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Actualizado 10 junio 2012
La humildad en la vida cotidiana
 
¡Estate atento al misterio de Cristo! Nació del seno de la Virgen a la vez Siervo y Señor; Siervo para obrar, Señor para mandar a fin de enraizar en el corazón de los hombres un Reino para Dios. Tiene un doble origen pero es un solo ser. No es distinto el que viene del Padre al que viene de la Virgen. Nacido del Padre antes de todos los siglos, es el mismo que tomó carne en el transcurso del tiempo. Por eso es llamado Siervo y Señor: por nuestra causa, Siervo, pero a causa de la unidad de la sustancia divina, Dios de Dios, Principio del Principio, Hijo en todo igual al Padre, su igual. En efecto, el Padre no engendra un Hijo extraño a Él mismo, este Hijo del cual declara: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mt 3,17)...
 
El Siervo conserva en todo los títulos de su dignidad. Dios es grande, y es grande el Siervo; al venir en la carne, no pierde esta «grandeza que no tiene límites» (sl 144,3)...  El cual, «siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de Siervo» (Flp 2,6-7)... Es, pues, igual a Dios como Hijo de Dios; tomó la condición de Siervo al encarnarse; «gustó la muerte» (Hb 2,9), él, cuya «grandeza no tiene límites»...
 
¡Cuán buena es esta condición de Siervo que nos ha hecho libres! ¡Sí, cuán buena es! Le ha valido «el nombre que está por encima de todo nombre»! ¡Cuán buena es esta humildad! Ha obtenido que «al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Jesús es el Señor para gloria de Dios Padre» (Flp 2, 10-11). (San Ambrosio, Sermón sobre el salmo 35, 4-5)
 
Cuán buena es esta humildad. ¿Somos nosotros realmente humildes como lo es el Señor? Dijo es Señor que el que quisiera ser el primero, sirviera a todos los demás. ¿Somos conscientes de ello?
 
En nuestra vida cotidiana quisiéramos ser reconocidos, relevantes de forma personal, poderosos, etc. ¿Nos damos cuenta de todo el peso que nos echamos a la espalda queriendo todas estas cosas? ¿No es mucho mejor ser humilde y no aspirar a nada por nosotros mismos?
 
Sólo desde la humildad podemos reconocer que Jesús es Señor para gloria de Dios Padre. Por eso nos cuesta tanto doblar las rodillas en la consagración y arrodillarnos frente al altar. Somos soberbios y entendemos este lengua de humildad como una humillación personal insoportable?
 
Hasta nos decimos que la bondad y misericordia de Dios todo lo acepta. Lo que no pensamos es que el problema no está en Dios sino en nosotros. Si no somos verdaderamente humildes, somos nosotros quienes sufrimos nuestra propia actitud. Si en algo somos relevantes o tenemos autoridad, que esto sea para mayor gloria del Señor. Nunca para gloria de nosotros mismos.
 
Decía el Padre Pio: “¿Ha observado usted un campo de trigo en sazón? Unas espigas se mantienen erguidas, mientras otras se inclinan hacia la tierra. Pongamos a pruebe a los mas altivos, descubriremos que están vacíos, en tanto los que se inclinan, los humildes, están cargados de granos
 
La humildad pesa y nos hace inclinarnos ante el Señor. Igual que las espigas con más granos, quien se humilla es quien puede dar más de si a los demás. El que se comporta de forma soberbia, solo es capaz de imponer su presencia por la fuerza. Quien es humilde llena la estancia sin hacer evidencia de quién es y qué busca.
 
Ya dijo el Señor: “Así los últimos serán los primeros, y el primero será el último: pues muchos serán llamados, pero pocos serán elegidos” (Mt 20,16) ¿Por qué serán pocos los elegidos? Porque Dios elige a los humildes y son pocos los que han respondido a la llamada del Señor con humildad.
 
Que el Señor nos ayude a encontrar al humildad en nosotros mismos.
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Almudena
12/06/2012
El que sirve es más que el servido..
Y efectivamente el primero es quien sirve a los demás.
Esto no se entiende bien, pero es así.
El que sirve está ´´salvando´´ a alguien de una necesidad que requiere ser servida, ayudada...
La verdadera humildad es dejarse servir, reconocer que necesitamos que nos sirvan, nos ayuden, nos salven...
Esta es la razón por la que Dios se hizo hombre, para servirnos, salvarnos, ayudarnos. Nuestra soberbia está en no reconocer ni aceptar ese Servicio Divino.
Néstor Mora
10/06/2012
Hola Carmen.
Curioso que Jairo y este humilde bloguero, hayamos coincidido en el tema de la humildad:

´´¡Cuántos santos ha habido en la historia con sus sublimados desequilibrios y santas aberraciones! ´´ Sic Jairo del Agua

Yo me quedo con la Tradición Apostólica como garante de buena doctrina y entendimiento certero. Así no es mi interpretación o la de la escuela psicológica, tal o cual, la que expongo expongo y comento.

Es la interpretación que nos lleva a lo fundamental: la santidad.

Que el Señor sople al oído de Jairo y le llene de Su Espíritu:

Mil gracias Carmen :)
carmen
10/06/2012
Carmen.
Te interesará leer qué dice de la humildad Jairo del Agua. Cualquier parecido con la verdadera humildad en su caso es mera coincidencia. Lo malo es que trata la humildad como una falta de autoestima total. Mezclando conceptos.

La humildad es saber que nada podemos por nosotros mismos. br brUn abrazo en Cristo
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Néstor Mora Núñez
Soy católico, casado con tres hijos en el mundo. Nací en 1965 en San José (Costa Rica) de padre costarricense y madre española, por lo que me enorgullezco de ser español de América. Estudié en colegio Santa Catalina de Sena en Costa Rica y San Felipe Neri en Cádiz (España). Mi formación universitaria parte de la ingeniería electrónica, pero ha ido evolucionando hacia el campo de los computadores, conocimiento y nuevas tecnologías de la información.

En el plano de servicio a la Iglesia me ocupo del diseño y mantenimiento de diversas webs de asociaciones católicas y la web de mi parroquia.

Néstor Mora Núñez, es autor, editor y responsable del Blog La divina proporción, alojado en el espacio web de www.religionenlibertad.com
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