Miércoles, 19 de junio de 2019

Religión en Libertad

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Fray Pascual está triste…

por Angel David Martín Rubio



Fray Pascual está triste ¿Qué tendrá Fray Pascual?...”

Fray Pascual Saturio Medina es un Dominico, que publica un artículo como “firma invitada” en el “Diario de Cádiz” y que “ve con tristeza” la iniciativa del Obispo de Cádiz que no es otra que haber determinado un lugar y una hora para la celebración de la Misa en lo que ahora se denomina “Forma Extraordinaria” del Rito Romano.

Lo que entristece al Prior del Convento de Santo Domingo de Cádiz no es otra cosa que la puesta en práctica de las instrucciones del Santo Padre en su “Motu Proprio Summorum Pontificum” (7-junio-2007) en el que se reconoce que la Liturgia Romana Tradicional nunca estuvo abrogada y que es un derecho de los fieles y de los sacerdotes poder celebrarla y recibir bajo esa forma los Sacramentos.

El miembro de la antaño gloriosa Orden de Predicadores lleva a cabo una auténtica caricatura de la Misa Católica y de la propia Iglesia, tanto de lo que él atribuye a la vivencia religiosa propia de los años de su ya lejana juventud (denigrada en sus personas y en sus expresiones) como en la simpática e ingenua descripción de lo que nos ha venido tras el Vaticano Segundo. Pero no le falta razón al decir, con simpleza indigna de un teólogo, que un rito expresa una mentalidad o que un modo de celebrar resulta expresión de un modo de pensar. Sería más correcto recordar, con el adagio clásico que “La ley de la oración es la ley de la fe” (“Lex orandi, lex credendi”) o que “La ley de la oración determine la ley de la fe” (“legem credendi lex statuat supplicandi”). La ley de la oración es la ley de la fe, la Iglesia cree como ora, y los Cardenales Ottaviani y Bacci afirmaron en su “Breve Examen Critico del Novus Ordo Missae” que “el nuevo Ordinario de la Misa —si se consideran los elementos nuevos susceptibles de apreciaciones muy diversas, que aparecen en él sobreentendidas o implícitas— se aleja de modo impresionante, tanto en conjunto como en detalle, de la teología católica de la Santa Misa tal como fue formulada por la 20ª sesión del Concilio de Trento que, al fijar definitivamente los cánones del rito, levantó una barrera infranqueable contra toda herejía que pudiera atentar a la integridad del Misterio”.

Y ese es el fondo del conflicto. Porque nadie que trate con seriedad la cuestión propone que se saquen del baúl los sombreritos, los almidones y los hisopos; eso que tanto preocupa a Fray Pascual será a lo que se dediquen algunos pero los que, sin haber conocido experiencialmente la situación anterior al Vaticano Segundo, abogamos por la restauración de la Liturgia Romana en su forma tradicional, lo que pedimos es que se nos devuelva un tesoro de fe y piedad que nos fue inicuamente arrebatado por aquellos arbitristas litúrgicos que implementaron una reforma ajena en muchos casos no solamente al espíritu sino a la letra de la Constitución “Sacrosanctum Concilium”.

Solamente examinando las causas profundas de la situación actual y procurando el remedio adecuado se podrá llegar a una restauración sólida de la Iglesia. El combate por la Misa Católica es inseparable del combate por la sana doctrina. Es la única respuesta posible ante la crisis sin precedentes que hoy sacude a la Iglesia y que la ha postrado en una situación que resulta tan del agrado de Fray Pascual: crisis en las vocaciones, en la práctica religiosa, en la doctrina, en la liturgia y los sacramentos… Pablo VI habló de una infiltración del “humo de Satanás” (Alocución del 29 de junio de 1972) y de la “autodemolición” de la Iglesia (Alocución del 7 de diciembre de 1968). Juan Pablo II no dudó en decir que el catolicismo en Europa se encontraba como en estado de “apostasía silenciosa” (Ecclesia in Europa). Antes de su elección, el entonces Cardenal Ratzinger invitaba a contemplar lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia: “cuántas veces se abusa del sacramento de su presencia, y en el vacío y maldad de corazón donde entra a menudo. ¡Cuántas veces celebramos sólo nosotros sin darnos cuenta de él! ¡Cuántas veces se deforma y se abusa de su Palabra! ¡Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vacías! ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! ¡Qué poco respetamos el sacramento de la Reconciliación, en el cual él nos espera para levantarnos de nuestras caídas!” (Via Crucis del 2005, Novena Estación).

A veces, para camuflar el fracaso de la Iglesia posconciliar se nos dice que tenemos que conformarnos con ser una minoría. Si hoy es posible pensar en la libertad de la Misa de siempre, en todas partes y para todos es porque durante muchos años ha habido pastores y fieles que nos han demostrado lo que significa ser una minoría inasequible al desaliento, anclada firmemente en la verdad, capaz de llamar a las cosas por su nombre, de no admitir lo que no es lícito, de juzgar las cosas por lo que son realmente y no por lo que parecen o por lo que dicen los demás, por mucha autoridad de que parezcan revestidos.

Por el contrario, la pseudo-Iglesia que representa Fray Pascual no es minoritaria, es irrelevante. Que son dos cosas muy distintas.

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