Religión en Libertad
¡Imagínate que es un pastel!
El menú del día siguiente era brócoli con coliflor. La clásica delicia de los niños. Mi hija lo sabía, y el día anterior...
Actualizado 1 diciembre 2011 - 0:0  
Georgina Trías   

El menú del día siguiente era brócoli con coliflor. La clásica delicia de los niños. Mi hija lo sabía, y el día anterior me insistía en que le hiciera la típica tarjeta de dieta para librarse del "mal trago". Me daba todo tipo de argumentos, a cual más ingenioso, para que cediera y le redactara la notita.
En conciencia, yo sabía que no debía hacérsela, y no se la hice. Cuando la recogí, por la tarde, me sorprendió de la siguiente manera:
- "Bueno, mamá, ¡suerte de Alicia!"
- "¿Alicia?"
- "Sí. Me he sentado a su lado en el comedor, y me ha dicho, para tomarme el brócoli: "¡Imagínate que es un pastel!". ¡Y he sido la primera en acabármelo!"

Luego me matizó, que se lo fue tomando con pan, y que había sido un buen truco.
Esta anécdota me ha invitado a la reflexión, sobre el potente recurso de la imaginación en la educación. Mis argumentos eran más bien morales: "no estaría bien que yo te hiciera una nota de dieta si no estás enferma, y no lo voy a hacer". Bien, es un argumento. Esencialmente moral, y que lanza un mensaje a la niña.
Sin embargo, el espontáneo recurso de su amiga Alicia sin duda la ha motivado más que mi argumento. No sólo por la imaginación, sino porque alguien igual que ella, misma altura, misma edad, misma situación, estaba resolviendo la situación, no desde la queja, sino desde la proactividad y sus recursos personales. Y a mi hija -como cualquier niña, receptiva y atenta a lo que ocurre a su alrededor- le habrá parecido mejor solución que estar allí disgustada ante el plato de coliflor, perdiéndose patio y otras actividades interesantes.
El resultado final es que ha habido mucha complementariedad, pues lógicamente, yo aplaudí el recurso de su amiga, y además la invité a reflexionar cómo se sentía: ¡Estaba contenta! ¡Se había superado! Comprendió que si hubiera llevado la tarjeta de dieta, no hubiera vuelto del colegio tan contenta y toda esta experiencia no hubiera tenido lugar.

Esto es aprendizaje por experiencia. A mí me anima a enriquecer las normas morales con creatividad e imaginación, y de este modo transmitir a nuestros hijos la belleza que tiene hacer las cosas bien, y sobre todo que, además de suponernos esfuerzos, ser buenos puede ser divertido y crear vínculos de unión.