Lunes, 20 de mayo de 2019

Religión en Libertad

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El clero de Toledo defiende a su Primado, el cardenal Segura (1)

por Victor in vínculis

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Encuentro del cardenal Primado de Toledo, monseñor Pedro Segura Sáenz, con el clero de las 25 parroquias, que en los años treinta, formaban el arciprestazgo de Talavera de la Reina. Bajo estas líneas, el Sr. Cardenal junto al beato Saturnino Ortega Montealegre, arcipreste de la ciudad de la Cerámica, que sufrió el martirio, en los días de la persecución religiosa durante la madrugada del 6 de agosto de 1936.



Labor apóstolica del cardenal Segura expuesta por su Clero

Con este título y durante tres días, los días 8, 9 y 11 de mayo de 1931, aparecerá en El Castellano, firmado por la Asociación Diocesana del Clero una exposición de la labor apóstolica desarrolla por el Cardenal Segura desde que llego a la sede Primada, el 23 de enero de 1928. En 1929 pertenecían a dicha asociacíón 543 sacerdotes (de un total de 636). La primera parte aparece en la segunda página del 8 de mayo. Y esto es lo que nos narra:

Muchas veces hemos escuchado los aplausos que se tributaban al Sr. Cardenal. Merecíalos bien su celo infatigable y su abnegada labor de apóstol.

En la tranquila sonrisa de sus labios, adivinábamos que no le engreían los aplausos que le acompañaban por doquier. Los recibía con indulgencia más que con satisfacción, juzgando que solo eran debidos a Aquel a quien pertenece todo honor y toda gloria.

Faltaba a su apostolado la aureola de la persecución. Llegó al fin. Y en la hora de la prueba siguió sonriendo y trabajando. Al perdón añadió el noble gesto de un silencio, más generoso aún que el perdón.

Y ahora es cuando sus hijos más confiamos en su triunfo. Pero si de él hemos aprendido a perdonar, como perdonó nuestro Divino Maestro, no debemos como él guardar silencio en los momentos presentes. El callar cuando le vemos calumniado nos parecería vileza, en la que su clero no incurrirá nunca.

Queremos decir y proclamar lo que es y lo que ha hecho el Sr. Cardenal. ¡Que se le juzgue por sus obras y no por lo que propalen la ignorancia o la calumnia! Si con ello mortificamos su humildad, esperamos que una vez más otorgará su perdón.

Del intento restringimos estas páginas al tiempo en que el cardenal ha regido la Archidiócesis Primada, porque no queremos decir sino aquello de que nosotros mismos hemos sido testigos.

Y lo diremos escuetamente, sin pormenores, para los que no hay espacio y sin amplificaciones retóricas, que son innecesarias cuando los hechos hablan con soberana elocuencia.

Solo advertiremos que la enumeración de hechos dista de ser completa; más aún: no representa más que una parte, relativamente pequeña, de la actividad del Cardenal Primado. Referimos su ministerio público; del trabajo diario y silenciosos, mucho mayor que el externo y visible, de sus virtudes, de su vida interior nada queremos decir; ¿para qué sacar a la luz del sol delicadas flores que tienen su ambiente propio en la discreta penumbra de la humildad y del recogimiento?

Con todo, diremos lo suficiente para que quien sepa llegar a través de los hechos hasta la profundidad de su raíz, adivine en lo que decimos mucho de lo que callamos.

Y sin más preámbulos, ahí va la prometida relación de hechos.
 
ACTIVIDAD PASTORAL

Al poco tiempo de haber tomado su Eminencia posesión del arzobispado en 1928, comenzó la visita pastoral, que ha hecho personalmente en la catedral y seminario, en las parroquias y conventos de la capital y en gran parte de la vasta archidiócesis.

Todos los años da por sí mismo una o varias tandas de Ejercicios Espirituales al clero y los días de retiro mensual a los sacerdotes de la capital.

Así mismo, todos los años da Ejercicios Espirituales a los niños, a las Hijas de María y a las señoras. Para instruir a los fieles y fomentar la vida de piedad ha publicado multitud de documentos, de los que luego hablaremos.

Con el fin de avivar entre el clero la devoción a la Eucaristía, fundó la “Adoración Perpetua Sacerdotal”. Al clero ha dedicado no pocas “Instrucciones sacerdotales”, siendo notables entre todas, las relativas a la reorganización de los arciprestazgos, de las conferencias morales y de las catequesis parroquiales. Para formación de catequesis fundó un instituto catequístico diocesano, que funciona normalmente con escogido profesorado.

