Laicos cristianos: sal y luz del mundo

Los obispos reconocen que la Iglesia no ha prestado atenci贸n a la formaci贸n de sus bautizados

La Conferencia Episcopal Espa帽ola ha reconocido que muchos bautizados han abandonado su formaci贸n cristiana, motivo que 芦les ha conducido a tener una visi贸n totalmente deformada del cristianismo y de la Iglesia禄. Los obispos admiten que parte de la culpa de este 芦desinter茅s por la formaci贸n cristiana禄 la tiene la Iglesia al no haber prestado 芦la suficiente atenci贸n y dedicaci贸n a la formaci贸n de los adultos bautizados禄, por lo que est谩n dispuestos a emprender 芦una formaci贸n cristiana integral de los miembros de nuestras comunidades y de los alejados de la Iglesia禄

(La Raz贸n/ReL) La Conferencia Episcopal Espa帽ola ha reconocido que muchos bautizados han abandonado su formaci贸n cristiana, motivo que 芦les ha conducido a tener una visi贸n totalmente deformada del cristianismo y de la Iglesia禄. Esta visi贸n deformada se debe, seg煤n los obispos, a que 芦sus criterios no parten del Evangelio, sino de las opiniones de los dem谩s y de las presentaciones parciales, sesgadas y distorsionadas que, en bastantes casos, hacen de la Iglesia algunos medios de comunicaci贸n禄.

Sin embargo, en el mensaje que la Comisi贸n Episcopal de Apostolado Seglar ha publicado con motivo de la festividad de Pentecost茅s, titulado 芦Laicos cristianos: sal y luz del mundo禄, los obispos admiten que parte de la culpa de este 芦desinter茅s por la formaci贸n cristiana禄 la tiene la Iglesia al no haber prestado 芦la suficiente atenci贸n y dedicaci贸n a la formaci贸n de los adultos bautizados禄. Por lo que est谩n dispuestos a emprender 芦una formaci贸n cristiana integral de los miembros de nuestras comunidades y de los alejados de la Iglesia, para que descubran su vocaci贸n, reaviven su pertenencia a la comunidad cristiana y se conviertan en evangelizadores禄, concluyen.

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Religi贸n en Libertad reproduce para sus lectores el texto completo del "Mensaje de la Comisi贸n Episcopal de Apostolado Seglar" ha publicado con motivo de la Solemnidad de Pentecost茅s, 11 de mayo de 2008:

芦Laicos cristianos: sal y luz del mundo禄

El cristiano, injertado en Cristo en virtud del sacramento del Bautismo, debe permanecer en 脡l y vivir seg煤n sus ense帽anzas, cumpliendo en todo momento la voluntad del Padre celestial. Del mismo modo que el sarmiento no puede dar fruto, si no permanece unido a la vid, tampoco el cristiano podr谩 ser testigo de Jesucristo y dar frutos de santidad, si no mantiene la plena comuni贸n con 脡l mediante la oraci贸n confiada, la participaci贸n frecuente en los sacramentos y la preocupaci贸n por su formaci贸n cristiana: 芦El que permanece en m铆 como yo en 茅l, ese da mucho fruto, porque separados de m铆 no pod茅is hacer nada禄 (Jn 15, 5).

En total sinton铆a con esta necesidad de permanecer en Cristo para vivir con 脡l y como 脡l est谩 el lema propuesto para la celebraci贸n del d铆a del Apostolado Seglar y de la Acci贸n Cat贸lica. En dicho lema se nos recuerda el encargo hecho por el Se帽or a sus disc铆pulos de ser 芦luz del mundo y sal de la tierra禄. Ahora bien, para llegar a ser luz del mundo y sal de la tierra, es absolutamente necesario que los que han sido llamados permanezcan en comuni贸n de vida y amor con Aquel, que se ha defi nido a s铆 mismo como "la luz del mundo". Jes煤s, el enviado del Padre, con su Encarnaci贸n, con su testimonio durante los a帽os de vida p煤blica y con su triunfo sobre el poder del pecado y de la muerte en virtud de la resurrecci贸n, es el 煤nico que puede iluminar el camino de la humanidad hacia Dios.

