Jueves, 18 de abril de 2019

Religión en Libertad

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Madrugada del 10 de noviembre, en el cementerio de La Almudena

por Jorge López Teulón

Veintitrés mujeres van a ser fusiladas frente a las tapias del cementerio de La Almudena. Desde 1884 este es el cementerio principal de la capital, está localizado en las cercanías de Vicálvaro. El chofer, que trae a las mujeres de la checa de Fomento, le referirá a su esposa que “había llevado a fusilar a mujeres; y, que las había visto morir a todas, y la mayoría eran jóvenes; morían con la sonrisa en los labios y bendiciendo a Dios. ¡Qué mujeres! ¡Eran Adoratrices!”.


 
Otra testigo declara haber visto “cómo se han puesto de rodillas, mientras una de ellas les daba la comunión”. Almas eucarísticas, después se supo que en la casa en la que se escondían, en ausencia de una Custodia, las especies sacramentales eran guardadas dentro de una cajita de madera que había sido de un reloj y, que, a su vez, era escondida en un hueco de la chimenea que cubrían con una loseta de mármol. En momentos de emergencia, ya fueran los periódicos ataques aéreos o los frecuentes registros realizados por miembros de la milicia popular, la Hna. Rosaura de María cogía la cajita y la guardaba en su pecho, pues como no era la Superiora, en caso de controles resultaba menos sospechosa.
Es por esto que entre los objetos que llevaba encima al ser fusilada aparece, como relata su ficha, “una cajita de reloj vacía”, porque efectivamente, antes de morir ha repartido la comunión a las Hermanas.
 
Los ángeles de la calle Costanilla
En julio de 1936 los frentepopulistas ametrallaron la Casa General de las Adoratrices en la calle Princesa, así que las residentes se vieron obligadas a abandonarla y buscar refugio con familiares y amigos. Sin embargo, no todas las Hermanas pudieron hacer eso, bien debido a su estado de postración o por ausencia de parientes. Para alojarlas, la Superiora General, Rvda. Madre Diosdada Andía, alquiló, aproximadamente a primeros de agosto de 1936, el cuarto piso del nº 15 de la calle Costanilla de los Ángeles en el centro de Madrid, y las puso bajo el cargo directo de la secretaria general de la Congregación, Rvda. Madre Manuela Arriola Uranga.
Como pasaban los meses sin que nada ocurriera, hermanas de Guadalajara, Alcalá y Almería, que estaban en la misma situación de peligro, optaron por refugiarse allí.

Estaban también con ellas la Rvda. Madre María Dolores Hernández San Torcuato (a la izquierda) y la Hna. Borja Aranzábal de Barrutia (a la derecha), quienes libremente renunciaron al refugio ofrecido por sus parientes para estar al servicio y en fraternidad con sus Hermanas. La misma Madre Manuela podría haber sido salvada de la matanza pero rehusó abandonar a las otras religiosas. Luego comentaba: “Si muriese como mártir, ¿no sería mi deber?”.
Así que, según fueron pasando las semanas y los meses, se reunieron veintitrés Adoratrices en el piso. Entre las Religiosas profesas había seis Hijas de Casa, antiguas protegidas de las Hermanas quienes se habían distinguido por sus cualidades personales y que después de haber completado un periodo de prueba fueron recibidas en la Congregación como rama auxiliar de Adoratrices (se llama así  a las colegialas que querían consagrarse a Dios en la vida religiosa y a las que no se las permitía pertenecer propiamente al Instituto, pero sí permanecer en él con la condición de Hijas de la Casa, con votos privados).
Las condiciones de vida en Costanilla de los Ángeles eran muy austeras. Debido a la carencia de muebles usaban cajas de madera como sillas y mesas que apenas podían utilizar debido a sus escasas provisiones. No obstante, las Adoratrices perseveraban en la observancia de vida en común, especialmente la perpetua adoración de la Eucaristía.
Era de dominio público entre los vecinos que esas mujeres del cuarto piso eran religiosas. Conscientes de esto, miembros del Frente Popular vigilaban regularmente esa residencia, aparentemente, tratando de incriminarlas por cualquier cosa que les permitiera encerrarlas en alguna de las numerosas “checas” que existían en la capital de España y así poder acusarlas de enemigas del pueblo.
En aquellos terribles días Madre Manuela animaba a su comunidad diciéndoles: “Hermanas no se preocupen, esto será motivo de felicidad para nosotras. Con la confianza puesta en Dios, seguiremos adelante”, o “Señor confío que no nos darás más de lo que podamos sufrir”. “Ojalá fuéramos dignas del martirio”.

