Jueves, 23 de mayo de 2019

Religión en Libertad

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El judaísmo reclama el compromiso con el otro y la acción. Por Bernardo Kliksberg. 5/5

por Wiederholen

La tercera constatación es que en la historia judía, generación tras generación, muchísimas comunidades y personas, hicieron todo lo posible para llevar a la practica las enseñanzas bíblicas en materia social.  Como se advirtió, no fue una historia idílica.

Hubo marchas y contramarchas, hubo infracciones graves al mandato, hubo quienes se opusieron con vigor a él, y abogaron por la insensibilidad y el egoísmo. Existió una tensión permanente entre unos y otros.   Pero en definitiva nunca dejo de darse esa lucha por una sociedad más justa.

 

¿Son estas constataciones reales, pero pura historia?. ¿Se hallan ya totalmente distantes de las comunidades judías actuales?. ¿No tienen significados concretos para ellas?.  ¿O por lo contrario tienen resonancia y capacidad propositiva para los problemas de pobreza e inequidad previamente esbozados?

 

Creemos que la tensión sigue en plena vigencia.  Hay fuertes tendencias en la vida judía presente a  tomar el mensaje solo como letra escrita, pero practicar en la acción conductas muy distantes del mismo.  A identificarse con quienes proclaman que la pobreza es en definitiva el castigo para quienes no son talentosos, o no han sabido esforzarse y por lo tanto no merece solidaridad mayor.  A creer que en cambio la posesión de bienes, el éxito económico es la confirmación de los méritos del individuo.  A medir el valor de las personas según sus logros económicos.  A apartar y tratar con superioridad y desprecio a los desfavorecidos.  A caer en una especie de “ostentomania” haciendo alarde y exhibicionismo de las conquistas patrimoniales.

 

Pero también existe la otra gran fuerza, que sigue el hilo maestro de la historia judía, y tiene sólidas raíces de apoyo en el mensaje original.  No es una ficción, o una expresión de buenos deseos.  Tiene manifestaciones múltiples.

 

Ninguna comunidad judía existente ha renunciado a la solidaridad social.  En todas aparece como un área esencial de sus actividades.  Se hacen todos los esfuerzos para que la misma ayude a  “poner al otro sobre sus pies”.  En todas las comunidades desde un extremo al otro del planeta millares y millares de hombres y mujeres judías de todas las edades desarrollan silenciosamente un incansable trabajo voluntario centrado en programas sociales.  La mayoría no espera medallas, lo hace a partir de una profunda necesidad interior. En el Estado de Israel lo social ha tenido una posición prioritaria desde su creación.  Ha practicado enérgicas políticas de inversión continuada en el largo plazo en educación y salud publicas, que lo han proyectado a posiciones de vanguardia en el mundo en cuanto a logros en esos planos.  Ha florecido en el espontáneamente, de abajo hacia arriba, desde la sociedad civil, un gigantesco movimiento de organizaciones voluntarias que ha complementando y reforzado la política publica.  Existe un reclamo continuo en su interior por que se dicten políticas que eviten la  ampliación de las polarizaciones sociales.  Hay una lucha vigorosa contra las discriminaciones socioeconómicas.

 

Un rasgo importante de la situación actual del pueblo judío al respecto es que al mismo tiempo que hay un esfuerzo de grandes proporciones de Tzedaka hacia adentro, se están superando antinomias de otra época en cuanto al compromiso con los problemas sociales de las sociedades en donde viven las comunidades judías.  En buena parte de este siglo, se planteo en la vida judía una especie de incompatibilidad entre ayudar adentro, y ayudar afuera.  Estuvo basada en los altísimos grados de opresión que vivió el pueblo judío en los últimos siglos, que culminaron con el exterminio de una tercera parte del mismo.  Ello influye en una concentración  en su supervivencia, y sus  necesidades  básicas. Hoy la situación ha cambiado.  Los judíos tienen un Estado independiente de grandes logros, y  su posición en las sociedades se ha transformado, y despierta respeto y aprecio en amplios sectores.  Como producto de todo ello y de múltiples factores, el antisemitismo existente y peligroso ha devenido, en algo considerado crecientemente "políticamente incorrecto".

