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Majestad, no firme

Un día no lejano, el 23-F del 81, salvó nuestra democracia recién nacida. Ahora le pedimos algo más humano, más grande, más sublime que la democracia: ¡salve nuestra dignidad!


Actualizado 20 noviembre 2009  
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Dentro de unos días, el  28, comenzará en el Congreso de los Diputados el debate parlamentario sobre el proyecto de ley del aborto elaborado por el Gobierno, un debate que se prevé largo y enconado por la materia que se va a discutir y porque el PP -esperemos- se va a emplear a fondo. El principal partido de la oposición va a presentar una serie de medidas destinadas al amparo y tutela de las mujeres embarazadas que sientan la tentación de abortar. La reacción del PSOE será un interesante test para conocer el alcance de sus intenciones. De cualquier manera, todo apunta a que, salvo sorpresas, la ley saldrá adelante, aunque represente un paso atrás en la historia del parlamentarismo español. En mi opinión, legislar a rebufo de otros países es caer en una especie de gregarismo y de falta de audacia. Pero creer que eso se resuelve con la ley del aborto más radical de Europa es otra forma de depender de los demás y mostrar que uno es incapaz de ser creativo en lo que verdad merece la pena. Lo más que logrará esta nueva ley es que sigan viniendo aquí –en vergonzoso peregrinaje- mujeres en avanzado estado de gestación en cuyos países la ley es menos laxa.
 
El texto del decreto será sometido a la firma del Rey. Don Juan Carlos tomará su pluma estilográfica y estampará su firma y su rúbrica (una caligrafía de pendolista que emplea desde niño). Tal vez sienta, pensando en los millones de españoles que defienden la vida desde la concepción hasta la muerte natural, un cierto desasosiego o la voz de la conciencia. Sabe de sobra que es una ley injusta, acientífica, innecesaria y sin respaldo popular.. Pero acto seguido pensará que es el peaje que ha de pagar por ceñir la corona,  poniéndose al lado del poder.  Después de todo, ya hizo lo mismo con la ley hoy vigente, promulgada por el Gobierno de Felipe González. El argumento de que Aznar no la derogó sirve para ponérselo en el debe al líder conservador y para entonar un «mea culpa» sincero por no habérselo exigido.
 
Supongo que cualquier invocación al Derecho Natural y a los argumentos de la Declaración de Madrid, en la que mil intelectuales aportaban razones científicas, no ideológicas en defensa de la vida, no le producirá al Rey ningún impacto especial porque tiene a su lado una mujer consciente de que la vida y la muerte no deben estar en nuestras manos.
 
Comprendo que el hecho de que Don Juan Carlos no sancionara la ley sería un «escándalo», pero uno de esos «escándalos» de los que anda necesitada nuestra sociedad y nuestro tiempo. Cuando se plantea esta hipótesis, la clase política proabortista echa los pies por alto. Aduce  que la Constitución está para cumplirla y el primero que debe hacerlo es el jefe del Estado. Pero,  ¿es posible que a un Rey y al último de los ciudadanos se le obligue a actuar en contra de su conciencia, que es  la última instancia de los actos humanos? ¿Tendrá alguna otra vez una ocasión como ésta de ser fiel a aquel compromiso expresado con énfasis al comienzo de su reinado de ser «el Rey de todos los españoles», incluidos los aún no nacidos?
 
Balduino de Bélgica, con la ayuda de sus asesores, encontró la fórmula. Y pasará a la historia no por la descolonización del Congo belga o por haber ostentado la jefatura del Estado con habilidad, prudencia y entrega, sino por su gesto coherente de no firmar una ley que era un atentado a sus principios.
Recientemente se ha especulado sobre las filigranas jurídicas que, dentro de la legalidad, permitirían atender las demandas de los corsarios del Indico. ¿Acaso no es éste también un problema de vida o muerte, pero multiplicado por millones? ¿Valen menos las vidas de los fetos?
 
Mucho se ha escrito –en libros y reportajes- sobre las luces y sombras del reinado de Don Juan Carlos. Uno de sus aciertos más indiscutibles es su papel de embajador extraordinario (extraordinario en el doble sentido de la palabra) en sus viajes por el mundo. Y otro mérito: su capacidad de seducción, sobre todo con la Prensa. Es maestro en el trato con los periodistas. De sus errores se ha señalado con frecuencia la opacidad de las finanzas en la Casa Real y el trato con «amistades peligrosas» referidas al mundo de los negocios. Añadiría una más: su inclinación por «borbonear», algo que lo lleva en los genes, aunque a gran distancia de su abuelo. Sea como fuere, ninguna actuación del Rey sería tan equivocada como la firma de una ley que es una réplica,,mutatis mutandi, del holocausto judío.
 