Los cristianos, en ocasiones, movidos por el sano deseo de iluminar con la luz del Evangelio las diversas realidades temporales, nos hemos centrado demasiado en nosotros mismos y hemos dado mucha importancia a la acci贸n. El Evangelio exige la actuaci贸n, la presencia en el mundo y el testimonio en la vida p煤blica para que, al contemplar nuestras buenas obras, los hermanos den gloria al Padre celestial. Pero, a la hora de planificar el compromiso cristiano en los distintos 谩mbitos de la sociedad, debemos partir de la profunda convicci贸n de que solamente podremos ser luz del mundo y ofrecer esta luz a nuestros hermanos, si permanecemos unidos a Cristo, el 煤nico Salvador de los hombres. Desde esta comuni贸n profunda con 脡l ser谩 posible colaborar al triunfo de la vida sobre la muerte, de la luz sobre las tinieblas del pecado y del amor sobre el odio.

En virtud de esta comuni贸n con Cristo, alimentada en la oraci贸n y en la celebraci贸n de los sacramentos, el bautizado es llamado constantemente por el Padre celestial a profundizar en su condici贸n de hijo de Dios, a madurar en la fe y a dar frutos de sincera conversi贸n. Ante esta llamada, ning煤n cristiano puede dejar de responder ni eludir su personal responsabilidad. Pero, para que este di谩logo entre Dios y el hombre, creado a su imagen y semejanza, encuentre la respuesta adecuada, es necesario que cada bautizado asuma la urgencia de revisar su espiritualidad y de renovar su formaci贸n cristiana, entendiendo esta formaci贸n como 芦un continuo proceso personal de maduraci贸n en la fe y de configuraci贸n con Cristo, seg煤n la voluntad del Padre, con la gu铆a del Esp铆ritu Santo禄 (ChL 57).

La formaci贸n cristiana, entendida de este modo, es ante todo un don de Dios a cada persona que, por medio de la Iglesia y por la acci贸n del Esp铆ritu Santo, le ayuda a descubrir los contenidos de la verdad revelada, invit谩ndole a unirse m谩s plenamente a Jesucristo y anim谩ndole a hacer de la vida una ofrenda agradable a sus ojos. S贸lo Dios puede revelarnos su identidad y s贸lo 脡l puede transformarnos interiormente para que reconozcamos nuestra condici贸n de hijos de Dios y para que vivamos como tales. En este sentido, la formaci贸n cristiana exige siempre una acogida y una respuesta al don recibido por parte de cada bautizado. Cuando la respuesta al don recibido es positiva, entonces los que creen en Dios podr谩n vivir como criaturas nuevas, desarrollando la adhesi贸n a Jesucristo, profundizando en la pertenencia a la Iglesia y convirti茅ndose en aut茅nticos evangelizadores. Todo lo dem谩s: materiales, m茅todos, son simples medios para la consecuci贸n de estos fines, aunque sean medios importantes.

Los obispos de la CEAS, como consecuencia de nuestra participaci贸n en las reuniones de responsables de movimientos apost贸licos o en los encuentros de delegados diocesanos de apostolado seglar, percibimos con gozo que son muchos los cristianos que han descubierto la necesidad de profundizar en su formaci贸n cristiana integral para vivir de forma consciente y responsable su vocaci贸n y misi贸n en la Iglesia y en el mundo, para dar raz贸n de la propia esperanza a quien se la pidiere y para unificar fe y vida, pertenencia a la Iglesia y presencia en el mundo. Vemos que cada d铆a existe una convicci贸n m谩s generalizada de que es necesario asumir un proyecto formativo, que abarque los aspectos espirituales, celebrativos, doctrinales, pastorales y humanos. S贸lo as铆 ser谩 posible integrar todas las facultades de la persona: mente, coraz贸n, sentimientos y testimonio. No es suficiente conocer las verdades de la fe, es necesario que esas verdades pasen de la cabeza al coraz贸n de cada bautizado y transformen sus sentimientos seg煤n los sentimientos de Cristo. De este modo, cada cristiano podr谩 llegar a pensar, sentir, hablar y actuar de acuerdo con su dignidad de hijo de Dios, tanto en las relaciones con los hermanos como en las distintas actividades sociales.

