Religión en Libertad
Afirman ser los legítimos sucesores de Pedro
Antipapas de nuestro tiempo: de Benedicto XL al Pío XIII chino, pasando por Inocencio XIV
Entre lo chusco y lo trágico, entre lo patético y lo sectario, una veintena de historias recientes evidencian los riesgos de alejarse de Pedro.
Actualizado 13 junio 2012 - 8:0  
Carmelo López-Arias / ReL   
 Piedrecita, Rabí I, el elegante Juan Gregorio XVII, Pedro II de Pennsylvania y el Palmar de Troya
 El Papa Timothy (Ahitler I), fumata blanca en Montana y Valeriano I, intérprete de sueños
Ser antipapa “de verdad” es algo muy serio, si vale la expresión. Exige cierta apariencia de legitimidad o cierta racionalidad en la pretensión. Por eso los listados clásicos de antipapas que manejan los historiadores eclesiásticos enumeran solamente 36 en dos mil años de historia de la Iglesia. Casi todos, en el primer milenio, y ninguno desde el cisma de Occidente.

A partir de ese momento, el progresivo perfeccionamiento en la elección del Sumo Pontífice y la mayor estabilidad del colegio cardenalicio convierte en patético cualquier intento de dar verosimilitud a un Papa alternativo. La excentricidad de los casos que veremos es patente incluso en su número: una veintena en medio siglo, y sin pretender exhaustividad, sistematicidad ni grandes honduras.

Setecientos años en secreto
La primera historia se remonta precisamente a 1423, cuando muere, casi centenario, el aragonés Don Pedro de Luna, elegido Papa en 1394 bajo el nombre de Benedicto XIII. A su fallecimiento, el cisma de Aviñón, en el que llegó a haber tres Papas, ya se había solucionado tras la elección en 1417 de Martín V.

El Papa Luna tenía sus razones.
El problema es que Benedicto XIII, empecinado frente a todos en ser él el auténtico Sumo Pontífice, eligió cuatro cardenales para perpetuar su poder. Uno de ellos, Bernard Garnier, fue elegido Papa a la muerte del Papa Luna bajo el nombre de Benedicto XIV, pero prácticamente sólo lo supo otro de los cardenales de Luna, Jean Carrier, quien sin embargo no reconocía a Garnier como Papa. Tres años después Carrier fue hecho prisionero, y cuando murió Benedicto XIV, Carrier fue elegido Papa por Jean Farald, cardenal designado por el mismo Carrier. Como éste no había reconocido Papa a Garnier, eligió su mismo nombre, Benedicto XIV, y al poco murió en prisión en fecha indeterminada.

A partir de ahí comienza el misterio -del que se han ocupado diversos novelistas-, dando lugar a una sucesión de supuestos pontífices clandestinos que habrían mantenido una Iglesia paralela y secreta vinculada, cómo no, a la custodia del Santo Grial. La línea “apostólica” llegaría hasta un supuesto Benedicto XL, de identidad desconocida pero de quien se hallan trazas en la Red, a la espera de un Dan Brown que fabrique con él una historia vendedora.

El engima Siri
Del mismo modo que con un origen serio como el Papa Luna ha salido una línea esotérica, también se ha jugado con la egregia figura del cardenal Giuseppe Siri (1906-1989). Fue arzobispo de Génova desde 1946 hasta dos años antes de su muerte, y uno de los prelados más brillantes de su tiempo, papabile en los cuatro cónclaves en los que participó (1958, 1963 y los dos de 1978) y hombre de probada fidelidad a todos los Papas que conoció.

El cardenal Siri en el cónclave de 1958.
Precisamente el origen del misterio se encuentra en el primero de los cónclaves citados. El 26 de octubre de 1958, Siri habría obtenido los sufragios suficientes para ser Papa, renunciando a los pocos minutos por razones desconocidas. En las votaciones posteriores resultaría finalmente elegido el patriarca de Venecia, Angelo Roncalli, futuro Juan XXIII.

Sobre esta hipótesis se ha especulado mucho y probablemente no se resuelva jamás, pues amén del secreto que rodea al cónclave, en 1991 murió el cardenal canadiense Paul-Émile Léger, último de los que participaron en él.