 

Sectores significativos en algunas de las principales comunidades judías sienten que es su deber desde la identidad judía, aportar activamente a la solución de problemas sociales generales de la sociedad.  No ven en ello ningún detrimento de su identidad judía sino por el contrario un afianzamiento y una realización de ella.

 

Nejama Leibowicz dice “La senda del amor al prójimo, del amor a la humanidad prescrita por la Tora es la del ensanchamiento permanente del circulo en el que se encuentra el hombre”.  Y fija con rigurosidad los términos.  Todo judío debe ser en primer término consecuente con su propia familia, luego con su pueblo, y después con la humanidad.  Quien no se compromete con su familia y su pueblo, no será genuino en compromisos con la humanidad.  Pero no existe incompatibilidad. El corazón judío puede “ensancharse permanentemente”.

 

En muchas comunidades aumentan los grupos y personas que marchan por esta senda.  En el judaísmo americano se multiplican las organizaciones que tratan de aportar a los problemas sociales generales de la sociedad.  El mensaje que dejara uno de sus más grandes conductores espirituales el Rabino A.Y. Heschel hoy cunde con facilidad.   Para Heschel no había falsas oposiciones. Había que actuar en ambos planos, y así lo hizo con total consecuencia.  Para él, la real oposición era entre simplemente hablar, y no hacer, o hacer.  Decía que una mitzva, una buena acción, era una “oración en forma de acción”.  Lucho contra la discriminación racial en Estados Unidos en primera fila, se opuso a la guerra de Vietnam, denuncio la masacre de My Lay, desarrollo una amplísima acción humanitaria y social. Hoy su figura inspira muchísimos esfuerzos similares.  Su ejemplo alienta entre muchas otras acciones la labor del Fondo judío por la Justicia que se define como una fundación que actúa en base “al compromiso histórico del pueblo judío de perseguir y apoyar la justicia económica y social” y que “provee a los individuos e instituciones judías con una vía contemporánea para demostrar su pasión por tikkun olam (reparar el mundo) en el marco de un contexto judío”.  Dejo sus huellas seguramente en los rabinos judíos que manifiestan y actúan por un salario mínimo mayor para los que trabajan en los más bajos niveles de la sociedad americana.

 

Esta visión de un judaísmo que desde las raíces judías actúa por lo comunitario y lo universal se halla presente también con toda fuerza en la multiplicación de los programas judíos para cooperar con el medio que se esta dando en América Latina, y otras latitudes del mundo judío. Múltiples organizaciones comunitarias contribuyen a programas sociales generales. Un número muy significativo de judíos latinoamericanos participan activamente en el tercer sector, las organizaciones voluntarias. Algunos están volcando a esas actividades la extensa experiencia de las comunidades en ese campo.

 

Este judaísmo que vibra con lo social desde la identidad judía muestra que  es posible unir ambos aspectos, la Tzedaka hacia afuera y hacia adentro.

 

El compromiso profundo del judaísmo con los problemas sociales no es pues  solo “historia gloriosa”, es realidad activa en Israel y las comunidades.  Hay actores históricos actuales que lo llevan adelante.

 

Sin embargo todo lo que se hace es poco frente a la magnitud de los problemas existentes en este campo básico tanto a nivel universal como latinoamericano.  El Banco Mundial estima que mueren anualmente por enfermedades totalmente controlables 7 millones de personas, y por hambre 20 millones. El Premio Nobel de Economía 1998, Amartya Sen, dice que hay millones de “mujeres desaparecidas”. Extrapolando las cifras demográficas debería haber en el mundo muchas más mujeres, y no están.  Forman parte de las elevadas tasas de mortalidad en embarazos y partos de mujeres pobres sin acceso a  atención médica.  En América Latina, un tercio de los niños menores de 5 anos de los países centroamericanos, tiene actualmente un peso y una estatura menores a las que deberían tener.  Influye en ello la desnutrición de la madre y del niño. La pauperización ha llegado también en esta región como se menciono a vastos sectores de las clases medias, en las cuales están englobadas las mismas comunidades judías. Un número en aumento de familias judías vive en medio de angustias económicas agudas, con grandes dificultades para obtener trabajo, incertidumbre sobre su futuro, y fuertes privaciones.