Si no oyó el clamor de los manifestantes por las calles de Madrid el pasado 17 de octubre, escuche el de una población mucho más numerosa que le pide piedad para los niños que quieren nacer. Y recuerde que «el mal legalizado sigue siendo mal».
 
Un día no lejano, el 23-F del 81, salvó nuestra democracia recién nacida. De alguna manera hizo un quiebro a la Constitución porque la ley fundamental no contempla supuestos lorquianos (un guardia civil que irrumpe, pistola en mano, en el Parlamento). Ahora le pedimos algo más humano, más grande, más sublime que la democracia: ¡salve nuestra dignidad!
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Tiriles
22/11/2009
Borbonear.



He leido muchas veces eso de ´´borbonear´´; ¿puede, Sr. Iriarte, definirme el significado exacto de ese verbo?
Nuño de Santa María
21/11/2009
errata.
perdón, en comentario anterior mio lapsus calami, errata que debe corregirse, quise decir articulo 15 de la Constitución, no 17 como figura
Nuño De Santa María
21/11/2009
SANTA GADEA.
Interesa destacar sobre este asunto lo siguiente (y 2):

4.- Alguien puede pensar que aqui nunca pasa nada y en esto igual. Ante eso cabe decir que nunca pasa nada... hasta que pasa. Y el Rey debe tener claro que nada impedirá que, al menos un español, con educación y con nobleza, y a la vez con extraordinaria fuerza, se alce, si firma, para hacerle responder con juramento ante Dios, ante los españoles y ante la Historia si él no tuvo nada que ver con la consideración como derecho de un tercero la muerte de seres humanos inocentes, franqueando miserablemente los limites mas infranqueables de un estado y una sociedad que quieran seguir siendo considerados civilizados.
Nuño de Santa María
21/11/2009
SANTA GADEA.
Interesa destacar sobre este asunto lo siguiente (1) :
1.- Existe una sentencia del tribunal constitucional que dice lo que dice. Esa doctrina jurídica hace incompatible la ley que se está tramitando con la constitución
2.- El artículo 17 de la constitución dice que todos tienen derecho a la vida. La ciencia demuestra que es un ser humano, aunque sea en estado primitivo de desarrollo, lo que una mujer lleva en el seno materno. Por tanto, entra en el todos que tiene derecho a la vida.
3.- El Rey nos dijo que había que guardar y hacer guardar la Constitución, también él debe hacerlo como primer obligado además, y la propia constitución habilita al Rey como árbitro moderador con poder sancionador de leyes. Existe doctrina jurídica suficiente para argumentar que la firma del Rey no tiene porque ser automática lo que lleva ímplicito un poder de veto real para casos extraordinarios de arbitraje constitucional y que existe responsabilidad por la misma, especialmente en asuntos delicados y extraordinariamente graves que afectan al cimiento del orden jurídico-institucional. Que matar pase a ser considerado derecho rompe y atraviesa cualquier linea roja de límite absolutamente infranqueable. Hace además al Rey incurrir en excomunion late sententiae como católico.
Nova
21/11/2009
Don José Joaquín....
... se lo digo con todo respeto y hasta cariño, si quiere: Espere usted sentado y, cuanto más cómodo, mejor. El actual Jefe del Estado ha firmado y firmará todo lo que le pongan delante, puesto que su obesión y ambición máxima en la vida es que no le pase lo que le pasó a Alfonso XIII. Se trata de mantenerse agarrado a la real poltrona todo el tiempo que pueda y su familia, lo mismo. Y punto.

De hecho, cuando, estando en Roma con motivo de la inauguración del Pontificado de S.S. Benedicto XVI, al actual Jefe del Estado le plantearon unos eclesiásticos que no firmase la ley de ´´matrimonio´´ de homosexuales, apelando al ejemplo del Rey de los belgas Balduino, a quien usted se refería en su artículo, y el sucesor de Franco les contestó: ´´Yo soy el Rey de España, no el de Bélgica´´...

El tema está claro, me temo. Más te valiera convertirte de una puñalera vez, Juan Carlos. Pobre España, qué gran error cometiste, Franco.
Rosa del Turia.
20/11/2009
Traición...canallada....
...el 23-F DE 1981 salvó nuestra democracia... ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Cómooooo!!!!!!!!!! El Capitán General de la III Región Militar D. Jaime Miláns del Bosch y Ussía estuvo toda la noche esperando ´´órdenes superiores´´ que le dijeran qué hacer. ¿Quién puede ser superior a un Capitán General con Mando en Plaza sino el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas? Pero, claro, en la zarzuela (con minúscula) estaban esperando otras ´´órdenes superiores´´ que tenían que venir de París, del jefe de la masonería europea. Fué la mayor traición infringida al Ejército Español.
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