propia identidad, perdiendo así también la preciosa heredad de la fe de sus Padres, la fe en el único Dios y en las promesas de Dios.

Contra esta presión cultural, que amenazaba no sólo a la identidad israelita, sino también a la fe en el único Dios y en sus promesas, era necesario crear un muro de distinción, un escudo de defensa que protegiera la preciosa heredad de la fe; este muro consistía precisamente en las observancias y prescripciones judías. Pablo, que había aprendido estas observancias precisamente en su función defensiva del don de Dios, de la heredad de la fe en un único Dios, veía amenazada esta identidad por la libertad de los cristianos: por esto les perseguía. En el momento de su encuentro con el Resucitado entendió que con la resurrección de Cristo la situación había cambiado radicalmente. Con Cristo, el Dios de Israel, el único Dios verdadero, se convertía en el Dios de todos los pueblos. El muro --así lo dice Carta a los Efesios-- entre Israel y los paganos ya no era necesario: es Cristo quien nos protege contra el politeísmo y todas sus desviaciones; es Cristo quien nos une con y en el único Dios; es Cristo quien garantiza nuestra verdadera identidad en la diversidad de las culturas, y es él el que nos hace justos. Ser justo quiere decir sencillamente estar con Cristo y en Cristo. Y esto basta. Ya no son necesarias otras observancias. Por eso la expresión "sola fide" de Lutero es cierta si no se opone la fe a la caridad, al amor. La fe es mirar a Cristo, encomendarse a Cristo, unirse a Cristo, conformarse a Cristo, a su vida. Y la forma, la vida de Cristo es el amor; por tanto creer es conformarse con Cristo y entrar en su amor. Por eso san Pablo en la Carta a los Gálatas, en la que sobre todo ha desarrollado su doctrina sobre la justificación, habla de la fe que obra por medio de la caridad (cfr Gal 5,14).

Pablo sabe que en el doble amor a Dios y al prójimo está presente y cumplida toda la Ley. Así en la comunión con Cristo, en la fe que crea la caridad, toda la Ley se realiza. Somos justos cuando entramos en comunión con Cristo, que es amor. Veremos lo mismo en el Evangelio del próximo domingo, solemnidad de Cristo Rey. Es el Evangelio del juez cuyo único criterio es el amor. Lo que pide es sólo esto: ¿Tú me has visitado cuando estaba enfermo? ¿Cuando estaba en la cárcel? ¿Me has dado de comer cuando tenía hambre, o me has vestido cuando estaba desnudo? Y así la justicia se decide en la caridad. Así, al término de este Evangelio, podemos decir: sólo amor, sólo caridad. Pero no hay contradicción entre este Evangelio y san Pablo. Es la misma visión, según la cual, la comunión con Cristo, la fe en Cristo crea la caridad. Y la caridad es la realización de la comunión con Cristo. Así, si estamos unidos a Él somos justos, y no hay otra forma.

Al final, podemos sólo rezar al Señor para que nos ayude a creer. Creer realmente; creer se convierte así en vida, unidad con Cristo, transformación de nuestra vida. Y así, transformados por su amor, por el amor a Dios y al prójimo, podemos ser realmente justos a los ojos de Dios.

Al dirigirse a los fieles de lengua española, el Papa ha dicho lo siguiente:

"En la reflexión que estamos haciendo bajo la guía de San Pablo, recordamos hoy su doctrina sobre la justificación, que está en el centro de su enseñanza. Él, que había sido un ferviente cumplidor de la Ley mosaica, al encontrarse con el Resucitado en el camino de Damasco comprendió que todo aquello que había considerado una ganancia era, ante Dios, una pérdida. En efecto, la justificación en Cristo es una acción gratuita de Dios, sin merecimiento humano. La Ley en sí misma es buena, proviene de Dios, pero no tiene el poder de dar la vida y se convierte en un obstáculo para quienes la consideran necesaria con vistas a la justificación, haciendo así inútil la única vía para alcanzar la salvación, a saber: la fe en Aquel que, clavado en la cruz, ha dado una vida nueva por medio del Espíritu Santo (cf. Ga 3,13-14). La Ley, dice San Pablo, ha culminado en Cristo y tiene su máxima expresión en el mandamiento del amor. Así, pues, uno solo es el Salvador del mundo, que relativiza todo lo demás, incluida la Ley. "

Texto completo en italiano

Publicado el 19 Noviembre 2008 - 4:38pm

Comentarios de los lectores
Enviado por copeland el 21 Noviembre 2008 - 12:57am.

