Reproducimos el texto tal y como ha sido publicado en los medios. Pero detrás de esta horrorosa deformación del más elemental sentido de la Encarnación del Hijo de Dios late todo el peso de la autoridad de los obispos suizos que con anterioridad al referendum que ha ratificado popularmente la ilegalidad de la construcción de los minaretes hicieron pública una nota de rechazo a la iniciativa acogiéndose a la libertad religiosa. Para ellos «Los minaretes, como los campanarios de las iglesias, son un signo de presencia pública de una religión». Con posterioridad a la consulta la Conferencia Episcopal suiza lamentó el resultado y su portavoz, Walter Müller, declaró que es «un obstáculo en el camino a la integración y al diálogo interreligioso en el respeto mutuo». Por cierto, que del perfil del episcopado suizo da una idea el hecho de que, a finales de noviembre, los medios de comunicación informaban de que Norbert Brunner —llamado a ser presidente de la Conferencia Episcopal desde el 1 de enero— afirmó que el celibato de los curas católicos debería ser voluntario y que estaría dispuesto a ordenar a sacerdotes casados.
Iniciativas como la imagen blasfema que estamos comentando han ido acompañadas de otras como las del sacerdote de la ciudad de Bassel que colocó a la entrada de su templo un cartel con el siguiente texto: «la torre de la iglesia es también el minarete de la mezquita». Después del anuncio, el cura leyó versículos de la Biblia, lo mismo efectuó un imán turco que leyó versículos del Corán.
Encontramos en todos estos sedicentes católicos la misma tendencia a relativizar las verdades de Fe hasta el punto de considerarlas simples sutilezas, juegos de palabras o coartada de intereses temporales cuya superación es necesaria para edificar un mundo aparentemente en paz.
De esta manera, los conflictos de antaño darían paso al solapamiento de grupos humanos indiferenciados en lo religioso y, como consecuencia, en lo cultural. Bajo diversas formas (cristianismo, judaísmo, islamismo…) los hombres vendrían a convivir conservando formas rituales exteriores pero compartiendo un discurso antropocéntrico al que habrían quedado reducidas lo que antes parecían divergencias dogmáticas. Por otra parte, como las sociedades modernas han renunciado a cualquier fundamentación del orden social sobre las verdades reveladas, la supervivencia de hombres anclados en las formas religiosas del pasado no debería plantear mayores problemas de convivencia con aquellos otros que ya han renunciado a cualquier referencia religiosa, referencias cuyo ámbito todos estarían de acuerdo en relegar a un terreno puramente individual. De ahí afirmaciones del género «yo no soy partidario del aborto pero no puedo imponer mis ideas a los demás».
Este escenario que parece imponerse de manera irremediable, no podrá consolidarse aunque cuente con respaldos poderosos y se vea promovido por propuestas como la alianza de civilizaciones o por el discurso de determinados líderes religiosos, sobre todo los procedentes del catolicismo porque choca con la esencia misma de la realidad.
A diferencia de lo que ocurre con otras religiones (como la musulmana o la judía) que siguen configurando la ordenación sociopolítica en los países en que han sido impuestas, el cristianismo ha desaparecido como fundamento consciente de cualquiera de las naciones que formaron la Cristiandad al tiempo que desde el Vaticano se han promovido formas pseudo-litúrgicas de contenido sincrético; preludio tal vez del culto humanista del mañana. El rito aberrante de una oración alrededor de un árbol protagonizado por hombres y mujeres de distintas creencias se ha practicado hasta en las diócesis más apartadas del mundo y es un ejemplo práctico de esta supra-religión en la que resultan irrelevantes los contenidos dogmáticos.
El fracaso de este camino hacia ninguna parte se puede vaticinar sin temor a errar porque olvida dos cosas:
1. Que las creencias religiosas no son homologables ni asimilables entre sí. De la propia existencia de una diversidad de religiones con contenidos muchas veces incompatibles se deduce que no todas pueden ser verdaderas. Sostener que ninguna de las religiones puede responder a una revelación objetiva resulta menos ilógico que postular que todas ellas lo hacen aunque sea en grados diferentes. A mi juicio resulta más coherente, aunque no por ello acertado, negarse a dar el salto en el vacío que supone el acto de fe que, una vez, dado admitir que pueda tener por objeto afirmaciones contradictorias.
2. Por su propia naturaleza, no puede haber comunidad humana sin fundamento religioso. Una agrupación de hombres sin tal fundamento nunca sería una comunidad en el sentido en que la define el sociólogo Ferdinand Tönnies: como voluntad orgánica cimentada en un sobre-ti comunitario (una fe, un imperativo raíz), en la que el todo es antes que las partes y el pensamiento se halla envuelto por una voluntad y dotado de un sentido axiológico. Para el conde de Maistre, toda sociedad histórica es ante todo comunión de valores, convicciones y sentimientos. Y la naturaleza de esa comunidad y de esa fe vinculadora es, siempre y universalmente religiosa.
