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Actualizado 7 diciembre 2009
Ángeles

Etimológicamente la palabra ángel significa nuncio, enviado, embajador; el término ángel, no  es pues nombre personal, sino expresión de un oficio.

 

El tema de los ángeles, es un tema que siempre ha apasionado a los mortales. Pocos de ellos, son los que niegan la existencia de los ángeles. Así como la existencia del demonio, son muchos, los que la ponen en tela de juicio, la de los ángeles son pocos los que la niegan, es más, hay personas que llegan a la incongruencia de aceptar la existencia de los ángeles pero no la de Cristo. Esto de aceptar la existencia de los ángeles y negar la de los demonios, quizás sea, porque de los ángeles nunca se espera recibir males sino bienes, y del demonio todos sabemos incluso los que dicen negar su existencia, que de este solo se pueden esperar males. Aunque hay que reconocer que hay desequilibrados, que lo son hasta tal punto, que invocan al demonio e incluso lo adoran. Ejemplo de esto, se puede ver en las afirmaciones de estudiosos de la masonería, que mantienen la tesis de que para los masones del último grado, el “gran artífice” del universo es Satanás. No soy especialista en el tema, pero dados los deseos de los masones, de cargarse a la Iglesia y a todo lo que huela a Dios, tal parece ser que es cierta esta afirmación. Pero este no es el tema de esta glosa. Vayamos a nuestro tema.

 

Hay quien tiene una devoción inadecuada a los ángeles, es como una manifestación de una religiosidad de carácter “light” que tiene como referente principal la devoción a los ángeles, con exclusión o atenuación que se le debe al que creo a los ángeles a Dios, lo cual ha dado origen a un crecimiento desmesurado de esta devoción sobre los ángeles, sin ninguna referencia a Cristo ni al compromiso cristiano. Estas expresiones, -manifiesta el cardenal Danielou- signos indudables de búsqueda de la espiritualidad, han derivado en la mayoría de los casos, en prácticas que rozan con la superstición y lo ridículo, como es averiguar el nombre de ángel de cada uno, el color de su ropaje, o la posibilidad por teléfono, de poder hablar con el propio ángel de la guarda… el ángel es convertido en una especie de amuleto, para poder sentirse bien o satisfacer la fantasía personal, que no hace ninguna referencia a la fe del Evangelio ni a sus exigencias.

 

Es muy poco los que el Señor nos ha revelado en las Sagradas escrituras, acerca de los ángeles, y estos escasos datos unidos a la tradición es lo único con que ciertamente podemos contar para saber algo acerca de ellos, todo lo demás son hipótesis con mayor o menor fundamento. Sobre la base de estos escasos datos publiqué un libro titulado CONVERSACIONES CON MI ÁNGEL (Isbn 978-84-612-5540-5) y en la primera parte de este libro me referí a la naturaleza, funciones y cometidos de los ángeles.

 

El periodista católico Georges Huber, escribe: “Si ya es dificultoso escribir la vida de los santos, cuyo pensamiento y cuyo actuar se elevan por encima del nivel corriente, ¿cómo hablar dignamente de estos seres incorporales que nos desbordan en inteligencia, fuerza y amor?”. Y como esto es así, no resulta fácil escribir sobre los ángeles. La revelación no nos asegura que existan otros seres como nosotros en la infinidad del universo, cosa en que últimamente los hombres ponen mucho empeño en averiguar, pero si se nos manifiesta en cambio, en las Sagradas Escrituras, la revelación de que existe un universo invisible, más maravilloso todavía que el visible. Porque Dios es el creador de todo lo visible y lo invisible. Y ha creado además de los hombres, una multitud de criaturas espirituales y personales, que llamamos ángeles y a cada uno de nosotros nos ha puesto a nuestro lado un ángel para ocuparse de nuestra guarda y custodia. Sobre este ángel que todos tenemos hablaremos en otra glosa.

 

Los ángeles fueron creados a partir de la nada, pues previo a ellos no existía nada. Al igual que nosotros no son pues criaturas eternas, sino inmortales, han tenido un principio y para bien o para mal, léase ángeles caídos, no perecerán jamás por lo que al igual que nosotros son inmortales. Pero no son eternos, pues solo Dios es eterno, ya que solo Él no ha tenido nunca un principio, ni tendrá un fin. Los ángeles al igual que nosotros hemos sido creados por Dios, y hemos tenido un principio. La creación de los ángeles se hizo por Dios a partir de la nada. Dios los creó a ellos en primer lugar y entre ellos hubo la primera división. Algunos optaron por su propia gloria, su propio esplendor y no la gloria de Dios…. La lucha existió en el cielo, a partir del pecado de los ángeles y Dios a pesar de esta lucha prosiguió su obra de Creador. Aquí tocamos la magnanimidad de Dios que no se frenó en su deseo de crearnos a los hombres.

Santa Benedicta Teresa de la Cruz (Edith Stein), escribe diciendo: “El alma no solo está ligada a sus semejantes, sino también a los espíritus puros creados, malos y buenos, San Juan de la Cruz afirma, siguiendo al Areopagita que al hombre se le comunican las ilustraciones divinas por medio de los ángeles”. Los ángeles pues forman parte de nuestra vida ahora ya, y la formarán eternamente en el cielo. Ahora no solo forman parte de nuestra vida los ángeles buenos sino también los caídos o demonios. Cuando dejemos esta vida, si nos salvamos dejarán los demonios de formar parte de nuestra vida. No así será para aquellos que sean reprobados, en los cuales los que dejarán de ser parte de su vida serán los ángeles buenos.

