María del Carmen Archanco, dominica misionera de la Sagrada Familia, se sienta hoy entre unos setenta curas con el orgullo de haber sido elegida la primera mujer capellán de prisiones en España.
Se acomoda en el salón de actos de la casa de las franciscanas misioneras de la Madre del Divino Pastor. «Ya va siendo hora –explica María del Carmen–de que en la Iglesia las mujeres dejemos de estar en ese segundo plano, de mano de obra exclusivamente, y tengamos otras responsabilidades. Estoy contenta porque es un primer paso».
Esta monja, de cuidadísimo aspecto y labios repasados en un suavísimo rosa pálido, ha recibido la recompensa a cinco años de trabajo voluntario en el penal de Arrecife, en Lanzarote, enseñando a los presos. El trofeo, esa capellanía de la cárcel de Santa Cruz de La Palma, lo recibe «sin plantearme grandes metas. En esto, lo primero que hay que hacer es ganarse a la gente, que confíen en ti, que sepan que estás dispuesta a escucharles y a tenderles una mano. Yo lo hago desde la fe pero lo que prevalece es el elemento humano. Luego, esa fe les acaba proporcionando esperanza»..
En el pasillo, José Sesma, responsable del Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española, ordena los grupos de discusión. Este sacerdote, que desde 1971 ha trabajado tras los muros de varias penitenciarías españolas, está marcado por su experiencia durante siete años en la cárcel de mujeres de Barcelona. «He sido testigo de historias impresionantes, he visto cómo las mujeres ´´se comen los marrones´´, en el argot carcelario, de sus hombres, auto inculpadas por dejar libres a sus compañeros, o que eran condenadas como cómplices cuando lo único que habían hecho era amar a sus parejas o pagar condenas muy serias, como la de una madre a dieciséis años, por salvar la memoria de la hija difunta... Yo creo –hace un inciso– que si salvas a la madre salvas a los hijos y así se crea una cadena que evita la prisión a generaciones futuras. En esa esperanza reside la labor del capellán y por ello es muy gratificante. Yo –dice con rotundidad– vengo a la cárcel porque creo en la libertad y todo lo que hago es en ese orden».
Sesma, sacerdote mercedario, conoce bien al violador del Ensanche, el condenado López Maíllo que purgó su pena de 592 años por cien violaciones atribuidas con diez años de cárcel y mucho fútbol. El violador vive hoy en la casa que esta orden le ofreció. «Por ahora –asegura– va bien. Pero el día en que se tuerza... Este muchacho mostró arrepentimiento hasta el punto de que no quiso lucrarse con sus crímenes rechazando las ofertas televisivas que le hicieron dentro de la cárcel y le puedo asegurar que eran muy jugosas. No quiso. Él sabe que hizo mal y es consciente del daño».
Las víctimas
El cura apoya la espalda en la pared de la angostura. Desde las habitaciones contiguas llega el murmullo del trabajo de los capellanes en grupo. Sólo se escuchan voces de fondo tras las últimas palabras de José Sesma. Entonces irrumpe como un golpe seco el recuerdo de las mujeres que atacó López Maíllo, de tantas víctimas humilladas, heridas por una ferocidad atroz, condenadas a no olvidar jamás, sin ninguna redención... Y le preguntamos: «La Conferencia Episcopal tiene una Pastoral Penitenciaria para atender a los reclusos pero ¿cómo es posible que no se hayan acordado de las víctimas?». El sacerdote asiente: «Tiene usted toda la razón. En el caso del violador del Ensanche fueron atendidos los abogados, que cobraron; los jueces, también; los agentes que lo detuvieron, lo mismo; el mismo violador fue asistido en el centro penitenciario y ahora mismo lo está siendo por el Estado... pero las víctimas no han sido compensadas, a ellas no las ha atendido la sociedad y nosotros que estamos en esa sociedad tampoco. Por eso –anuncia– estamos trabajando para poner a este asunto pendiente un remedio satisfactorio desde esta misma Pastoral Penitenciaria».
«Los internos confían en ti–explica Sesma– hasta el punto de que en una ocasión el abogado de una presa, que era funcionaria de prisiones, me pidió a las puertas de la sala que la iba a juzgar que la insistiera en que dijera al juez que había actuado por amor, que estaba enamorada de aquel preso y que eso fue todo. Ellos saben que el capellán sólo está ahí por motivos superiores, que él no pierde ni gana. También se ha dado el caso de alguien que me ha querido manipular y porque no me he dejado me han retirado la palabra; pero yo seguía como si nada y al final acabó cansándose».