Cuca: Lo que entrecomillas coincide casi literalmente con su libro Jesús de Nazaret y me parece un extraordinario esfuerzo intelectual para superar una polémica que en la actualidad me parece absurda, pues el contexto histórico nada tiene que ver con el siglo XVI.

Para mí el ecumenismo es muy importante, siempre que se entienda no como una especie de refrito ecléctico de ideas de aquí y de allá, sino un esfuerzo sincero en orden a superar la lamentable división entre los cristianos, en contra del mandato directo de Jesús.

Enviado por Cuca el 20 Noviembre 2008 - 5:13pm.

Si se lee con atención el discurso completo del Santo Padre, se despejan todas las dudas. Es cierto que durante mucho tiempo la pastoral católica ponía mucho énfasis en las obras –mérito-, sin recalcar que las obras buenas que realiza el hombre son sólo fruto de la correspondencia a la gracia, que es lo fundamental. Pienso que por eso el Papa recalca el valor de la gracia, que es lo que se desprende de la Palabra revelada
Pero Benedicto XVI que dice que “la justificación en Cristo es una acción gratuita de Dios, sin merecimiento humano… ya que uno sólo es el Salvador del mundo”, también explica que se nos juzgará por “un juez cuyo único criterio es el amor. Lo que pide es sólo esto: ¿Tú me has visitado cuando estaba enfermo? ¿Cuando estaba en la cárcel? ¿Me has dado de comer cuando tenía hambre, o me has vestido cuando estaba desnudo? Y así la justicia se decide en la caridad”. Es decir, la fe con obras.
He leído algún comentario sobre la interpretación de la Ley en San Pablo. También aquí lo aclara el Papa: Antes debemos aclarar qué es esta “Ley” de la que hemos sido liberados y qué son esas “obras de la Ley” que no justifican. La opinión --que se repetirá en la historia--, según la cual se trataba de la ley moral, y que la libertad cristiana consistía, por tanto, en la liberación de la ética, existía ya en la comunidad de Corinto. Así, en Corinto circulaba la palabra “panta mou estin” (todo me es lícito). Es obvio que esta interpretación es errónea: la libertad cristiana no es libertinaje, la liberación de la que habla san Pablo no es liberarse de hacer el bien.
¿Pero qué significa por tanto la Ley de la que hemos sido liberados y que no salva? Para san Pablo, como para todos sus contemporáneos, la palabra Ley significaba la Torá en su totalidad, es decir, los cinco libros de Moisés. La Torá implicaba, en la interpretación farisaica, la que había estudiado y hecho suya Pablo, un conjunto de comportamientos que iban desde el núcleo ético hasta las observancias rituales y cultuales que determinaban sustancialmente la identidad del hombre justo. Particularmente la circuncisión, la observancia acerca del alimento puro y generalmente la pureza ritual, las reglas sobre la observancia del sábado, etc. Comportamientos que aparecen a menudo en los debates entre Jesús y sus contemporáneos. Todas estas observancias que expresan una identidad social, cultural y religiosa, habían llegado a ser singularmente importantes en el tiempo de la cultura helenística, empezando desde el siglo III a.C.”.
Como se ve sigue en pie la doctrina católica de fe y obras, -que también son fruto de la gracia.

Enviado por Nuno Oliveira Dias el 20 Noviembre 2008 - 3:05pm.

Agora a fé, agora a esperança, agora a caridade. Mas a maior é sempre a caridade. (S. Paulo)

Lutero defendeu a sola fide, com base nas cartas de S. Paulo. E Bento XVI, de acordo com S. Paulo, vem dar um passo à frente: sola caritas.