Otras dos Hermanas se distinguieron durante este periodo: la Hna. Francisca Pérez de Labeaga García (a la izquierda), totalmente sorda, pero que se hizo querer por las Hermanas por su paciencia y resignación; y la Hna. Lucila González García (a la derecha), quien sufrió un ataque al corazón [pues a pesar de tener solo 28 años estaba muy enferma del corazón], cuando fue sacada de la comunidad de Costanilla. Decía haber pasado largos momentos de oración ante la Eucaristía, ofreciéndose a sí misma como “una víctima para la conversión de los pecadores”.



 
Bombardeo y martirio
Madrid fue frecuentemente bombardeado por las fuerzas del general Franco durante la Guerra Civil. En tales ocasiones las Hermanas bajaban al portal del edificio para refugiarse. El 9 de noviembre de 1936, alrededor de las 17:30 h, una fuerte explosión sacudió la calle de Preciados, próxima a Costanilla (sobre estas líneas la calle Costanilla de los Ángeles, después de un bombardeo). Las Hermanas descienden, dejando a la Hna. Lucila porque en ese momento estaba muy enferma, hasta que cesa el bombardeo.

Enterado un miliciano de la reunión en el vestíbulo, aparece poco después en el piso con actitud agresiva. Iba acompañado por un grupo de milicianos republicanos con el fin de detenerlas. Gritan:
“-¿Dónde están las monjas?”.
La Madre Manuela, sin titubear, responde: “-¡Aquí estamos!”.
Las detienen inmediatamente a todas, incluso a la Hna. Lucila, a la que tienen que bajar en una silla y las conducen a la terrible checa de Fomento que estaba bajo la jurisdicción de la Federación Anarquista Ibérica (FAI).
De lo que allí sufrieron no tenemos información. Lo relatado anteriormente procede del testimonio de la Hna. Ana Duarte, miembro también de la Congregación, quien al servir de nexo de unión entre la casa de Costanilla y el refugio de la Madre Diosdada Andía, Superiora General, no fue detenida por no encontrarse allí en ese momento y quien, ante los hechos, adquirió el compromiso de ponerlos de manifiesto.
Añade la Hna. Ana que, después de recoger las manifestaciones de los vecinos sobre su captura, las buscaron incansablemente por embajadas, refugios, cárceles… Caminaba entre escombros en medio de tiroteos, humillaciones, burlas y amenazas. Por fin una señora les informó de que en la Dirección General de Seguridad había muchas fotos de mujeres asesinadas. Entre esas fotografías estaban los rostros martirizados de sus Hermanas Adoratrices. Fueron asesinadas cerca del cementerio de la Almudena de Madrid (entonces del Este) y sus cuerpos reposan en ese cementerio, en el de Vicálvaro y en el Valle de los Caídos.
 
Una procesión en el interior de la Abadía
28 de octubre de 2007. 498 mártires de la persecución religiosa han sido beatificados en Roma. En la Abadía de la Santa Cruz de El Valle de los Caídos ha terminado la Santa Misa (en la hermosa fotografía durante el momento de la Consagración) y en solemne procesión, los benedictinos se dirigen hasta la Capilla del Pilar donde yacen los restos de siete de las veintitrés adoratrices que acaban de ser beatificadas. La Escolanía canta el himno de mártires Sanctorum meritis y un emotivo Christus vincit.

             Las adoratrices beatificadas que yacen en El Valle fueron traídas el 11 de noviembre de 1961. Ocho fueron trasladadas al panteón de la Comunidad y otras ocho fueron sepultadas en el cementerio de Vicálcaro en una fosa común. Estas son las que reposan en la Capilla del Pilar del Valle de los Caídos:
 
Beata Josefa de Jesús (Josefa Boix Riera)
Nació en Anglés (Gerona) el 22 de febrero de 1893 y fue bautizada a los dos días. Ingresó en las adoratrices, donde hizo su profesión el año 1919. Desempeñó el cargo de enfermera. Se distinguió por su espíritu de trabajo, respeto a las superioras y demás virtudes religiosas. En septiembre de 1936 se trasladó de la Comunidad de Alcalá de Henares al piso de Costanilla de los Ángeles y allí fue apresada. En el momento del martirio tenía 43 años.
 
Beata Belarmina de Jesús (Belarmina Pérez Martínez).
Nació en Villarejo de Órbigo (León) el 26 de septiembre de 1899 y fue bautizada al día siguiente. El 15 de noviembre de 1923 ingresó en las adoratrices y emitió sus votos perpetuos el 11 de agosto de 1929. Realizó trabajos domésticos y se distinguió como religiosa trabajadora y virtuosa. En septiembre de 1936 llegó al piso de Costanilla de los Ángeles, procedente de la Casa de Alcalá de Henares, y fue fusilada con 37 años de edad.
 