Y cuando salían de permiso penitenciario o acababan sus condenas, como López Maíllo, este cura mercedario se llevaba a los penados a su casa. «Un día –recuerda José Sesma– un chileno que vivía con nosotros y que había sido expulsado y había vuelto a entrar en el país – ´´le estoy hablando del año 1973", hace el inciso– estando solos en la casa, de repente, se me volvió con un cuchillo con el fin de matarme. En ese momento no sé qué me dio Dios y le dije: ¿Por qué me quieres matar?. "Porque tú eres cura y a mí me han entrenado para matar´´. Entonces le contesté: Estoy en tus manos, pero debes saber que hagas lo que hagas ésta es tu casa y yo soy tu amigo. Dejó el cuchillo y salió. Mandé que no se tocara nada de su habitación porque yo debía mantener mi ofrecimiento. Y un buen día apareció, entró sin decir nada en su habitación y se encontró con que estaba tal y cómo él la había dejado. Hoy Santi vive en Noruega con su mujer y es uno de mis mejores amigos. En esto –termina diciendo– uno no puede permitirse el lujo de fallar, aunque sólo sea por estima personal».
Dios está en la cárcel, en cada cárcel con sus hijos los presos. El quiere llevarles, por medio de estos servidores entre rejas, un poco de alivio y esperanza. Nos recuerda la impresionante escena del Papa Juan Pablo II charlando humildemente con el terrorista que atentó contra su vida. No lo pudo sacar de su celda, pero le llevó la libertad a su alma.
Una oración por ellos.
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para el ciudadano.
El sarcasmo está justificadísimo. Para la sequedad de los labios, al igual que los varones dispone la buena mujer de vaselina. Respecto a lo del carguillo, lo digo por su deseo de no quedar como mujer en un segundo plano. ¿Acaso las abadesas están en un segundo plano? ¿Comparadas con quien? Y la gran cantidad de monjas que trabajan en el Vaticano ¿están en un segundo plano? Y así un largo etc.
Algún dia no será noticia.
rojobilbao ´´La susodicha se maquilla (nos ha salido coquetona).....´´
No soy mujer, pero hasta a mí se me ocurre que. en muchas ocasiones el motivo del color en los labios es para evitar la sequedad. ´´,.........que sea feliz con el carguillo y que haga mucho bien.´´ ¿Cuantos hombres estarian dispuestos a cumplir esa misión?.
Creo que sobra el sarcasmo. No tengo ninguna tendencia hacia el feminismo, pero es de justicia reconocer que las mujers en temas de apostolados, religiosos en general, como en tantas y tansa actividades dan la talla sobradamente, por tanto no se porque no deben tener la oportunidad de ejercer la vocación que las guia.
Es cierto que quienes están en prisión necesitan de apoyo, guia, ayudas. Sin embargo siempre me ha preocupado la otra parte las víctimas, como indica el padre D. Jose Sesma ´´... pero las víctimas no han sido compensadas, a ellas no las ha atendido la sociedad y nosotros que estamos en esa sociedad tampoco. ´´ ¿No va siendo hora que los poderes públicos, la Iglesia, los miembros de la sociedad empecemos a ocuparnos de quienes un dia sin esperarlo, sin merecerlo, vieron trucada su vida, por un robo, una violación o el asesinato de alguna persona querida?.
La monja.
La susodicha se maquilla (nos ha salido coquetona) y afirma la clásica sandez de que las mujeres están en un segundo plano en la Iglesia. En fin, que sea feliz con el carguillo y que haga mucho bien.
Juan García Inza quiere «colaborar en la formación doctrinal y espiritual del lector que, desde el humanismo cristiano, quiere contribuir a la aportación de un alma para nuestro mundo». Y así se titula su blog «Un alma para el mundo». Fue ordenado sacerdote en 1965 y ha publicado una quincena de títulos. Es doctor en Derecho canónico y ha ejercido como consiliario del Movimiento de Cursillos de Cristiandad y de la Renovación Carismática. Es asesor espiritual de la Asociación María Reina de la Paz de Medjugorje. Juan García Inza, es autor, editor y responsable del Blog Un alma para el mundo, alojado en el espacio web de www.religionenlibertad.com