A caridade é o amor. E o amor actua, mostra-se nas obras.

Enviado por Ana el 20 Noviembre 2008 - 1:43pm.

Gracias ,Luis Fernando

Enviado por Luis Fernando el 20 Noviembre 2008 - 12:16pm.

A ver, Iñaki, tu último comentario es demasiado kilométrico para ser publicado y además viene a incidir en lo mismo.

Dicho eso, te pido perdón por el tono exaltado de mi primera respuesta a tu primer comentario. Que me enfadara mucho por lo de papolatría no justifica mi respuesta, así que espero que aceptes mi disculpas.

Entiendo también que plantees que era innecesario censurar el primer comentario no especialmente ofensivo del Woman on the.... por el hecho de que los comentarios posteriores fueran insultantes. Espero que me aceptes que la razón por la que hice eso, no era el querer quitar algo crítico con el Papa.

Es más, admíteme que te diga que el hecho de que acá se admiten todo tipo de opiniones, es algo que ya está acreditado desde que hay una sección de comentarios. No es justo acusarme de censurar aquello que no me gusta.

Si te parece, lo dejamos así.

Enviado por luis lópez el 20 Noviembre 2008 - 11:54am.

Vayamos a otra cita paulina, aparte de 1 Cor. 13, 2. "Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión valen sino la fe que obra por medio del amor" (Gal. 5,6). Si el amor (tal como lo entendió Jesús, de manera absoluta -Jn. 15,12) lo desligamos de la fe, es como quitarle a un cuerpo el alma: estaría muerto, no serviría sino para carroña. Así lo confirma Santiago: "Lo mismo es la fe: si no tiene obras está muerta en sí misma" (St. 2,17). Esa obra que impide la muerte de la fe es, como dijo antes Pablo, el amor, raíz nutriente de nuestra fe, porque "Dios es amor" ( 1 Jn. 4,8).

El Papa no se ha vuelto luterano. El Papa ha explicado que sólo podemos admitir el "sola fide" en el sentido de vincularlo indisolublemente con el amor, ya que "el que afirma que conoce a Jesucristo (fe), pero no guarda sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él" (1 Jn. 2,4)

Enviado por Anonymous el 20 Noviembre 2008 - 11:15am.

¡Qué cosas!, te has explicado perfectamente. Y yo creo que también. Mi objetivo era explicar lo que ha dicho el Papa. No era hacer, yo, una exégesis sobre Lutero. ¿Qué no te gusta lo que ha dicho el Papa? Eso ya es cosa tuya.

Enviado por ¡Qué cosas! el 20 Noviembre 2008 - 11:03am.

No sé si no me explico o qué.
Si se habla de la sola fe y se dice que es legítima siempre que vaya unida a la caridad, ningún problema. Es la interpretación autorizada que la Iglesia hace de la sola fe de San Pablo.
Pero lo que no tiene un pase es hablar de la sola fe de Lutero y luego todo lo demás. Que es lo mismo que venir a decir, "Lutero, que no sabía lo que decía, al decir sola fides, puede ser que quisiera decir..." Pues no, señores. Lutero de tonto no tenía un pelo.
Yo personalmente estoy harto de los que han adoptado la puñetera manía de "traducir" lo que dicen los demás, sea Lutero, sea Nestorio o sea BXVI. Que cada palo aguante su vela. Lutero dijo lo que dijo y BXVI, lo que dijo ayer. Y venir con que quería decir lo que a todas luces no quería, es la típica mojiganga ñoña.

Enviado por Luis Fernando el 20 Noviembre 2008 - 10:48am.

Blanca, si he publicado la crítica al moderador, es precisamente para que quede claro que no censuro porque sí, y que cabe la crítica a mi persona. De paso, ha servido para que quede claro cuál es mi criterio a la hora de moderar.

Desde ya no daré más explicaciones, que lo mismo eran innecesarias pero que, por esta vez, me apetecía dar.

Enviado por ¡Qué cosas! el 20 Noviembre 2008 - 10:31am.