A la devoción a la Santísima Virgen le ha dado Su Eminencia reverendísima gran impulso con la “Devoción a Nuestra Señora”, que celebra cada sábado una fiesta en la catedral; con la publicación de la revista “Inmaculada”, una de las mejores que en su género ven su luz en España; con una asamblea mariana de la capital y diecisiete asambleas regionales; con un congreso y una exposición mariana, que fue por su riqueza artística admiración de propios y extraños; con veladas mensuales durante todo el año último en la sala de Concilios del palacio arzobispal dedicadas a conmemorar las glorias marianas de Toledo; con la fiesta de la Descensión de Nuestra Señora, en la cual, por especial privilegio perpetuo, se celebra misa desde hace tres años, a medianoche en la catedral; con la hora santa mariana; con la solemne coronación de las imágenes de Nuestra Señora de Guadalupe, de Nuestra Señora de la Peña, de Brihuega; de Nuestra Señora de la Antigua de Guadalajara…

Memoria imperecedera dejó el Concilio Provincial celebrado en otoño último, con el cual, después de tres siglos de interrupción, se renovó la gloriosa serie de los antiguos Concilios Toledanos. Complemento del concilio, será el Sínodo Diocesano ya convocado para el presente mes de mayo. Está convocado así mismo concurso general a parroquias.

Por último, la publicación del “Anuario Diocesano” con multitud de datos religiosos, histórico-geográficos y artísticos; la restauración de la famosa sala de Concilios y de gran parte del palacio arzobispal; la reparación de 134 templos y de 125 casas rectorales, la ayuda moral y económica prestada a varias obras católicas; la erección del monumento al Sagrado Corazón de Jesús, que será uno de los más hermosos de España… Y tantas y tantas otras obras que sería prolijo enumerar, son pruebas de una actividad que no necesita ponderación.

Y adviértase que las más de estas obras han sido personalmente ejecutadas por Su Eminencia reverendísima, y en aquellas que por su índole requerían la cooperación ajena, del señor cardenal fue la iniciativa, el estímulo constante, la intervención y dirección continua, siendo siempre el primero en contribuir a toda obra de apostolado con su presencia, con su palabra, con sus donativos y limosnas.

SU PREDICACIÓN

Hemos aludido a la predicación del señor cardenal, y bien merece este punto párrafo aparte.

Los sermones de Su Eminencia son siempre breves. La claridad, la concisión, la unción evangélica, son sus cualidades principales. No es un orador de moda, sino un predicador del Evangelio que, persuadido de la divina eficacia de la doctrina que predica, aprovecha todas las ocasiones que se le ofrecen de sembrar la fecunda semilla de la verdad y del bien.

Casi siempre ha de improvisar sus pláticas y sermones, pues no suele disponer de unos minutos para prepararlos, por lo cual es más de admirar la riqueza de su erudición sagrada, la oportunidad de las sentencias, el vigor del discurso, la justeza de la frase y la corrección literaria con que se expresa.

Esta facilidad de improvisar, en que muy pocos podrán igualarle, y que supone vastos conocimientos, maravilloso lucidez de ideas y perfecto dominio de la palabra, le permite predicar muchas veces al día y sobre los temas más diversos.

Persona que tiene motivo para saberlo, nos asegura que pasan de veinte mil las pláticas y sermones que el señor cardenal ha parecido en el espacio de unos veinticinco años. Los que ha predicado en Toledo en poco más de tres años, no es fácil contarlos. La visita pastoral, las fiestas solemnes, las sabatinas de la catedral, la Cuaresma, el cumplimiento pascual, los ejercicios espirituales y días de retiro, hasta las vacilones y aún las curas medicinales en el balneario de Cestona, son otras tantas ocasiones de predicar la divina palabra.

Dignas de especial mención son las fiestas que cada sábado se celebran en la catedral en honor de Nuestra Señora del Sagrario. Personas de toda España que las conocen, certifican que no han visto cosa semejante. La plática del señor cardenal es elemento indispensable. Y aún en sus ausencias, suele suplirla con una carta que es una breve homilía. En la novena de la Inmaculada y en la de la Virgen del Sagrario predica, por lo menos, dos veces cada día.
(continuará)
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