Novedades. Una detrás de otra. Una sobre otra. Pilas de libros. Apenas quedan huecos, espacios. Me preguntan por el tiempo y Dios. “¿Cómo puede haber tiempo para Dios en tu vida?”. Esa es la novedad mayor. Sorprende, pero hay tiempo. No es que quede tiempo, como si fueran los últimos restos: hay tiempo. Es como si me preguntaran si tengo tiempo para el amor o para respirar o para leer. Otra opción es decirle directamente a la cara: “mira Dios, lo siento, pero no cabes en mi horario”. Y esperar. Porque Dios habla y está en todo lo que nos preocupa. Sin dejarse nada. Escuchar a Dios: esa es la más radical de las novedades. Y, en definitiva, de eso se trata en literatura. Si es que vamos a la entraña de todo esto. Yo lo hago de cuando en cuando a lo largo del día. Otra cosa es que me dedique a hacer el imbécil con mi vida y no quiera subir unas escaleras para verle, o prefiera imaginar sainetes. Escucho el rumor de sus pasos y sé que es verdad su presencia. Veo como extiende sus manos sobre mi escritorio… ¡Qué luz tan repentina! Uno lo sabe: es Él. Y su voz inspira un idioma de paz inconfundible. “Un momento, deja de acumular palabras para ti, mírame”. Y dejas de escribir un rato. O de sacar brillo a las ventanas. Otras veces no, y sigues, y dejas a Dios para luego, o para nunca. ¡Es tan importante lo que haces! Luego, luego. Es que se me irá la trabazón de la idea, bajo un segundo a la farmacia y a comprar dos cocacolas y una lechuga, voy, voy, en cuanto planche esta camisa o chatee un rato con la inopia. Nunca es buen momento. Apenas queda hueco para nada. ¡Son tantos los libros y tanta la prisa! Mejor una novela. Es más atractivo. Apetece. Aunque a los diez minutos estés mirando con parsimonia las paredes, elucubrando engaños y otros enseres. Y al final se pasen las horas en el estraperlo de la desgana. ¿Tiempo? Dios tendrá que esperar de nuevo. ¿Cómo voy a decir que no a una cerveza? Prometido, prometido, esta noche rezo. Y llega la noche, y con la noche el sueño. O quizá ni eso: y te dedicas a escribir artículos como este.
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La Actitud es también oración..
Un día descubrí que el tiempo transcurría, amanecía, luego el atardecer, para terminar con la noche, y la oración seguía aplazada, las prisas, siempre las prisas, hasta que me dí cuenta que para orar no necesitaba precisamente estar pronunciando palabras, que comunmente eran interrumpidas por distracciones y otros sucesos, que también podía orar con acciones, actitudes, frases cortas, etc. y comencé a ofrecerle a Dios todo aquello que hacía, lo que trabajaba, lo que disfrutaba, agradeciéndole todo, valorando lo más que podía, todo aquello de que disfrutaba, viendo más y mirando menos. Eso me ha ayudado un poco más a sentirme un poco mejor y aunque sé que aún me falta oración, seguiré esforzándome por mejorar cada día más.
Técnicas de empresa.
Hace una semanas estuve en un seminario para optimizar el tiempo en el trabajo. El principal objetivo consistía en detectar en qué cosas sin importancia perdemos diariamente el tiempo. Como tarea estuvimos durante varios días anotando todo lo que hacemos y el tiempo que empleamos en ello, incluyendo el tiempo para el bocata, el cigarrito, responder a los mails, leer la prensa o preguntarle al compañero por su hijo enfermo. Nadie nos ha dicho que debamos suprimir estas ´´tareas´´, pero nos han hecho reflexionar en la proporción de tiempo que dedicamos a cada cosa y en si no sería conveniente dedicar más tiempo a lo más importante, o a aquello por lo que nos pagan. En la vida debería ser igual, deberíamos preguntarnos para quién trabajamos, porque yo,con demasiada frecuencia, me encuentro trabajando para el tirano de mi cuerpo.
Enamorarse de Dios.
Volver a los diecisiete después de vivir un siglo es como descifrar signos sin ser sabio competente volver a ser de repente tan frágil como un segundo volver a sentir profundo como un niño frente a Dios, eso es lo que siento yo en este instante fecundo
Se va enredando enredando, como en el muro la hiedra y va brotando, brotando como el musguito en la piedra como el musguito en la piedra, ay si, si, si
Mi paso retrocedido, cuando el de ustedes avanza el arco de las alianzas ha penetrado en mi nido con todo su colorido se ha paseado por mis venas y hasta la dura cadena con que nos ata el destino es como un día bendecido que alumbra mi alma serena
Se va enredando, enredando...
Lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber, ni el más claro proceder ni el más ancho pensamiento todo lo cambia el momento colmado condescendiente, nos aleja dulcemente de rencores y violencias sólo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes
Se va enredando, enredando,...
El amor es torbellino de pureza original hasta el feroz animal susurra su dulce trino, retiene a los peregrinos, libera a los prisioneros, el amor con sus esmeros, al viejo lo vuelve niño y al malo solo el canino lo vuelve puro y sincero
Eres uno con Dios.
Eres uno con Dios, porque le amas. ¡Tu pequeñez qué importa y tu miseria, eres uno con Dios, porque le amas! Le buscaste en los libros, le buscaste en los templos, le buscaste en los astros, y un día el corazón te dijo, trémulo: aquí está, y desde entonces ya sois uno, ya sois uno los dos, porque le amas. No podrían separaros ni el placer de la vida ni el dolor de la muerte. En el placer has de mirar su rostro, en el dolor has de mirar su rostro, en vida y muerte has de mirar su rostro. ¡Dios! dirás en los besos, dirás Dios en los cantos, dirás ¡Dios! en los ayes. Y comprendiendo al fin que es ilusorio todo pecado (como toda vida), y que nada de Él puede separarte, uno con Dios te sentirás por siempre: uno solo con Dios, porque le amas.
El escritor y poeta Guillermo Urbizu llega a ReL con una apuesta contundente «O santo, o nada», título de su blog. Laico comprometido, Urbizu estudió Letras en la Universidad de Zaragoza y es miembro supernumerario de la prelatura del Opus Dei. Trabaja en el Colegio Mayor Universitario Miraflores de Zaragoza. Entre sus obras literarias destacan «Almateria», «Ser algo más» y «Entre dos infinitos», así como «Vía crucis para niños (y no tan niños)». Guillermo Urbizu, es autor, editor y responsable del Blog O santo o nada, alojado en el espacio web de www.religionenlibertad.com