Pero, siendo realistas, tambi茅n debemos reconocer que existen muchos bautizados que, debido al descuido y olvido de su formaci贸n cristiana, desconocen totalmente a Dios. El ejercicio de nuestra misi贸n pastoral en la di贸cesis y el contacto directo con la vida parroquial nos permite constatar que bastantes cristianos viven de una fe heredada, pero no personalizada. Se han conformado con las ense帽anzas recibidas de sus padres en el hogar familiar o en los primeros a帽os de catequesis, pero no se han planteado concretamente lo que significa creer y seguir a Jesucristo. En otros casos, vemos que algunos miembros de nuestras comunidades cristianas, bien dispuestos para asumir responsabilidades pastorales, manifiestan sin embargo en sus comportamientos una profunda ruptura entre la fe y la vida, y no sienten la necesidad de formarse para cumplir con m谩s fidelidad la misi贸n confiada por el Se帽or. Estos cristianos no son conscientes de que el seguimiento de Jesucristo y el compromiso cristiano en la Iglesia y en el mundo exige una actitud de b煤squeda constante, de renovaci贸n espiritual y de crecimiento en la formaci贸n.

Al constatar estas carencias en la vida religiosa de tantos hermanos, nos preocupa que ellos no vivan con gozo su filiaci贸n divina ni experimenten la cercan铆a, el amor, el perd贸n y la misericordia infinita del Padre, que Cristo nos ha revelado y manifestado. Muchos tampoco descubren la alegr铆a de pertenecer a una comunidad cristiana ni sienten la necesidad de participar en sus celebraciones.Por supuesto, es motivo de inquietud para nosotros que bastantes bautizados no hayan descubierto y asumido con gozo la misi贸n evangelizadora y misionera confiada por el Se帽or a sus disc铆pulos. Si s贸lo conocen a Jesucristo de o铆das o de modo superficial, es imposible que puedan ser luz del mundo y testigos de su salvaci贸n. El abandono de la formaci贸n cristiana por parte de muchos bautizados les ha conducido a tener una visi贸n totalmente deformada del cristianismo y de la Iglesia, puesto que sus criterios y juicios sobre estas realidades ya no parten del Evangelio ni de las ense帽anzas de la Iglesia, sino de las opiniones de los dem谩s, de los criterios sociales y de las presentaciones parciales, sesgadas y distorsionadas que, en bastantes casos, hacen de la Iglesia algunos medios de comunicaci贸n.

Las causas de esta realidad, de este desinter茅s por la formaci贸n cristiana, son variadas. Aunque no es el momento de hacer un an谩lisis detallado de las mismas, s铆 podemos se帽alar que, adem谩s de la ruptura de la cadena en la transmisi贸n de la fe en el seno de la familia y de los sucesivos procesos de secularizaci贸n que est谩 padeciendo la sociedad espa帽ola, desde la Iglesia tal vez no hemos prestado la suficiente atenci贸n y dedicaci贸n a la formaci贸n de los adultos bautizados. Pens谩bamos que, al mantener unas pr谩cticas religiosas, todos estaban suficientemente formados, y nos hemos equivocado. Por otra parte, ha existido una preocupaci贸n por la transmisi贸n de contenidos doctrinales, que son necesarios, pero hemos dejado en un segundo plano los aspectos espirituales en la formaci贸n. En ocasiones, tal vez no hemos tenido suficientemente presente que el cristiano, ante todo, es un seguidor de Jesucristo. En definitiva, no hemos sabido o no hemos podido ser instrumentos para la conversi贸n mediante las propuestas de la formaci贸n cristiana.