Beata Ángeles (Mercedes Tuñi Ustech)
            Nació en Gerona el 19 de junio de 1888 y fue bautizada el día 24 de junio. Al morir sus padres, entró como interna en el Colegio de Gerona, donde a los 23 años sintió la llamada a quedarse allí como Hija de la Casa. En 1925 salió para Madrid y permaneció en esta ciudad hasta que la casa tuvo que ser evacuada en 1936. Se refugió con las demás religiosas y al morir tenía 48 años.
 
Beata Ruperta (Concepción Vázquez Áreas)
            Nació en Bóveda (Lugo) el año 1871. De muy joven entró como colegiala en la Casa de Madrid, donde fue siempre ejemplar, con vivo deseo de ser de Dios. Quiso quedarse como Hija de Casa. Se le impuso el Santo Cristo, distintivo de su consagración privada, el 13 de abril de 1898. Una de sus principales ocupaciones fue curar a las enfermas. Era muy obediente, sacrificada y de gran fidelidad y amor por todas las hermanas, por lo que se hacía querer por todas. Siempre estuvo en Madrid. Instalada en el piso de la Costanilla de los Ángeles, tenía 65 años en el momento de su detención y martirio.
 
Beata Felipa (Felipa Gutiérrez Garay)
            Nació en Zaragoza en 1861. Después de permanecer varios años como colegiala, quiso quedarse como Hija de Casa. No se sabe nada de su vida, pues los archivos fueron quemados en 1936. Salió con otras religiosas de la Casa Generalicia de Madrid al piso de Costanilla de los Ángeles. Fue fusilada con todo el grupo y contaba 75 años de edad.
 
Beata Cecilia (Concepción Iglesias del Campo)
            Pertenece a la rama auxiliar de las adoratrices. Se desconocen otros datos de su vida por la quema de archivos. Una antigua colegiala llamada Pilar Blanco acogió con su familia a Sor Ruperta y a Sor Cecilia. Luego, para no comprometer a esa familia, se unieron a las adoratrices del piso de Costanilla y corrieron la misma suerte.
 
Beata Magdalena de Jesús (Magdalena Pérez)
            Se desconocen sus datos por haber sido incendiados los archivos de la Congregación. Perteneció a la Casa-Colegio de Alcalá de Henares. En esta Casa, debido a las continuas amenazas de muerte, los interrogatorios y los peligros a los que estaban sometidas, la vida se fue haciendo imposible. Unas hermanas ocuparon el piso del capellán, fusilado por los milicianos, y otras fueron enviadas a Madrid, entre ellas Sor Magdalena, cuyo nombre consta entre las que habitaban el piso de la calle Costanilla de los Ángeles.
 
Del cementerio de la Almudena a la Casa Madre
            El 16 de febrero de 2007 se procedió a la exhumación de las que estaban enterradas en el panteón de Adoratrices del cementerio de la Almudena (calle San Andrés; cuartel 2 alto; letra C.). En este orden, de ariba a abajo, estaban colocadas las religiosas:
 
Beata Casta de Jesús (Teresa Vives Missé)
Beata Manuela del Sagrado Corazón (Manuela Arriola Uranga)
Beata Rosaura de María (Rosa López Brochier)
Beata María de la Presentación (María García Ferreiro)
Beata Luisa de la Eucaristía (Luisa Pérez Adriá)
Beata Borja de Jesús (Zenona Aranzábal Barrutia)
Beata Lucila María (Lucía González García)
Beata Sulpicia del Buen Pastor (Dionisia Rodríguez Anta).



 
Finalmente, las otras ocho adoratrices cuyos cuerpos cayeron, por la fuerza de los disparos, en el término municipal de Vilcálvaro están en su cementerio, y son:
Beata Blasa de María (Juana Francisca Pérez Labeaga)
Beata Mª de los Dolores de Jesús Crucificado (Mª Dolores Monzón)
Beata Mª de los Dolores de la Stma. Trinidad (Mª Dolores Hernández)
Beata Máxima de San José (Emilia Echevarria Fernández)
Beata María Prima de Jesús (María Prima Ipiña Mazárraga)
Beata Purificación de María (Purificación Martínez Vera)
Beata Herlinda (Áurea González Fernández)
Beata Sinforosa de la Sagrada Familia (Sinforosa Díaz Fernández)
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