 

Las comunidades judías no han sido las causantes de estos problemas. Sus culpas sólo existen en los “mitos antisemitas”.  Pero tienen una gran responsabilidad a asumir frente a ellos.  Son portadoras de una propuesta histórica que enseña sabiamente como podrían prevenirse y podría construirse una sociedad mejor. Esa propuesta obliga también a la acción.  Las comunidades deben ser consecuentes con los vastos sectores del pueblo que asumieron dicha acción a lo largo de la historia judía y deben profundizarla, y enriquecerla.  El compromiso comunitario con los problemas sociales externos e internos debe ampliarse cada vez más.  Deben buscarse recursos, poner en marcha nuevos programas, renovar métodos, abrir todos los canales para la participación de las nuevas generaciones en estos esfuerzos.

 

No será una tarea fácil, se encontrara con las resistencias, egoísmos, e insensibilidad, característicos de las sociedades consumistas modernas.  Pero como no seguir adelante cuando existen estímulos tales como esa expresión del Talmud Ierushalmi (Sanedrín, capitulo 4 22A) “Quien salva una vida es como si salvara a toda la humanidad”.

 

Permítasenos, una reflexión final para acompañar ese camino de aporte a lo social desde un judaísmo consecuente.   Todo participante en el esfuerzo tiene derecho a dudar y plantearse en algún momento: ¿no será todo esto quimérico? ¿Qué posibilidad real hay de cambiar las cosas?  ¿La pobreza y la inequidad seguirán creciendo, para que empeñarse en frenar lo inevitable?

 

Uno de los judíos más sabios de fines del siglo XX, a quien algunos consideraron un nuevo Profeta por sus ideas y su ejemplo, el Premio Israel Yeshayahu Leibowicz nos sugiere un modo de pensar muy diferente:

 

            “Uno de los más grandes historiadores ha dicho que la historia humana no es más que una serie de crímenes, de locuras y de desastres cometidos por nuestra especie.,  Este historiador (Edward Gibbon) ha dicho la verdad, pero no toda la verdad.  Es cierto que la historia ha consistido en crímenes, locuras y desastres, pero también ha consistido en la lucha de los pueblos para combatir esos crímenes, esas locuras y esos desastres.  La existencia permanente de este combate, en cualquier época y en cualquier sociedad, es el elemento que confiere su significado moral a la historia de la especie humana”.

 

El mensaje es que hay esperanza. Que vale la pena librar la lucha por un mundo mejor y en esta lucha se juega la existencia moral de la humanidad.

 

Enfrentar los problemas sociales forma hoy parte central de estas luchas como lo fue en épocas recientes, la pelea por los derechos humanos y la democracia, a la que diversas comunidades judías contribuyeron.  El pueblo judío, originado en un pacto ético con la divinidad, autodefinido ante todo por sus compromisos morales, debe afrontar hoy este desafío y trabajar en la vanguardia de la acción contra la pobreza y por la equidad.  Estará así siguiendo el camino abierto por los Profetas y continuado a través de los siglos por los humildes judíos del pueblo que actuaron como "mentsch" con sus semejantes y con la sociedad.

 

NOTA

 

www.kehilamendoza.org.ar/tesis.doc

 

* Bernardo Kliksberg  es  rector de la Iniciativa Interamericana de Capital Social, Ética y Desarrollo del BID, Asesor de la ONU, OIT, UNESCO, OPS, y otros organismos internacionales. Autor de numerosas obras, las más recientes: "Hacia una economía con rostro humano" (Fondo de Cultura Económica 2002), "Ética y Economía. La relación marginada" (El Ateneo, 2002).

 

http://spanish.safe-democracy.org/author/bernardokliksberg/

 

Hijo de emigrantes judíos polacos humildes, Bernardo Kliksberg es asesor de más de 30 gobiernos y numerosos organismos internacionales como la ONU, el BID, Unesco y Unicef. Actualmente reside en Nueva York. Posee varios títulos universitarios, todos de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Escribió más de 40 libros. Su última obra se titula Primero la gente, y fue escrita en coautoría con el Premio Nobel de Economía Amartya Sen. La ONU y la Unesco han traducido varios de sus trabajos al inglés y al portugués.

http://www.myweblog.com.ar/bernardo-kliksberg/

 


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