Guillermo, que no te coscas. Lee lo que he escrito y no salgas por peteneras:

La palabra "sola fide" de Lutero es verdadera si no se opone a la caridad, al amor".

¿Todavía no lo entendéis? A ver ahora:

-"La palabra "sola natura" de Pelagio es verdadera si no se opone a la gracia sobrenatural".

-la palabra "dos personas" de Nestorio es verdadera si no se opone a la unidad de personas en Cristo"...

La expresión "sola fide de Lutero" quiere decir lo que Lutero entedía por sola fide. Luego o es verdadera o no lo es, pero lo que no puedes legítimamente es madrugarte con una machada del tipo "si no se opone a la caridad". Es como decir, "crimen es bueno si no se opone a la virtud". Es jugar con el lenguaje, con intenciones poco limpias. Puesto que en Lutero la "sola fides" (nominativo) en el orden de la justificación sí se opone a la caridad.
Pobre recurso el de decir que debo preocuparme más por S.Pablo que por Lutero, ¡qué diantres tiene que ver una cosa con la otra! Y más pobre lo de las interpretaciones teológicas... Hablamos de que la tesis de Lutero ha sido declarada herética por la Iglesia desde el s. XVI y ahora me vienes con interpretaciones teológicas... Qué penita.

Enviado por Alberto el 20 Noviembre 2008 - 9:28am.

Evidentemente, una fe que no conduce al amor y a la caridad, no puede ser una fe genuina, fruto del nuevo nacimiento que Dios nos da por su espíritu ("Por sus obras los conoceréis").

Pero que la salvación es únicamente por la fe en el Hijo de Dios, por la "Sola Fide" no hay ninguna duda.

"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas". Ef. 2:8-10

Contra esto no hay con qué darle...

Enviado por Blanca Guerrero el 20 Noviembre 2008 - 9:01am.

El insulto que concluía con "maria antonieta" y comenzaba con "si este papa es"... ya era insulto, luego censurable. Si el siguiente era peor, es de justicia que se hayan borrado los dos. Tampoco creo que sea necesario publicar críticas al moderador de los comentarios. Iñaki, la libertad nos es dada para el bien; dialogar con argumentos, sí; discutir tirándose insultos, no. Papalatría es también un insulto a quienes amamos a Benedicto XVI tanto como antes a Juan Pablo II o a San Pío X o a Juan XXIII, como sucesores de San Pedro. No seamos críos. Yo también me he leído la catequesis de hoy del Papa, y me parece digna de lectura y estudio, para todos los cristianos, como las anteriores y las que vendrán, sobre San Pablo.

Enviado por Luis Fernando el 20 Noviembre 2008 - 3:12am.

A ver, te lo explico nuevamente. Woman on the... no sé qué, ha escrito VARIOS mensajes ofensivos contra el Papa y contra la Iglesia Católica. Uno de ellos, el de María Antonieta, lo dejé pasar porque era el primero. Pero en otro mensaje llamaba al Papa masón del infierno. En cuanto vi que ese personaje se lanzaba por el camino del insulto, borré también el primer comentario.

Una cosa es libertad para opinar y otra libertar para insultar. La primera, tiene lugar acá. La segunda, no.

Y como quiera que el director de Religión en Libertad y encargado de moderar los comentarios, soy yo, pues yo soy quien decide qué es aceptable y qué no. Y tú, si tuvieras un poco de lo que hay que tener, en vez de usar esta zona de comentarios para decirme lo que estás diciendo, me habrías enviado un email pidiéndome explicaciones.

Pero fíjate si hay libertad aquí que hasta pongo tu comentario en el que me criticas sin saber bien todo lo que ha pasado. Por supuesto, yo también tengo derecho a criticar lo que haces. Y tengo derecho a decir que no consiento que se me acuse ni directa ni indirectamente de papolatría. Ese no consentir, como ves, no lleva implicado el que te borre ese calificativo. Es más bien una forma de hacerte entender que cruzas una línea que no debes cruzar si quieres que el respeto entre todos se mantenga incólume.

