Domingo, 24 de marzo de 2019

Religión en Libertad

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Reflexionando sobre la Cuaresma

¿Ayunar no está pasado de moda?

por La divina proporción

Actualmente el ayuno ha casi desaparecido de la Iglesia. Vivimos una época de utilitarismo impregnado de emotividades y activismos. Una época en la que el ayuno no parece encajar en ninguna parte. De ahí que cada día de cuaresma nos encontremos con nuevas propuestas de ayuno de gran creatividad, aunque carentes de raíces profundas en la Tradición Apostólica. Recordemos que la Tradición Apostólica es revelación de Dios y también, que la Tradición Apostólica no conlleva estéticas o costumbres humanas. No confundamos Tradición con tradiciones, estéticas y costumbres de una u otra época. San Agustín no habla con gran sabiduría del ayuno:

El ayuno como ofrenda a Dios es propio de los hombres y no de los ángeles. He sido invitado a hablaros sobre la utilidad del ayuno. También Dios nos invita, y el tiempo mismo nos apremia. Esta práctica, esta virtud del alma, esta pérdida de la carne y ganancia del espíritu los ángeles no se la pueden ofrecer a Dios. En efecto, allí en el cielo todo es abundancia y seguridad sempiterna; y por eso no hay defecto alguno, porque todo el amor es hacia Dios. Allí Dios es el pan de los ángeles, y Dios se hace hombre para que el hombre coma el pan de los ángeles. Aquí en la tierra, todas las almas, que tienen una carne terrena, sacian sus vientres de la tierra; allí los espíritus racionales, gobernando a los cuerpos celestes, llenan de Dios sus mentes. Tanto aquí como allí hay alimento, pero el alimento de aquí, cuando nutre, se acaba, y llena el vientre de modo que él se disminuye; en cambio, el alimento de allí, a la vez que llena, permanece igualmente entero. De este alimento Cristo nos ha indicado que tengamos hambre, cuando dice: Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. (San Agustín. Sobre la utilidad del ayuno. Exordio)

Ayunar es conciencia de lo que realmente somos. El ayuno es de alimento, ya que alimentarse conlleva desprenderse voluntariamente de una de las necesidades innatas que tenemos como seres humanos. “Ayunar” de otras cosas puede ser penitencia, pero no ayuno. Privarse por voluntad propia del alimento que necesitamos, llegando a sentir en nosotros mismos debilidad, carencia de fuerza, problemas para pensar claramente, ánimo para hacer lo que tenemos que hacer, nos hace ver que somos polvo y que al polvo volveremos. La postmodernidad que nos dice que “todo es posible” por medio de la tecnología. Nuestra fe se contrapone a esta ideología con la certeza de que no puedo nada sin Dios.  “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en Mí, y Yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de Mí nada podéis hacer” (Jn 15, 4-5)

Ayunar es  ofrenda a Dios. Como dice San Agustín, ayunar es propio de seres humanos. Los animales, plantas y seres inanimados no pueden tomar la libre decisión de ayunar. Ayunar tampoco es propio de ángeles y almas trascendidas, ya que ellas viven en plenitud del Verdadero Alimento, que es Cristo mismo, el Logos de Dios. Aunque San Agustín no lo indique, el ayuno tampoco es propio de los seres preternaturales, ya que estos seres son todo menos libres. Quienes claman por la justicia y tienen hambre y sed de ella, se dan cuenta que sólo el Verdadero Alimento les puede saciar.

Yo soy el pan de vida, el que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed” (Jn 6, 35-40).

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en Mí y Yo en él” (Jn 6, 54-56).

Hoy en día no buscamos la justicia, sino los derechos. Nos repugna asumir límites por nosotros mismos. Nos dicen constantemente que “lo merecemos todo” sólo porque somos nosotros, sólo porque tenemos “derecho” a ello. Derechos que son una trampa, ya que terminan como encerrarnos en muros de corrección política, dependencia del poder humano y de la ideología imperante. Sólo hace falta ver las raíces de la profunda crisis de abusos que vive la Iglesia para darse cuenta de ello. Necesitamos justicia, pero nos disuaden de pedirla y ofrecerla. Hasta en la Iglesia se prefiere anteponer una misericordia vacía y aparente. Misericordia falsa, que termina por atarnos las manos y el entendimiento.

¿Ayuno? Ayuno es ofrenda a Dios y don para nosotros. Actualmente la Iglesia nos ofrece únicamente dos días para acercarnos a él: miércoles de ceniza y viernes santo. Fíjense, sólo dos días de 365 posibles. Queda en nuestra libertad aprovechar verdaderamente estos dos días o dedicarlos a buscar pseudo ayunos que nos conforten la conciencia. Además, no olvidemos que el ayuno no está restringido a estos dos días. Tenemos todos los días que aceptemos el reto de pedir a Dios la Gracia de ayunar. Ayunar de fuerzas humanas, para implorar la Justicia que conlleva el Verdadero Alimento: Cristo mismo. Ayunar no es un derecho, es un don que Dios nos ofrece.

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