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Actualizado 25 julio 2013

Orar por la paz

      La Paz es un bien espiritual…, que solo el Señor nos lo puede dar y como lo necesitamos hemos de orar para conseguirlo. He recibido una sencilla historia, que por su interés, merece la pena comentarla. Cuando nos hablen de paz, de entrada debemos de pensar, que hay dos clases de paz. Una Paz interior de cada uno de nosotros, de carácter espiritual, que directamente solo nos afecta a nosotros e indirectamente puede afectarle a los demás por nuestras posibles intemperancias como consecuencia de no vivir  en paz interior. La segunda, es una Paz de carácter exterior y material, que no afecta solo a una persona, sino a muchas. Es una paz que desaparece por la existencia de un estado de guerra. La historia que recogemos, afecta a las dos clases de paz. He ercido una historia firmada por Fray Eusebio Gomez Navarro, una relacionada con este tema y que transcribo:

      Una mujer soñó que entraba en una tienda recién inaugurada…, en la plaza del mercado y, para su sorpresa, descubrió que Dios se encontraba tras el mostrador.  “¿Qué vendes aquí?" le preguntó. “Todo lo que tu corazón desee” respondió Dios.

       Sin atreverse casi a creer lo que estaba oyendo la mujer se decidió a pedir lo mejor que un ser humano podría desear: “Deseo paz de espíritu, amor, felicidad, sabiduría y ausencia de todo temor”. Y luego, tras un instante de vacilación, añadió: “No sólo para mí, sino para todo el mundo". Dios se sonrió, y dijo: “Creo que no me has comprendido, querida. Aquí no vendemos frutos. Únicamente vendemos las semillas”.

      Dios nos ha dado las semillas de la paz, para que las sembremos, y las hagamos crecer y luego las cosechemos. Cuando no las acogemos y no las trabajamos, brota la guerra. La guerra es una de las grandes desgracias que azotan a la humanidad. “Siempre impacientes cuando de guerra se trata, los hombres se lanzan por sí mismos al encuentro de su desgracia, sin pensar que la guerra, una vez comenzada, no puede ser detenida.

      El Señor nos dejó dicho: “En mi tendréis paz; en el mundo tribulación. Pero confiad yo he vencido al mundo”. (Jn 16,33). No cabe duda de que la tribulación, nos produce desasosiego. Los problemas de la vida, la falta de dinero, los acosos a que nos someten el devenir de la vida, para obtener de nosotros una determinada conducta, los enfrentamientos no deseados con otros…, etc. son muchas las causas por las que podemos perder nuestra paz interior, la vida misma es pura tribulación, ya nos lo dice la Salve a Nuestra Señora, cuando decimos que esto es un valle de lágrimas y la única forma de no perder la paz interior es buscar al Señor y pedirle la paz. Es por ello que Él, también nos dejó dicho: “La paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da os la doy yo No se turbe vuestro corazón ni se acobarde”. (Jn 14,27).

      San Alfonso María de Ligorio, decía: “El corazón del hombre no encontrará nunca la paz verdadera si no se despoja de todo lo que no es Dios, para dejar todo el lugar a disposición del santo amor, a fin de que éste se enseñoree de todo”. Y esto es así, porque el mundo, tal como escribe Merton,  es por naturaleza, lucha conflicto, división, disensión. Por eso para que haya paz en el mundo, los hombres tienen que renunciar a su egoísmo en orden a construir la paz, ya que no podemos estar en paz con los demás sin tener primero paz con nosotros mismos. Pero no tendremos paz con nosotros mismos, si no somos capaces de hacer el sacrificio que exige la paz. Porque el espíritu de la paz invade nuestro corazón solamente cuando nos disponemos a renunciar a nuestro yo mezquino y a encontrar nuestro yo auténtico más allá de nosotros mismos, en los demás, y sobre todo en Cristo… No puede haber paz en corazón del hombre que procura la paz tan solo para sí mismo. Por ello es lo importante que consideremos primeramente nuestra paz interior.

      Para encontrar la paz, la paz en Cristo, tenemos que desear que los demás tengan paz tanto como nosotros, y estar dispuestos a sacrificar algo de nuestra propia paz y felicidad para que los otros puedan tener paz y ser felices. Y si alguien te habla de cualquier asunto, no discutas con él. Pero si habla con rectitud, di: Si. Y si habla equivocadamente, dile: Tú sabrás lo que dices. Pero no discutas con él acerca de las cosas que ha dicho. Así tu ánimo estará en paz. Pero para una persona cuyo corazón está lejos de Dios, que vive en medio de la indiferencia y el mal: el demonio tratará de tranquilizarla, de mantenerla en una falsa quietud, mientras que el Señor, que desea su salvación y su conversión, agitará e inquietará su conciencia para tratar de inducirla al arrepentimiento.

