Miércoles, 19 de junio de 2019

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¿Pero son ortodoxos los coptos?

por En cuerpo y alma

 
            Es curioso que tanto en la mayoría de los medios que se han hecho eco de la muerte del Patriarca de los Coptos Shenouda III, como incluso entre personas muy versadas en la fe cristiana y en las diferencias existentes entre las distintas confesiones del cristianismo, me he encontrado a muchos que creen que los coptos son ortodoxos, es decir en comunión con las iglesias orientales europeas producto del cisma de Miguel Cerulario de 1054.
 
Shenouda III, Patriarca Coptp de Alejandría
            ¿Razón del craso error? No me cabe duda: el nombre por el que se identifican a sí mismos los coptos como cristianos ortodoxos coptos, en árabe al-Kinisa al-Qubtiyya al-Urthudhuksiyya. Yo mismo he tenido ocasión de hablar con coptos que hablan de sí mismos como ortodoxos, induciendo a la confusión. Una confusión que viene renovada estos días en los que estamos empezando a conocerles un poco mejor con la triste ocasión de la muerte de su patriarca, Shenouda III, y antes con los eventos que están ocurriendo en Egipto, los cuales nos hacen temer seriamente por la suerte de la importante comunidad cristiana presente en el país del Nilo.
 
            Pues bien, para terminar de una vez por todas con el equívoco, permítanme empezar este artículo informando a Vds. de que siendo ambos grupos (coptos egipcios y ortodoxos europeos), cristianos, y haciéndose llamar ambos "ortodoxos", los coptos egipcios tienen tanto que ver con los ortodoxos europeos u orientales como con los propios católicos: es decir nada. Nada más allá de la idéntica intención que anima a unos y a otros cuando se autoatribuyen denominación tan exigente, "ortodoxos", que no es otra que la de hacer ver que son ellos son los que interpretan correctamente el dogma.
 
            La ruptura de la Iglesia copta frente al resto de la Iglesia procede del Concilio de Calcedonia del año 451, en el que se condena la herejía monofisita, una herejía en la que los coptos perseverarán, pero no así las iglesias europeas: ni las orientales que luego constituirán las iglesias ortodoxas, ni las occidentales, a la que luego se conocerá como Iglesia Católica, que por lo que a la naturaleza de Jesús y por lo que a la condena del monofisismo se refiere, se hallan en perfecta comunión, y en abierta contradicción, en cambio, con los monofisitas coptos.
 
            Lo cual no quita para que se produzcan una serie de intentos continuados de comunión entre católicos y coptos, por un lado, y entre ortodoxos y coptos por otro, aunque ninguno de ellos excesivamente engalanado con el premio del éxito.
 
Antonios Naguib,
Patriarca católico de Alejandría
            Por lo que al campo católico se refiere, el primer intento se produce en el Concilio de Florencia, con la firma del documento Cantate domino (1442) que, sin embargo, no será ratificado en Egipto y, en consecuencia, no entrará en vigor. Un segundo intento tendrá lugar en 1595, pero su vigencia será tan corta como siete años, pues en 1602 se produce el nuevo cisma.
 
            Entretanto, los franciscanos de Tierra Santa, los capuchinos franceses desde 1630, y los jesuitas desde 1675, van misionando en tierras coptas, consiguiendo un lento goteo de conversiones, entre las cuales una de especial importancia, la del obispo Amba Athanasius en 1741, que se une a Roma junto con una pequeña comunidad de unos dos mil fieles. Y aunque Athanasius retornará a la Iglesia copta, la sucesión católica continúa en su persona. Tras un intento frustrado en 1824, en 1895 León XIII crea finalmente el Patriarcado para los católicos coptos y nombra un patriarca en la persona de Cirilo II, si bien cuando éste, apenas diez años después, presenta su dimisión, el patriarcado vuelve a quedar vacante. No es hasta 1947 que se elige un nuevo Patriarca, Marcos II, cuya sucesión continúa ininterrumpidamente hasta nuestros días, en que es titular del Patriarcado Antonio Naguib desde 2006. La Iglesia Copto-católica es, no obstante, una iglesia muy pequeña, formada por apenas doscientos mil fieles, la mayoría de ellos en Egipto.
 
Teodoro II, Patriarca ortodoxo de Alejandría
            Por lo que se refiere a la ortodoxia europea (llamémosla así para diferenciarla de la egipcia), junto a la Iglesia Copto-católica existe también una Iglesia Copto-ortodoxa, que debe su existencia al patriarcado establecido en el s. V por el Emperador Justiniano, la cual cuenta actualmente con algún centenar de miles de fieles, (probablemente menos que los copto-católicos), un centenar de sacerdotes y un patriarca, Teodoro II.

            Todo lo cual convierte a Alejandría, fíjense Vds., en la ciudad de los tres patriarcas, el copto, el católico y el ortodoxo, sin ninguna relación entre ellos, -es más, en algunos momentos de la historia que no parecen ser los actuales, en una relación que dejaba no poco que desear-, y cuyos patriarcas, los tres, derivan su legitimidad del que fuera el primer obispo de la ciudad y fundador de la iglesia alejandrina, el Evangelista Marcos.

             Por existir, existe incluso una cuarta comunidad más reducida si cabe, la Copto-protestante, producto de las misiones que en Egipto introduce en su momento Inglaterra.
 
            En cuanto a la Iglesia Ortodoxa Copta (insistimos, no confundir con la Iglesia Copto-ortodoxa) de la que era patriarca –papa copto, podemos decir a los efectos- el recién fallecido Shenouda III, abarca unos 60 millones de fieles, y se extiende sobre todo por Etiopía (unos 51 millones de fieles), y Egipto (unos 7 millones de fieles), así como por Eritrea (unos 2 millones de adeptos) y Sudán (otros 500.000); a las que añadir las iglesias coptas en la diáspora, de la que la más importante la norteamericana (unos 200.000 seguidores). En España apenas abarca un par de centenares de fieles, concentrados en Cervera, en Lérida, con un portavoz que es Samir Farouk, al que tuve el placer de entrevistar en el programa de Radio María Iglesia perseguida.
 
            En cuanto a su organización jerárquica, se constituye en tres grandes patriarcados, el de Alejandría, del que era titular Shenouda III; el de Etiopía cuyo titular es desde 1992 el Patriarca Pablo; y el de Eritrea, cuyo titular es desde 2003 el Patriarca Dióscoro.
 
 
            ©L.A.
            encuerpoyalma@movistar.es
 
 
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