Es cierto que durante unos minutos de aquel 26 de octubre se vio humo blanco en la chimenea vaticana, y así lo recuerdan los testigos y lo recogieron los diarios Corriere della Sera o The New York Times al día siguiente. También es cierto que un antiguo asesor del FBI, Paul L. Williams, autor del libro The Vatican Exposed (típico alegato tremendista sobre las finanzas del Vaticano), habla de un informe de la agencia que declara haber visto, fechado en 1961 y desclasificado en 1994. Este informe atribuiría la renuncia de Siri, firme anticomunista, a una información que habría llegado al cónclave sobre repercusiones de su nombramiento en el contexto de la Guerra Fría.

Por último, y es el dato más importante, hay un obispo –aún vive- que recibió del cardenal Siri, en el lecho de muerte, una confesión, que este obispo ha transmitido a algunas personas: “Que Dios me perdone haber renunciado a una responsabilidad muy grande”, dijo Siri.

Aparece un vietnamita con un billete de Metro
Sea como fuere, nada de todo ello obsta a que ese gran obispo mantuviese absoluta lealtad a Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II, que le distinguieron también con su aprecio.

Sin embargo, a medida que estos rumores se fueron difundiendo –sobre todo los minutos de fumata blanca y la especulaciones posteriores-, hubo quien empezó a disparatar. Y empezó a circular la especie de que el cardenal Siri no rechazó en realidad la tiara, sino que, bajo el nombre de Gregorio XVII, habría estado ejerciendo como Papa en secreto, designando cardenales.

Van Tran estuvo en Roma en 1988. Todo un dato.
Esa especie la relanzó un sacerdote vietnamita, ordenado en 1967, llamado Khoat van Tran, quien afirmó haberse reunido con el cardenal el 14 de junio de 1988. Nacionalizado norteamericano y asentado en Texas, se habría desplazado a Roma con la misión de arrancarle una confesión... y lo habría logrado. La reunión habría sido “tensa”, pero al final Siri lo habría admitido: “Soy el Papa Gregorio XVII y estoy en constante peligro de ser asesinado”. 

Además, viajó en metro.
El padre Van Tran aporta pruebas definitivas y concluyentes de todo esto: un billete de metro y una captura de vídeo con la fecha puesta, amén de algunas fotos suyas con el cardenal. 

Según esta teoría, a la muerte de Gregorio XVII habría tenido lugar un cónclave secreto en el que unos cardenales secretos habrían elegido un nuevo Papa secreto, llamado Inocencio XIV. De sus relaciones con Benedicto XL se sabe poco.

¿Papa chino o cuento chino?
Aún habría un tercer Papa desconocido. Todo provendría de una tercera línea sucesora que arranca en 1999 con la elección como Papa de un jesuita chino, Robert Zhong. Fue en un cónclave en lugar indeterminado (se especula si en Taiwan o en la China continental) en el que habrían participado setenta y cinco sacerdotes y obispos provenientes de diversas ramas cismáticas.

El padre Zhong habría elegido el nombre de Pío XIII, pero al saber que ya existía uno (lo presentaremos en sucesivas entregas: esto no ha hecho más que empezar), lo convirtieron en Pío XIV, quien por cierto tenía cuenta en Hotmail.

A la muerte de Roberto Zhong, su secretario de Estado, Wen Cheng, nombró cardenal a uno de sus seguidores, Roberto Chung. Ambos se pusieron en contacto para elegir sucesor con Hans F. Lorenz, obispo veterocatólico (comunidad desgajada de la Iglesia tras la proclamación del dogma de la infalibilidad pontificia en 1870). Parece ser que el cónclave tuvo lugar en 2003, así que el zhonguismo -como es conocido- sigue en pie, aunque otros antipapas sostienen que todo es un camelo.

Es que, como iremos viendo, los antipapas no se llevan bien entre sí.

[Mañana, una nueva entrega de esta serie.]

[Agradecemos al padre Luis Gómez sus sugerencias y documentación para tirar de este curioso hilo, que continuaremos en sucesivas entregas.]