      Por ello frecuentemente, el combate espiritual consiste precisamente en eso: en defender la paz  nuestra paz interior, contra el enemigo que se esfuerza por arrebatárnosla. En efecto una de las estrategias más habituales del demonio para alejar un alma de Dios y retrasar su progreso espiritual, consiste en intentar hacer perderle la paz interior…. El demonio pone en juego todo su esfuerzo para arrancar la paz de nuestro corazón, porque sabe que Dios mora en la paz, y en la paz realiza cosas grandes. Si un hombre tiene al Señor confortablemente asentado en su alma, es que tiene paz interior

      Escribe Lafrance diciendo: “Para conseguir esto (la paz), hay que ponerse de verdad bajo la dirección del Espíritu Santo aceptando abrazar la vida real que el Señor nos propone en las condiciones concretas de nuestra historia. El secreto de tal paz se apoya siempre en dos polos: la fe en el poder del Espíritu y la aceptación humilde y alegre de nuestra condición de criaturas…. En la vida hay que evitar, lamentarse o soñar con algo distinto de lo que nos toca vivir”. Y esto sucede así, porque, siempre que el hombre apetece algo fuera de razón, pierde enseguida el sosiego de su alma. La paz y la alegría son señales de la acción del Dios en ti…. Si gozas de una paz duradera, y de una verdadera alegría, puedes decir que los proyectos que acompañan a tus sentimientos interiores son queridos por Dios, pues el Espíritu Santo obra siempre en la alegría la paz y la dulzura. Si por el contrario, estas triste, desanimado e inquieto puedes suponer que el proyecto formado está inspirado probablemente por la carne o por el espíritu del mal.

      Tomás Hemerken de Kempis, nos da una serie de consejos sobre este tema y así nos dice:

  • “Podríamos gozar de una gran paz si no nos ocupáramos de los dichos y hechos de los demás, por no ser de nuestra incumbencia”.
  • “Muchos no se dan cuenta, ni se percatan de ello, pero buscan secretamente su propio interés en las obras que hacen. Y así cuando las cosas se hacen y suceden a su gusto, se creen ellos estar en buena paz. Pero si las cosas no salen a la medida de sus deseos, enseguida se alteran y entristecen”.
  • “Si no sales, ni oyes noticias, mejor perseverarás en buena paz. Pues si te empeñas en oír noticias y novedades te encontrarás después con el corazón turbado”. Y este es precisamente uno de los males de la llamada era de la información.
  • “Por eso la quietud y sosiego del alma consisten, no en la satisfacción exterior de uno o más deseos, sino más bien en despreciar y cortar de raíz esos mismos deseos del corazón”. Kempis, Tomas de, “La imitación de Cristo”.
  • “Procura que tu paz no dependa de los dichos de los que te rodean; pues hablen bien o mal de ti, no por eso dejarás de ser lo que eres”.

     Por último terminamos con un consejo de Juan Pablo II, que nos dice: “No te dejes seducir por la violencia y las mil razones que aparentan justificarla. Se equivoca el que dice que pasando por ella se logrará la justicia y la paz”.

      Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

      Otras glosas o libros del autor relacionados con este tema.

      La fecha que figura a continuación de cada glosa, es la de su publicación en la revista ReL, en la cual se puede leer la glosa de que se trate.

      Si se desea acceder a más glosas relacionadas con este tema u otros temas espirituales, existe un archivo Excel con una clasificada alfabética de temas, tratados en cada una de las glosas publicadas. Solicitar el archivo a: juandelcarmelo@gmail.com

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Juan del Carmelo
Juan del Carmelo no es quien dice ser. O mejor dicho, es quien es, pero prefiere presentarse en su alter ego Juan del Carmelo que no es más que un seglar que, a finales de los años 80, experimentó la llamada de Dios y se vinculó al Carmelo Teresiano. Ha publicado libros de espiritualidad como «Mosaico espiritual», «Santidad en el Pontificado», o «En las manos de Dios» Como lo cortés no quita lo valiente es, además, un empresario de éxito. Y nos acompaña, con sencillez y hondura, desde «El blog de Juan del Carmelo».

Juan del Carmelo, es autor, editor y responsable del Blog El Blog de Juan del Carmelo, alojado en el espacio web de www.religionenlibertad.com
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