Estoy convencido de que los lectores de Libertad Digital sabrán entender mis razones. Y si no, pues qué se le va a hacer. Nunca llueve a gusto de todos.

Enviado por Iñaki el 20 Noviembre 2008 - 2:38am.

Querido Luis Fernando:
No te pongas nervioso, ¿tu has leído la carta que me diriges? ¿mala leche? ¿que no me lo consientes? ¿que si me queda claro?
A ti mismo, ¿a qué te suenan tus propias palabras? ¿Qué pensará la gente que desearía escribir aquí con libertad? ¿Se tomará la molestía?
Estás en el mejor camino para que sólo recibas comentarios de gente de tu cuerda. ¿Pero tú te das cuenta de que eres el director (o algo así) de Religión en libertad. ¿Lo captas? Religión en Libertad, eso es, Libertad.
Has censurado: "si este es ... yo soy María Antonieta" (no lo pongo todo para que no me censures) ¿Te parece normal?... Religión en... ¿libertad? ¿Pero tu de verdad crees que los lectores de Libertad Digital, sí, de Libertad Digital con quien estás asociado, defenderían ese tipo de censura?
Es obvio que no me conoces, y supongo que te enfrentas todos los días con gente que sí que tiene muy mala idea, pero a este paso te vas a cargar lo de libertad, y va a quedar sólo "Religión". En vez de tomártelo a mal, harías bien en cambiar de rumbo.
Un saludo.

Enviado por Luis Fernando el 20 Noviembre 2008 - 1:50am.

Iñaki, tienes más mala leche de lo que pensaba, pero no te consiento que me acuses de papalatría, ¿te queda claro? No te lo consiento.

A ese tío le he borrado INSULTOS al Papa. Ese mensaje del que hablas era el más "suave" pero he decidido que no le paso una más a quien ha escrito lo que tú no has podido leer.

Enviado por Jordi el 20 Noviembre 2008 - 1:23am.

Fe con obras de amor a Dios y al Hombre en la esperanza de la salvación eterna.

Sola fides, sola caritas, sola spes.

Enviado por Iñaki el 20 Noviembre 2008 - 1:16am.

Querido Luis Fernando:
El trabajo de censor es cosa muy delicada. La referencia que no sé quien hizo a "y yo soy María Antonieta" (no lo reproduciré entero para que no lo censures) no era un insulto ni una grosería, sino un gracejo inocente.
Me parece fortísimo que censures los comentarios que no te gustan cuando no emplean ninguna palabra malsonante, ni calumnian, ni nada que se le parezca.
Por favor, un poco más de respeto a la libertad de expresión y un poco menos de papalatría, ¿o tampoco se puede decir eso?
El criterio para censurar no puede ser tan subjetivo como que alguien pueda sentirse ofendido, pues siempre hay alguien que se ofende con cualquier tontería y eso acaba con la libertad de expresión. Es exactamente lo que hacen los islamistas respecto a Mahoma. El criterio tiene que ser objetivo: insultos, difamación, etc. Y aún así, mejor es pasarse en la libertad que pasarse en la censura.

Por lo demás, como protestante, me alegra mucho la declaración del Papa. Eso os pasa por elegir un papa alemán. ;-)

Saludos.

Enviado por Guillermo Juan Morado el 20 Noviembre 2008 - 12:51am.

De Pelagio, ya de paso que respondía a Lutero, se ocupó Trento en el Decreto de la Justificación: cánones 1-3 y 22y siguientes.

Enviado por Guillermo Juan Morado el 20 Noviembre 2008 - 12:46am.

¡qué cosas!

Habría que preocuparse más por lo que dice San Pablo que por lo que dijo Lutero... De todos modos, muchas veces, ¡qué cosas!, lo que subyace son interpretaciones teológicas distintas.

Así has sucedido con los nestorianos:

http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/chrstuni/documents...

Y con los luteranos:

http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/chrstuni/documents...

Enviado por Luis Fernando el 20 Noviembre 2008 - 12:24am.

Ana, se coló un mensaje. Ya está retirado. Faltas de respeto al Papa, ni una, señores.