Pero, no es el momento para las lamentaciones, pues la presencia del Se帽or resucitado en medio de su Iglesia y la constante acci贸n del Esp铆ritu nos invitan a poner los ojos en el futuro, a remar mar adentro y a trabajar con esperanza. Por todo ello, debemos comenzar dando gracias a Dios por los grandes esfuerzos e iniciativas que se han llevado a cabo en todas las di贸cesis espa帽olas, durante los 煤ltimos a帽os, para hacer posible la formaci贸n de un laicado adulto en la fe y consciente de su vocaci贸n. Tal vez, en algunos casos, esta formaci贸n a煤n no ha dado los frutos esperados y apetecidos. Al mismo tiempo que damos gracias a Dios, deber铆amos hacer un esfuerzo por revisar los procesos de formaci贸n cristiana que estamos llevando a cabo en estos momentos con la mejor voluntad, pero tal vez sin el necesario discernimiento. En ocasiones, se ha formado a los miembros de nuestras comunidades para impartir catequesis, para la preparaci贸n de las celebraciones lit煤rgicas, para impulsar la actividad caritativa y social, pero no se ha formado para hacer cristianos adultos en la fe, enamorados de Jesucristo y de su Iglesia y convencidos de la dimensi贸n secular de la vocaci贸n laical. De este modo se ha dado prioridad al 芦hacer禄 sobre el 芦ser禄 y se han formado personas que saben realizar actividades en el 谩mbito de la comunidad cristiana, pero que no tienen s贸lidamente afirmadas las convicciones y las motivaciones cristianas por las que deben realizar todas esas actividades.

Teniendo esto en cuenta, y escuchando la voz de Dios desde la realidad descrita, estaremos de acuerdo en que es muy urgente emprender una formaci贸n cristiana integral de los miembros de nuestras comunidades y de los alejados de la Iglesia, para que descubran su vocaci贸n, reaviven su pertenencia a la comunidad cristiana y se conviertan en evangelizadores. En este sentido, deber铆amos tener muy presentes las indicaciones que nos hac铆a el papa Juan Pablo II: 芦la formaci贸n de los fi eles laicos se ha de colocar entre las prioridades de la di贸cesis y se ha de incluir en los programas de acci贸n pastoral, de modo que todos los esfuerzos de la comunidad (sacerdotes, religiosos y laicos) concurran a este fi n禄 (ChL 57).

Los nuevos movimientos y los movimientos de Acci贸n Cat贸lica hab茅is prestado un gran servicio a la Iglesia durante estos a帽os en la formaci贸n cristiana de muchos bautizados. En este d铆a de Pentecost茅s, en el que celebramos la venida del Esp铆ritu sobre la Iglesia naciente y la salida en misi贸n de los primeros evangelizadores, queremos agradeceros vuestra dedicaci贸n generosa e invitaros a seguir concentrando todos los esfuerzos en la formaci贸n integral y permanente de quienes han asumido responsabilidades pastorales o evangelizadoras en la Iglesia y en el mundo. Y, aunque sabemos que no es f谩cil, os animamos a seguir ofreciendo esta formaci贸n a quienes viven con una fe mortecina o han ca铆do en la indiferencia religiosa. Con la ayuda del Se帽or, podremos ayudarles a descubrir el gozo del seguimiento y a redescubrir la identidad cristiana haciendo frente a los criterios del mundo. Si queremos que toda la Iglesia sea el sujeto de la evangelizaci贸n, debemos poner todos los medios a nuestro alcance para formar adecuadamente a los bautizados, aprovechando las distintas oportunidades que tenemos para ello, aunque esto exija sacrifi cio y renuncia a otras actividades m谩s gratas o m谩s espectaculares.

En todo momento pod茅is contar con nuestro apoyo y bendici贸n.

Comisi贸n Episcopal de Apostolado Seglar

Publicado el 11 Mayo 2008 - 10:07am

Comentarios de los lectores
Enviado por Anonymous el 12 Mayo 2008 - 6:16pm.

M谩s vale tarde que nunca y ahora a poner el remedio y rectificar que es de sabios y de Santos

Enviado por mercedes el 11 Mayo 2008 - 10:16pm.

Magn铆fico documento y muy certero en su contenido . La fe es un don de Dios y hemos de cultivarlo a trav茅s del conocimiento y de la raz贸n .

Enviado por Mamen Alejos el 11 Mayo 2008 - 2:04pm.

Agradezco de verdad a los obispos que reconozcan sus errores. Algo en la Iglesia espa帽ola est谩 cambiando. Tanto en este documento como en el de "Teolog铆a y secularizaci贸n, a los 40 a帽os del CVII", se dicen por primera vez, claramente, que algo se ha hecho mal y que ha tenido consecuencias importantes.

Cuenten con nosotros, los laicos; estamos dispuestos a ayudarles a sacar esto a flote. Unidos a nuestros pastores en comuni贸n con el Papa, possumus!

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