La superioridad de la comunidad histórica fundamentada en la revelación católica contrasta con la soberbia que el mundo moderno emplea para juzgar y condenar el pasado de la Cristiandad silenciando su propia tragedia que cabalga sobre millones de cadáveres: desde la guillotina al Gulag para desembocar en el suicidio vital de Occidente.
Tan absurdo es edificar un mundo sin Dios como hacerlo sobre una abstracción sincrética de religiones basada en afirmaciones del género adoramos al mismo dios. No es posible la Paz difuminando la firmeza de la adhesión a la verdad revelada. La institución fundada por el mismo Dios no puede olvidar que ha sido creada para guardar dicha verdad inalterable y para que la humanidad, regenerada en su seno, edifique la ciudad terrena como lugar de tránsito hacia la definitiva Ciudad de Dios.
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Cuando la Verdad se quiere callar. http://fjpenarey.blogspot.com/2009/12/para-que-luego-digan-que-exageramos.html
No sean ingenuos.....éste y no otro es el auténtico Islam....lo demás, lo de la foto y similares, es el resultado del mal entendido ´´aggiornamento´´...
Francisco Pena
fidel 08/01/2010
Dime algo que no sepa. ¡Pues claro que ´´el relativismo y el sincretismo ya estaban antes del gesto de Juan Pablo II´´! Sólo que con esos gestos se ampliaron y se reforzaron. Y no niego que tu hayas tenido una experiencia positiva en Senegal pero eso no es lo habitual y, además, te olvidas de que en ninguna parte dice el Evangelio: ´´¡Id y dialogad!´´ sino que manda enseñar y convertir y ´´el que creyere y se bautizare se salvará y el que no se condenará´´. Habrá que hacerlo con comprensión y espíritu de servicio como lo hicieron tantos misioneros que sí fueron fieles a Jesucristo. Pero eso es lo que hay que hacer. Y déjate de que ´´Nadie posee él sólo la verdad y menos toda´´. El que tiene a Cristo tiene la Verdad y la tiene toda.
Daniel H 07/01/2010
El camino de Jesús es el diálogo. El camin de Jesús con la samaritana no fue el del enfrentamiento, sino el del diálogo, desde ahí pudo ella reconocer su situación y convertirse. Para Álvaro: Dos y dos son cuatro... pero también son veintidós: la realidad es una, pero tiene muchas perspectivas. En el Islam hay también semillas del verbo. Nadie posee él sólo la verdad y menos toda. Esto no es relativismo, sino conciencia de que sólo Dios tiene en sí todo el conocimiento. El camino de Dios ha sido el del diálogo, así ha sido siempre en Cristo. Sin negarla verdad, al contrario: el diálogo la refuerza. El enfrentamiento que no reconoce al otro es contrario al amor en el que creemos, al camino de Jesús y a la propia predicación de la fe. No se trata de componendas, sino de fidelidad a Jesucristo. Para Fidel: el relativismo y el sincretismo ya estaban antes del gesto de Juan Pablo II. él lo sabía bien. Pero su gesto abrió a muchos al reconocimiento de nuestra fe, y esto no lo tienes en cuenta. Los países islámicos no son sólo los de la península arábica. Yo he vivido, por ejemplo, en Senegal, con un 90 de musulmanes y el respeto y mutua estima, sin renunciar cada uno a su fe, es muy grande. No hay sincretismo, pero sí diálogo y respeto.
fer 07/01/2010
Menos dogma y más amor. No estoy nada de acuerdo con este artículo desde Cristo he de decirte que si todos pensáramos así esto andaría muy mal, según tú (perdona que te tutee pero somos todos hermanos aun tú siendo sacerdote con sotana) volveríamos a un estado teocéntrico medieval? Yo creo que debemos dejarnos de tantos dogmas e ir más al grano de lo que nos dice el mismo Jesús: ´´amaos los unos a los otros como yo os he amado´´ de poco sirve rezar y crear dogmas si luego vemos a nuestro hermano (sea musulmán, judío, protestante, o lo que quiera ser) faltos de alimento, de bebida, de vestido, en la carcel y no le damos de comer, de beber, le damos ropa y le visitamos
JOSÉ MARÍA 06/01/2010
¿Diálogo o predicación?. Jesucristo, el Hijo de Dios hecho Hombre, a sus Apóstoles: ´´Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura.El que creyere y fuera bautizado, se salvará, más el que no creyere se condenará´´. En vez de predicar, los sucesores de los Apóstoles, los obispos (no todos) fomentan el diálogo pero, ¿y la predicación?
