Religión en Libertad
El tiempo libre en si no es problema, el problema es no dar contenido.
Pues pienso que debemos pensar más en educar, educar en virtudes que son las que magnifican los valores, en practicar educación a través del ocio y menos simple entretenimiento. El contexto familiar y escolar actual necesita de esta ayuda y de forma urgente, por salud social.
Actualizado 23 febrero 2012 - 8:46  
Juan Pedro Sánchez-Horneros Muñoz   

Cuando hablamos de los problemas que aquejan a la juventud y la infancia lo primero que nos sale al paso es hablar del desastre, que lo es, del sistema escolar actual. Las cifras están ahí y no engañan.

Los profesores, los centros, la ley están el ojo del huracán, ¿pero que pasa con los padres y los propios chicos?.

La escuela está para transmitir conocimientos no para reeducar y está aceptado que en los centros escolares (en mas medida según avanza la edad escolar)  la mayoria de las problemáticas las causa la falta de educación de los alumnos. “Llegan al centro sin educar” se puede escuchar a los profesores.

Los problemas no están tanto en la escuela infantil, que los tiene, están en los pre-adolescentes y adolescentes, que llegan a los centros con niveles de educación básica muchas veces escasos o inexistentes. Y llegan así porque los dos agentes educadores de la niñez, además de la escuela, no han hecho bien su trabajo: la familia y el tiempo libre.

A nadie se le escapa que es intrínseco en el niño y pre-adolescente la búsqueda, el juego, el protagonismo.  Eso queda relegado, normalmente a un segundo plano en la familia y la escuela. En casa mandan los papás, se hace lo que ellos dicen, en tiempo y forma y no hacerlo tiene consecuencias. En la escuela manda el profesor, se hace lo que el dice, en tiempo y en forma y no hacerlo tiene consecuencias. Hay consecuencias o debería de haberlas.

Sin embargo todos hemos sentido en multitud de ocasiones que al pillar el bocata y salir por la puerta de casa con el monopatín, oir el timbre de clase y ya no digamos coger la bici el fin de semana o quedar a echar una partida de chapas… el mundo y el tiempo era nuestro. Lees esto como adulto y te sigue pasando cuando llega el viernes y puedes dejar la puerta de casa atrás.

En el tiempo libre el potencial del niño o pre-adolescente se multiplica exponencialmente, porque en él pueden experimentar sus primeras sensaciones de autocontrol y protagonismo sin las tutelas prestablecidas en las que crece. Por eso es esencial educar el tiempo libre, pero siempre respetando esa frontera que no puede poner el chaval en la escuela y la familia… “aquí yo elijo ser el protagonista”.

Y de nuevo se nos presenta una problemática: educar en casa, educar en la escuela y ahora educar el tiempo libre. Hay que dar por sentado que ni la escuela ni el tiempo libre van a poder hacer lo que compete y se debe hacer en la familia. Educar va asociado como primer obligación al lugar allí donde se crea la vida. Dos agentes se irán sumando a esta tarea, pero siempre como complemento de la primera.

Primero la escuela que es necesaria para aspectos vitales en el crecimiento del niño como la socialización, desarrollos motrices, sicológicos, cognitivos y más tarde auténticos conocimientos que les abren la puerta al mundo. En nuestra sociedad derecho y deber se conjugan para asegurar esto a los niños afortunadamente.

Y después aparece el tiempo libre en muchos casos como necesidad a cubrir por falta de disponibilidad familiar, en casos inevitable en otros premeditada. Sea como fuere nuestros niños tienen tiempo libre y hay que ocuparlo. Aquí está la clave, en saber como ocuparlo.

El problema no es que los colegios cierren de vez en cuando provocando a los padres entrar en barrena organizativa. El problema no es que haya vacaciones escolares, puede serlo que están mal compensadas. Es más problema no saber que hacer con el tiempo libre. Desafortunadamente las familias, más a menudo de lo que queremos reconocer, recurrimos ante esta situación a externalizar el servicio y aquí se llega a un universo, un precipicio, un océano en el que no sabe bien por donde tirar y donde se pone en juego todo lo que se ha venido trabajando como familia y el colegio después.

Para los adultos el tiempo libre es una cuestión más de ocio. Para los niños debe ser un tiempo de educación pura y dura, completa, apuntalando la educación recibida en casa y haciéndola compatible con la escuela. El juego y la diversión no entran en contradicción con la educación.

¿Porqué tanta obsesión por hacer actividades extraescolares entre semana intentando engrosar el curriculum académico?

¿Porqué todas las actividades extraescolares se convierten en refuerzo de disciplinas académicas: idiomas, informática, etc.?

¿Porqué los deportes extraescolares son solo los más mediáticos?

¿Porqué cuando pensamos en como llenar el tiempo libre de los niños pensamos en piscinas de bolas, ocio y diversión?

Pues pienso que debemos pensar más en educar, educar en virtudes que son las que magnifican los valores, en practicar educación a través del ocio y menos simple entretenimiento. El contexto familiar y escolar  actual necesita de esta ayuda y de forma urgente, por salud social.

Si eres padre/madre párate a pensar que aún si se quedan en casa, su tiempo libre debes dirigirlo, organizarlo… con ellos, pero no dejas de ser el responsable del resultado final. Sin contratar nada, en casa se pueden idear y dar opciones fantásticas a tus hijos y sin estar tu delante.

Si optas por contratar actividades establece tus criterios (los de la educación de tus hijos), y  busca. Hay múltiples opciones incluso fuera de su colegio, entre semana, para los fines de semana y para ciclos de vacaciones. Pero huye de la comodidad, educar es exigencia y también para nosotros aunque podamos pagarlo facilmente. Ante todo, busca educar ese tiempo precioso.

Y en tu propio tiempo libre como adulto, utiliza el mismo patrón. Los pequeños son habilísimos imitadores y a los adolescentes les faltan líderes, congruentes, auténticos en si mismos… de lo demás se ríen. Se un ejemplo y lo que puedas hacer tu no lo dejes a otros.

A disfrutar del tiempo libre, pero creciendo. Otra cosa no vale.