 

A diferencia de nosotros, en cuanto a relaciones personales se refiere, los ángeles carecen de familiares. Nosotros los hombres, hemos sido y somos procreados, es decir, otro nos ha dado el ser, y por eso estamos relacionados unos con otros. No ocurre así con los ángeles. Cada uno de ellos ha sido creado total y enteramente por Dios; no tienen otro ángel al que puedan llamar padre o madre. Nuestras almas son creadas por Dios, pero en lo que se refiere al cuerpo todos somos descendientes de de un padre y de una madre.

 

Los ángeles, al igual que nos ocurre a nosotros en esta vida, en la que las funciones de las personas en su trabajo o actividad se encuentran jerarquizadas, también los ángeles están jerarquizados. La jerarquía de los ángeles es una jerarquía de amor, lo cual resulta de todo orden lógico si tenemos presente que tal como reiteradamente nos manifiesta San Juan. “Dios es amor y solamente amor”, ya que ellos están plenamente integrados en el amor de Dios y para Dios. No ocurre así con los llamados, ángeles caídos o demonios entre los cuales también existen jerarquías, pero esta es una jerarquía de odio y  de esclavitud. Los ángeles cuando actúan, a diferencia de los hombres, comprometen su ser entero en cualquier decisión que tomen: no es posible, por ejemplo, que cometan un pecado venial, aman a Dios con todo su ser, cosa que nosotros somos incapaces, siempre navegamos a dos aguas. Tampoco se arrepienten los ángeles de lo que hacen, este es el caso de su ofensa a Dios por parte delo s ángeles caídos.

 

 Nos narra el libro de los Hechos de los apóstoles, que habiendo llegado San Pablo a Atenas, habló en el Areópago y al tocar el tema de la resurrección de Jesucristo, los atenienses se burlaron de él pero varias personas, una de ellas, un griego llamado Dionisio de Areopagita y una mujer llamada Damaris, creyeron en él (Hech 17,34).

 

Pues bien fue Dionisio de Areopagita, al que San Buenaventura llamaba “príncipe de los místicos”, fue el primero que se ocupó de este tema, de la jerarquía interna de los ángeles. Este santo griego, escribió diversas obras sacadas a la luz en el s. VI por Máximo el Confesor. Entre las obras figura una con el título: “La Jerarquía celeste”, único tratado que tiene el cristianismo, sobre los ángeles. Según Dionisio de Areopagita, las jerarquías celestes son tres. Y cada una de ellas comprende tres coros. En la primera y más alta jerarquía están integrados los Serafines, los Querubines y los Tronos. En la segunda, están las Dominaciones, las Virtudes, y las Potestades; y en la tercera, los Principados, Arcángeles, y Ángeles. El grado más alto de la jerarquía es el más cercano a Dios, y de modo jerárquico, tiene influencia sobre la segunda, y esta sobre la tercera a través de un proceso de mediaciones y de iluminación. No obstante lo anterior, el término “ángel” o “ángeles”, se emplea genéricamente tanto para señalar al ángel o ángeles de que se trate, sino también para referirse a cualquiera de los miembros de las categorías superiores,

 

Como funciones de los ángeles, con respecto a nosotros diremos escuetamente que, los ángeles son los embajadores de Dios ante los hombres y los embajadores de los hombres ante Dios. El ángel es el medio transmisor que tenemos para nuestras relaciones y contactos con Dios. No solo se ocupa de protegernos, mediante las divinas gracias, que él recibe con la finalidad de trasmitírnoslas, sino que también, se ocupa de llevar ante Dios y presentarle nuestras oraciones, sacrificios, deseos y actos de amor nuestro hacia Él.  Todo ángel, además de estar siempre en la visión de Dios, goza de su presencia y al ser una criatura santificada, esta intercomunicado con el resto de los ángeles, lo cual es muy interesante para los hombres, pues a través de nuestros ángel podemos alcanzar favores insospechados, ya que las ayudas que recibimos de nuestro ángel de la guarda, no solo se limitan al plano espiritual, sino que también nos ayudan en el plano material en forma insospechada. De esto trataremos en otra glosa.

 

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

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Millán de Santacruz
07/12/2009
Pseudoepigrafía.
Lo mismo que se dice, por su procedencia, Evagrio Póntico o Evagrio del Ponto, así S. Dionisio Areopagita o del Areópago. Al que no hay que confundir, como hicieron por error los medievales debido a la pseudoepigrafía, con un autor muy posterior (aprox. ss. V-VI) al que se conoce como el Pseudo-Dionisio Areopagita. Éste es el autor de ´´La jerarquía celeste´´.
Vicente Onrubia
07/12/2009
Me gustaria leer la glosa sobre el ángel de la guarda..
Muy interesante
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Juan del Carmelo
Juan del Carmelo no es quien dice ser. O mejor dicho, es quien es, pero prefiere presentarse en su alter ego Juan del Carmelo que no es más que un seglar que, a finales de los años 80, experimentó la llamada de Dios y se vinculó al Carmelo Teresiano. Ha publicado libros de espiritualidad como «Mosaico espiritual», «Santidad en el Pontificado», o «En las manos de Dios» Como lo cortés no quita lo valiente es, además, un empresario de éxito. Y nos acompaña, con sencillez y hondura, desde «El blog de Juan del Carmelo».

Juan del Carmelo, es autor, editor y responsable del Blog El Blog de Juan del Carmelo, alojado en el espacio web de www.religionenlibertad.com
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