Enviado por ¡Qué cosas! el 20 Noviembre 2008 - 12:01am.

está pero q mu clarito:

"La palabra "sola fide" de Lutero es verdadera si no se opone a la caridad, al amor".

¿Todavía no lo entendéis? A ver ahora:

-"La palabra "sola natura" de Pelagio es verdadera si no se opone a la gracia sobrenatural".

-la palabra "dos personas" de Nestorio es verdadera si no se opone a la unidad de personas en Cristo"...

Esto es una tomadura de pelo, lisa y llanamente, que ofende a cualquier inteligencia. Se pongan los Guillermos y demás palmeros como se pongan.
"La sola fide de Lutero..." la explicó bien explicadita... ¿adivináis quién? Bingo: ¡Lutero!
¿A qué juega Ratzinger? A lo que ha jugado siempre.

Enviado por Ana el 19 Noviembre 2008 - 11:40pm.

Me parece muy fuerte que se descalifique al Papa

Enviado por José R. el 19 Noviembre 2008 - 9:13pm.

El amor ("agapè", "caritas", "dilectio", no cualquier "amor", palabra tan engañosa y vaciada de contenido en nuestros tiempos tan propensos a desvirtuar y aun pervertir conceptos elevados) lo puede todo, pues Dios es este Amor ("Agapè", "Caritas", "Dilectio").... y ¡Misericordia!
Si amamos (con dilección, no con cualquier "amor") podemos hacer lo que queramos, pero este Amor se halla en Jesucristo, fuente de todo amor ("agapè", "caritas", "dilectio"). El que busca este Amor, aun sin darse cuenta, busca a Cristo, como el que busca la Verdad, aun sin darse cuenta, busca también a Cristo, que es la Verdad, y la Verdad se halla en la Iglesia que Él fundó, que es una, santa, católica y apostólica, como lo afirma el Credo. Creo que lo que acabo de decir, como lo que ha dicho nuestro Papa, no contradice en absoluto las enseñanzas dogmáticas del Concilio de Trento... ni las Escrituras., ni la Tradición.

Enviado por JORGE VARON el 19 Noviembre 2008 - 8:20pm.

Es claro que la fe que predica Pablo es aquella que produce una unión íntima con el espíritu de Cristo, es el nuevo nacimiento, la formación del nuevo hombre, este hecho en la vida del creyente le da la oportunidad de hacer morir las obras de la carne mediante la preeminencia del Espíritu de Cristo, la salvación es el surgimiento del Espíritu de Cristo en un ser humano, y esto solo lo produce la fé que lleva a confesar y aceptar que JesuCristo es el Señor. Lo demás es palabrería inútil.

Enviado por luis López el 19 Noviembre 2008 - 7:21pm.

Exacto, Santo Padre. Pablo lo expresó aún mejor: "Aunque tuviese tanta fe que trasladase las montañas, si no tuviera amor, nada soy" (1 Cor. 13,2)

Enviado por Guillermo Juan Morado el 19 Noviembre 2008 - 6:33pm.

La fe, separada de la caridad, no justifica. La sola fe que justifica es la fe que crea la caridad.

Enviado por Guillermo Juan Morado el 19 Noviembre 2008 - 6:11pm.

"Così, al termine di questo Vangelo, possiamo quasi dire: solo amore, sola carità. Ma non c'è contraddizione tra questo Vangelo e San Paolo. È la medesima visione, quella secondo cui la comunione con Cristo, la fede in Cristo crea la carità. E la carità è realizzazione della comunione con Cristo. Così, essendo uniti a Lui siamo giusti e in nessun altro modo".

Para un tema tan delicado, los resúmenes son peligrosos:

http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/audiences/2008/documents/...

Enviado por torpedo el 19 Noviembre 2008 - 5:16pm.

Ya lo dijo Agustín: Ama y haz lo que quieras. Pero ama. Esa es la ley y la justificación. No se puede tener fe y no amar. Aunque sí se puede amar y no tener fe. Son los "cristianos anónimos", no justificados por la fe... pero ¿estarán justificados por la caridad?

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