fidel 06/01/2010
Simplificar. Para rechazar los minaretes en Suiza - y en todas partes - no hay necesidad de más argumentos que el modo como tratan los musulmanes en general - parece que el difunto SADAM HUSSEIN era una excepción a la regla - a los cristianos allá donde hay gobiernos islámicos. Y la psicología musulmana que ve en la permisión de levantar en Europa los edificios que les dé la gana como una muestra no de bondad sino de debilidad. Y puede que no les falte razón. Y desde luego que el espectáculo de Asís o el beso papal al corán han contribuido muchísimo a la creación del clima de relativismo religioso en que nos movemos
Álvaro 06/01/2010
El diálogo sí conduce al sincretismo. Estimado comentarista ´´Daniel H´´: el diálogo con el error siempre conduce al sincretismo. Si yo digo que dos más dos son cuatro, y usted afirma que son cinco, el diálogo es una pérdida de tiempo, ya que por mucho que dialoguemos yo tendré razón... y usted no. A no ser que pretendamos llegar a un acuerdo consensuado y determinemos que dos más dos son cuatro y medio.
Marta 06/01/2010
Diálogo sí, sincretismo no.. Estoy de acuerdo con Daniel H. Quizá hacer de un Belén una reivindicación poítica no sea lo mejor. Pero creo que un católico debe defender la libertad religiosa y, una vez pisemos tierras en las que las conciencias sean libres, proponer incesantemente la Verdad que nos trajo Jesucristo.
Creo que un encuentro de oración entre varias religiones sí puede ser un buen gesto en el diálogo interreligioso. Por supuesto, sin llegar al sincretismo, yo puedo rezar por mis amigos musulmanes y a mi lado, mis amigos musulmanes pueden rezar por mi (cada uno según nuestras creencias). Eso no es óbice para que yo rece porque ellos encuentren la Verdad de Cristo, ni para que deje de proponérsela, pero siempre con amabilidad y respeto.
Creo que en esta Europa laicista beligerante, más que nunca, debemos defender la libertad religiosa (aunque en este caso concreto no nos afecte a nosotros), porque nos puede pasar como en el viejo poema de Niemller: Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata,
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío,
Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.
Juan 06/01/2010
¡Bravo!. Me parece un artículo brillante, valiente y acertado.
Brillante porque se fundamenta en la verdad. No en un diálogo fundamentado en la mentira.
Valiente porque la mentira está sociológicamente impuesta como bien nos demuestra el artículo
Acertado porque muestra el remedio para los males del Hombre Moderno. Jesucristo único Rey y Señor
Juan Stuse 06/01/2010
Esto es lo que se nos viene encima.
La actitud de los obispos suizos es exponente de una deformación de la caridad muy extendida y falsamente profética. No creen en realidad en Jesucristo sino en una entelequia de entendimiento horizontal sin verdades objetivas y sin respeto a la voluntad de Dios. Son, en realidad, una muestra de la apostasía que comienza a tomar forma en el interior de la Iglesia sin ser atajada.
JOSÉ MARÍA 06/01/2010
Triste precedente. No hace mucho envié a otro blog de ReL un comentario, encabezado por el mismo título, expresando la misma opinión que ahora voy a exponer. Entonces, el titular de dicho blog, de quien aprendo constantemente al leer sus extraordinarios artículos, me corrigió en parte. Reconozco que entonces dudé sobre lo expuesto en mi comentario. Seguí indagando. Con dolor tengo que, sin embargo, reafirmarme en lo que entonces puse de manifiesto. Un triste, doloroso y grave precedente de lo que Vd. acertadamente denuncia tuvo lugar el 27 de octubre de 1986: Juan Pablo II invitó personalmente a los representantes de las religiones más difundidas del mundo a un ´´encuentro ecuménico de oración´´ en Asís. Esto se tradujo en un indiferentismo religioso: una religión valía tanto como otra. A partir de ahí...
Daniel H 05/01/2010
Diálogo no tiene por qué ser sincretismo. El diálogo entre las religiones, el fomentar gestos comunes en aquello en que hay encuentro es un camino para la convivencia respetuosa y la promoción de valores comunes, frente al subrayado de lo que genera violencia. En muchos aspectos así hace Roma. El diálogo es una de las características de Jesús. Y no debe significar en ningún caso renunciar a las propias creencias. El sincretismo es una deformación del diálogo. Los juicios emitidos en el artículo me parecen muy lejos de lo que nos dice el concilio al respecto y de los gestos de Juan Pablo II
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Angel David Martín Rubio
Ángel David Martín Rubio es sacerdote, Licenciado en Geografía e Historia y en Historia de la Iglesia y desarrolla su actividad pastoral en la diócesis de Coria-Cáceres. Ha impartido clases en la Universidad San Pablo CEU de Madrid y ahora lo hace en el Instituto Teológico Virgen de Guadalupe y en el Seminario Diocesano de Cáceres. Entre sus publicaciones y artículos, destacan los referidos a la represión en la Guerra Civil española, la persecución religiosa y las relaciones Iglesia-Estado. Y todo nos lo ofrece, asegura, «Desde mi campanario».